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Buscando a Azorín por la Mancha (14)

- 6 julio, 2005 – 12:00Sin comentarios

Ramón Fernández Palmeral

Tomelloso, la viña de la Virgen

Señor Azorín:

   Jamás había visto tanta vid en una bandeja de tierras planchadas como en Tomelloso, yo, aunque soy manchego de nacimiento, crecí en una zona vinícola de uvas moscatel y vidueñas, en la zona montañosa del Mayarín entre los términos de Torrox, Frigiliana y Cómpeta, de las comarcas de la Axarquía malacitana, mi padre no era vinicultor, sino pastor, pero mi tío el aparcero, tenía que darle cada año dos arrobas de vino del que cosechaba, como pago al arriendo. No era gran bebedor, sin embargo tomábamos nuestros vasos en buena conversación y atento oído, mi padre no compraba vino y cuando se le acabada y yo preguntaba por el vino, mi padre me decía: «hijo, sabes una cosa, que en la tiendas también venden vino». Porque, la verdad, es que yo compraba poco o casi nada.

   De Argamasilla sale una línea recta que parece vía germinal entre la calima y las alas de los ángeles, si no hubiera sido hecha por la mano del hombre, en forma de calzada romana asfaltada bajo un cielo verde «vidificante» hacia Manzanares, el pueblo donde se cuenta que aparece la bella y misteriosa Marcela, porque aquí el cielo se torna mar y toma el color de la vid con embrujo diablesco. Dice usted que Manzanares está a cinco leguas de Argamasilla, la distancia real es 38 kilómetros, donde según su relato de la página 155, crónica XV, escribe: «se cuentan mil casos de sortilegios, de encantamientos, de filtros, bebedizos y manjares dañosos que novias abandonadas, despechadas, han hecho tragar a sus amantes». Sin embargo nosotros no vamos a Manzanares, ya lo conocemos, sino a Tomelloso. ¿Usted, seguramente, pasó por Tomelloso en su particular ruta manchega?, pero sin detenerse en La ruta… Es importante ciudad manchega capital del vino, que derrama vino, que muere por el vino como el Lazarillo de Tornes, tiene casi 30.000 habitantes, le llaman «La viña de la Virgen», es en el capítulo V cuando dialogó con don Cándido sobre las dudas de que Cervantes estuviera preso en la cueva de Medrano, y este discreto clérigo contesta: «…pero no se me oculta que estas ideas arrancan de cuando Cánovas del Castillo iba a Tomelloso y allí le llenaban la cabeza de cosas en perjuicio de nosotros. ¿Usted no conoce la enemiga que los de Tomelloso tienen en Argamasilla?». Indudablemente la rivalidad tribal entre los pueblos colindantes siempre ha sido manifiesta en todas las provincias de España, no va a ser esta vecindad una excepción, aunque es cierto que desde que se organizaron los territorios por Autonomías (Constitución de 1978, Titulo VIII, De la organización territorial del Estado) se ha creado un sentimiento de patria y nación. Las cinco provincias de Castilla-La Mancha: Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo, se rigen por la vía del artículo 143, aunque cada Autonomía tiene sus estatutos.

   Usted nombra cuatro veces a Tomelloso en La ruta… Dos veces en el capítulo V, cuando dialogó con don Cándido sobre las dudas de que Cervantes estuviera preso en la cueva de Medrano. La tercera vez que nombra a Tomelloso es en la crónica VI, cuando nos habla de Juana María, y usted mismo, que no se ha atrevido a preguntarle de donde era, especula con las posibilidad de su naturaleza: «¿Es manchega Juana María? ¿Es de Argamasilla? ¿Es del Toboso? ¿Es de Puerto Lápiche? ¿Es de Herencia? La cuarta vez en la crónica XV, «¿Qué me decís de esta exaltada fantasía manchega? El pueblo duerme en reposo denso, nadie hace nada; las tierras son apenas rasgadas por el arado celta: los huertos están abandonados; el Tomelloso, sin agua, sin más riegos que el caudal de los pozos, abastece de verduras a Argamasilla, donde el Guadiana, sosegado a flor de tierra, cruza el pueblo y atraviesa las huertas; los jornaleros de este pueblo ganan dos reales menos que los de los pueblos cercanos?». Ceo entender que el pueblo que gana dos reales menos debe ser Tomelloso por el contesto de la frase, aunque tengo ciertas y ligeras dudas.

   A Tomelloso le rodea hoy en día un cinturón industrial importante, tanto es así que los ecologistas en acción solicitaron al Ayuntamiento una Ordenanza de Medio Ambiente que evite la emisión de sustancias contaminantes a la atmósfera y al agua, procedentes de determinadas industrias de transformación; actividades extractivas de áridos con fuerte impacto paisajístico sin las adecuadas medidas correctoras; existencia de un vertedero municipal ilegal, carente de las más mínimas medidas de seguridad ambiental y con evidentes peligros potenciales para la salud de los ciudadanos; problemas derivados del crecimiento urbanístico y del tráfico de automóviles dentro del casco urbano; deterioro de los parques públicos como consecuencia de la inexistencia de un programa operativo de mantenimiento y conservación.

   De Argamasilla a Tomelloso existen dos carreteras: la circunvalación de N-310, distante unos 8 kilómetros, y otra que pasa por el noroeste de la ciudad. Los viñedos son monocultivo, el viñedo está en ciernes en esta primavera, los marjales (montañas de piedras de los recogimientos), más algunas manchas de olivos y algún lejano y pétreo bombo. Como dice Antonio Aradillas, el diestro de La Mancha, si el resto de La Mancha está asentada sobre una gran cisterna de agua, Tomelloso lo está sobre una gran cisterna de vino, un lago de vino apretado en cubas y tinajas. Según los datos que manejo ahora, de la guía del diestro, pag. 101, la región castellano-manchega es el mayor viñedo del mundo, ocupa 769,800 hectáreas y produce uno 20 millones de hectolitros, y tiene 11 Denominaciones de Origen.

   Estas arterias asfaltadas son dueñas de un próspero e importante tráfico de camiones y vehículos, veo las casas de labranza con parrales, el pino y las grandes tinas, los pozos. Mi mujer llevaba el mapa de carreteras abierto.

—No mires que nos la pegamos —me regaña mi mujer por mirar yo su mapa.

—Me parece que estoy perdido, yo no quiero entrar en Tomelloso, sino coger la circunvalación.

—Pues tendrás que dar la vuelta porque te has equivocao, como siempre —mi mujer ya sabe que últimamente soy un peligro al volante, menos mal que, al menos en este viaje, todavía no me han multado.

—No, que no, que es por aquí…

   Nosotros no entramos en Tomelloso porque ya lo conocíamos, estuvimos en un viaje anterior, en el 2003, y lo vimos detenidamente, y como no quiero pasar de largo por la memoria, le contaré a usted algunas novedades de Tomelloso.

   Si en 1552 tenía 30 vecinos y pertenecía a Socuéllamos, ahora tiene 30.000 y es Ayuntamiento. Uno de sus atractivos más famosos, después del vino, es el Museo monográfico del pintor Antonio López Torres, el tío barbudo del también famoso pintor realista Antonio López, sin García, porque decir Antonio López ya es suficiente, es como en aquellos años del franquismo decir Antonio el bailarín, ya no había que añadir más.

   Es curioso cómo la portada de la edición de José María Martínez Chachero de Cátedra, nº 214, reproduce una ilustración de un cuadro de Antonio López Torres, titulado «Podador manchego», un óleo de 1946. Este pintor retrató muy bien los lugares y las costumbres de la zona, como las bodegas de vino, y las faenas propias de los viticultores, las geométricas línea de parras y los bombos. Otro pintor de Tomelloso es Antonio Carretero. Otro lugar por visitar es el Museo del Carro.

   Pero uno de los personajes que no podemos dejar olvidados de Tomelloso es Francisco Martínez Ramírez conocido por «El Obrero», político y escritor que editó un periódico: El Obrero de Tomelloso. Uno de los expertos y estudiosos de la figura de este ilustre tomellosero singular es Francisco Alía Miranda, historiador y Vicerrector del Campus de Ciudad Real, dicen que fue personaje adelantado a su época y que luchó durante toda su vida por conseguir una sociedad mejor y más próspera y justa, no sólo desde ámbitos políticos sino sociales, a través de la reforma de la mentalidad pasiva de la época. Francisco Alía no dudó en calificar a «El Obrero» de liberal, moderno, emprendedor y luchador. Se le atribuye la construcción del ferrocarril Cinco Casas -Tomelloso, con parada en Argamasilla, en 1914.

   Otros nombres para recordar son el escritor García Pavón y el poeta Felix Grande que aunque nació emeritense se crió en Tomelloso, aunque a los veinte años pasó a Madrid. Siempre se nos ha presentado Tomelloso como un pueblo con poca historia, cuyas raíces no llegaban más allá del año 1531, pues hasta esta fecha no se tiene constancia del definitivo Tomelloso. Sin embargo, aunque todavía quedan muchas sombras que iluminar sobre el pasado, hoy muchos historiadores están de acuerdo en que los orígenes de Tomelloso se remontan a los tiempos prehistóricos (cultura de “Las Motillas”).

   La popular Feria y la Romería se celebran cada año del 24 al 30 de agosto. Comienza la noche del 24 con la proclamación de las Madrinas de la Feria, ofrenda floral a la Virgen de las Viñas, bendición de los primeros mostos y lectura del pregón inaugural en la Plaza de España. A continuación, junto al recinto ferial, millares de vecinos se congregan para contemplar la popular “pólvora” (gran espectáculo de fuegos artificiales).

   Pasado Tomelloso por un amplía travesía, empiezan obras de una autovía que construyen hacia Toledo por Madridejos y Mora por la antigua CM-400. Pasos elevados en construcción, maquinaria pesada y caminos, cortes de carreteras y el señor del STOP en la mano. Pasamos Alameda de Cervera, y a unos siete u ocho kilómetros vemos en el horizonte un cerro, sobre el que vemos los primeros molinos de viento.

—Cariño, mira allí ¿No querías hacerte una foto con los molinos? Pues allí los tienes —le digo a mi mujer mientras baja unos grados el aire acondicionado el coche.

—Son como montañas de sal en Santa Pola.

—Desde luego que sí, no lo había pensado yo.

   Sobre un cerro a nuestra derecha se ven cuatro gigantes que no son molinos, sino mayordomos, molinos románticos, encalados y nuevos como si el tiempo hubiera sido indulgente con ellos. Bajaba un coche, lo que nos confirmaba que podíamos subir al cerro, y así lo hicimos por una carretera asfaltada, estrecha hasta lo que era una era (tenía ganas de encontrarme con estas palabras juntas). Los molinos no funcionan pero tienen música interior, sus aspas parecen trastes de guitarras escrupulosamente calladas, paradas, en silencios, los silencios son parte de la música. Se eleva una antena de radio que como columpio de ondas se comunica por las redes de La Mancha. Al bajar del coche saludamos al molino llamado Rocinante, con letras de azulejos encima de la puerta cerrada, porque cada molino tiene su nombre y tiene alma. Junto al coche encontré una rueda de molino muerta de unos dos metros de diámetro, con orificio de un eje en su centro geométrico, con la forma y el color de un queso curado gigantesco. Al hacer la primera foto el carrete se rebobinó, se cerró la máquina de carretes como por un encantamiento. Esto si que era un contrariedad, la digital tiene el problema de las cargas que duran poco tiempo, al menos la mía. No había molinero, pero a esto que llegó un motorista con una moto cross y su casco, haciendo un ruido tremendo, más que en el episodio de los batanes, y aparcó junto al muro. Allí, imprudentemente sacó el teléfono móvil y empezó a hablar, venía un aire chivato y nos enterábamos innecesariamente de su conversación, como si a nosotros nos importara su vida íntima y privada. Me escandalicé.

—¿Esto no es posible? Venir hasta aquí para oír móviles. Deberían de estar prohibidos. Yo quiero mi espacio vital, mi espacio fantástico, mis sueños realizados.

—Parece que estamos en el autobús —añadió mi mujer.

   Allí se levanta, como una fuente, un vértice geodésico protegido y penado por ley, y el paisaje se desparrama, es tan extenso que uno tiene miedo a que los ojos no te respondan, que sean cobardes de mirar e incapaces de ver a tanta distancia; toda La Mancha se viene a mis ojos, plana, extensa, rica, formidable, verde y ocre. A lo lejos la construcción de la nueva autopista y los camiones de juguete con sus remolques y sus palas. Al norte Alcázar y Campo de Cripta con sus casas blancas y su molinos, cual mozas vestidas de primera comunión.

   Bajamos del cerro de los 4 mayordomos y muy cerca sale la CM.3105 para Campo de Criptana, pero nosotros íbamos a Alcázar de San Juan para buscar un carrete y algunas otras compras.

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