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Tu ciudad es tu casa

- 7 noviembre, 2005 – 11:15Sin comentarios

Alejandro Gil (Consejero de Vivienda y Urbanismo)

   La actividad urbanística condiciona, como ninguna otra, nuestra vida dentro de la ciudad; imprime sobre su paisaje huellas que aun después de varios siglos permanecen casi inalteradas; determina, incluso, la forma en la que deben relacionarse sus vecinos y estos, a su vez, con quienes viven en su exterior; dibuja sobre su abigarrado plano imaginarios barrios y avenidas todavía sin nombre por los que algún día habrán de transitar otras generaciones, otros ciudadanos.

   La ciudad en la que hoy habitamos, no importa su tamaño o ubicación, se conforma a partir de calles, plazas y edificios levantados en otro tiempo según una lógica –o no tan lógica- reconocible a simple vista por el arquitecto o el historiador pero no siempre descifrable para el resto de las personas: ríos, lomas y veredas yacen bajo toda suerte de edificaciones y ni el calculado trazo del urbanista ha podido modificar completamente su original discurrir; antiguos puestos defensivos, monasterios y asentamientos marginales perpetúan ahora su original diseño en el seno de nuevas, prósperas y ya céntricas barriadas.

  
Es en ese contexto cuando el urbanismo, y con él la propia acción edificatoria, adquiere su verdadera dimensión práctica: cuando el resultado de su ejercicio se puede visualizar en términos de calidad urbana; cuando sobre los pasos de quienes nos precedieron se sientan renovadas bases de orden, integración en el medio natural, protección del patrimonio arquitectónico y generación de espacios públicos, accesibles y asequibles a todos.

  
Tales principios son los que hoy, precisamente, llevan al Gobierno de Castilla-La Mancha a celebrar el Día Mundial del Urbanismo con la percepción de haber contribuido entre todos, en estas más de dos décadas de competencias propias en la materia, a la mayor transformación que haya experimentado jamás nuestra región.

  
No hay duda de que ésta es una tierra más atractiva y más apta para la convivencia que aquella que conocimos en los años cincuenta, sesenta o setenta; como tampoco hay duda de que a ello ha contribuido, de forma decisiva, un sólido proyecto autonómico y un compromiso sin precedentes con las nuevas generaciones.

  
Durante ese tiempo, la Consejería de Vivienda y Urbanismo ha aplicado en cada uno de los municipios castellano-manchegos, con especial atención a los más pequeños y dispersos, un vasto programa de recuperación de calles, plazas, barrios degradados y cascos históricos.

  
Ese esfuerzo de recuperación de la ciudad como foro inmejorable de encuentro no sólo ha aumentado el bienestar de miles de ciudadanos y recuperado un inapreciable tesoro arquitectónico largos años postergado, sino que, además, nos ha permitido a todos recobrar una fe y una confianza en esta región como nunca antes habíamos soñado.

  
Nuestra política urbanística ha sido capaz de sembrar nuevas simientes sobre viejos pero sólidos cimientos. Con ellas, y seguros de nuestro éxito, afrontamos retos de gran calado: el espectacular crecimiento demográfico, la revitalización del medio rural, la promoción turística de los pueblos castellano-manchegos…

  
En definitiva, hacer de la ciudad nuestro mejor hogar, nuestra auténtica casa.

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