Dolorosa e inevitablemente jodidos

Santos G. Monroy.- Que se jodan, silabea la diputada Andrea Fabra con brutal retintín, constatando con clarividencia la situación de España. Tiene razón la diputada: estamos bien jodidos. Tan dolorosa como inevitablemente, añade este Gobierno.

Ni falta que hace el Debate sobre el Estado de la Nación, que tres palabras bastan para definirnos. Podríamos considerar, pues, que si el ciudadano ha sido bien jodido, son gentes como la diputada Fabra las que están mal jodidas, lo que las convierte en afortunadas excepciones en estos tiempos de jodienda tan dolorosa como inevitable.

Que se jodan, dice la hija de Fabra, esbozando con maestría al ciudadano español, obligado a joderse, dolorosa e inevitablemente, desde los tiempos de Maricastaña; condenado a pagar diezmos y penar en mil guerras para defender los sacrosantos derechos de los poderosos. Siempre jodidos, siempre jodiéndonos la marrana, dolorosa e inevitablemente, bajo la batuta del listo que dirige el cotarro a resguardo del pedrusco más grande, que joder no joderemos, pero joder que ganas tenemos.

Que se jodan, dice la niña bien y diputada enchufada. Como el novillero pobre, el español se debate en el coso parlamentario para diversión del tendido político. Hay que joderse, cómo sonríen algunos mientras se parapetan tras el cadáver ciudadano para defender sus prebendas, dolorosa e inevitablemente. Dientes, dientes, que es lo que les jode. Sonrisas que pueden interpretarse como un alucinado ejercicio de sadismo, o como una psicópata falta de empatía con los ciudadanos a los que no se debiera joder tan dolorosa como inevitablemente.

Que se jodan, espeta la diputada desde su sordidez. Ni siquiera en democracia y ante una catástrofe nacional adoptamos perspectiva, joder, apisonados por una maquinaria política y mediática que explota la rentabilidad en la banalización de mensajes y valores. A joderse tocan, ordenan desde el Gobierno, mientras asistimos a esta debacle colectiva con el consuelo de saber que, dolorosa e inevitablemente, también se jode el de enfrente.

Joder con la parlamentaria Fabra, encarnación de una forma de hacer política que conserva la mala baba de un rancio revanchismo social. No es lo mismo estar jodido que estar jodiendo, que diría Cela, pero al final uno acaba cogiéndole el gusto a la jodienda… siempre que el jodido, dolorosa e inevitablemente, sea otro. ¡Nos ha jodido mayo!

En Twitter: @santosgmonroy

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