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La iglesia vigilante

- 3 diciembre, 2012 – 10:20Un comentario

Recuperando lo pasadoEstanislao Z.Navas.- La Iglesia de Santiago, junto a las de San Pedro y la Catedral, constituyen los vértices que configuran el triángulo donde se asienta el sentir religioso de la población de Ciudad Real, desde sus ya remotos orígenes medievales. El templo dedicado al Apóstol Santiago es el más antiguo que hoy en día se conserva en la ciudad.

Sin embargo, cabe precisar algunos aspectos como el hecho de que a pesar de su contemporaneidad con la fundación de Villa Real, no se trata de la iglesia primigenia existente en estos lares. Es sencilla la razón: con la fundación de Villa Real, la ermita surgida de la advocación del prado preexistente a la misma, pasaría a convertirse en iglesia, estamos hablando de la actual Catedral. La precisión realizada obedece a la probable confusión que podría existir por la contemporaneidad entre el momento en que se erigió la iglesia de Santiago a partir del siglo XIII y la fundación de Villa Real en 1255. Los historiadores no vienen a corroborar sino tal afirmación.

Este templo surgiría de la necesidad de que numerosos cristianos residentes en la zona, lo que correspondería a la Judería, aprovechasen la existencia de una torre, residuo de un antiguo torreón de avanzada, atalaya y defensa de la aldea de Pozuelo Seco, para adicionarle una sencilla iglesia, dando lugar así a la iglesia de Santiago, contemporánea de la ermita antes citada.

En la restauración -entre septiembre de 1985 y julio de 1989- de su armadura mudéjar se puso de manifiesto la colaboración institucional que dirigió los trabajos en la Comisión Mixta formada por la Iglesia Católica y la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha. Su Consejería de Cultura, a través de la Dirección General de Patrimonio y Museos financió y coordinó las actuaciones, dando como resultado la recuperación de uno de los más singulares artesonados mudéjares conocidos. A raíz de esta restauración se han sacado a la luz algunos de los elementos artísticos más interesantes que permanecían ocultos hasta el momento. Estas obras de restauración han pretendido recuperar el aspecto original de la iglesia en los siglos XIII, XIV y XV. Así se ha podido descubrir el artesonado mudéjar, oculto desde que en el siglo XVIII se construyera una bóveda de cañón. Por otro lado se ha consolidado la estructura de la torre, sobre todo en el cuerpo superior. La demolición del cobertizo de ladrillo que cubría la puerta de entrada ha permitido dar mayor belleza y realce a la fachada principal. Se ha despojado el interior de las diversas capas de yeso y pintura que nos impedían apreciar la belleza de las paredes primitivas. Tras esta limpieza, en la nave de la Epístola ha aparecido una pintura mural que representa escenas religiosas referentes a la Pasión de Cristo, que quizás estaba integrado dentro de un grupo narrativo mayor, realizado en torno a los siglos XV y XVI. Aparecen también unos dragones, pintados en la misma época, adaptados a los nervios del ábside de la nave central y a las bóvedas de las capillas laterales. Han sido restauradas también pinturas en la nave del evangelio, en las capillas, y en el acceso interior a la torre, junto a otras de la época posterior.

Esta iglesia, considerada gótica desde su fundación y con artesonado mudéjar, tiene tres naves comunicadas por cuatro arcos formeros a cada lado, apuntados, de factura modesta y primaria, tal como muestran los vértices agudos de las ojivas lancetadas tan comunes en el siglo XIII, aunque su aspecto exterior mantenga claramente la tradición románica, como ocurre con su sencilla portada de una sola arquivolta, la mampostería de sus muros y los canecillos de los aleros. A ello cabe unir la torre, situada a los pies, que rememora los campanarios románicos aunque posea troneras de arco agudo.

Su sencilla construcción está ejecutada en mampostería, a excepción de los puntos más débiles –vanos, pilares y cadenas- en los que se utiliza la sillería.
Con tres naves en planta, más ancha y alta la central que las laterales, hay dos partes diferenciadas: la cabecera y el buque cubierto por armadura de madera.
Por un lado, la cabecera está formada por tres ábsides escalonados poligonales, el central de siete lados y los laterales de cinco, cubierta por bóvedas nervadas. Sus nervios descansan sobre baquetones con capitel cúbico decorado por motivos vegetales muy esquemáticos en el ábside central, a los que corresponden en los ábsides laterales rostros humanos. Este espacio se ilumina se por medio de ventanas lancetadas de doble vano y óculo tetrafoliado mientras en los ábsides laterales sólo se conservan breves fragmentos de vanos estrechos y abocinados a modo de saeteras, debido a su parcial destrucción para dar paso a sendas capillas cuya ejecución debió llevarse a cabo a finales del siglo XV o comienzos del siglo XVI. Los ábsides van precedidos por un tramo cuadrado cubierto por bóveda de crucería cuya comunicación  se establece por medio de arcos apuntados que arrancan desde el pavimento y son de menor altura que los restantes, con la clave decorada por sendos escudos de la Orden de Calatrava.

Por otro lado, a partir de la cabecera, el cuerpo de la iglesia se retranquea ligeramente hacia el interior conformando tres naves separadas por pilares octogonales que soportan arcos apuntados y cuyos capiteles van decorados con motivos vegetales. La transición entre la cabecera y el cuerpo de la iglesia se realiza mediante un arco apuntado. Sobre él se abre un pequeño rosetón cuya tracería se genera a partir de un óculo central polilobulado rodeado por ocho semicírculos también polilobulados, similar a los existentes en la iglesia de San Pedro en esta misma ciudad. El rosetón resaltaría con su iluminación la hermosa armadura de madera que cubre la nave central.
La armadura mudéjar es de par y nudillo de tradición almohade, ataurejada y apeinazada, fundamentalmente con restos de policromada en rojo, negro y amarillo. Su almizate se decora con lacerías que forman en su centro estrellas y polígonos de ocho puntas, las primeras decoradas con motivos vegetales tallados y los segundos huecos. La decoración del almizate se prolonga en tres franjas por los faldones alternando, en todos ellos, con pequeña decoración de ataurique. El almarvate está formado por dos franjas de madera estucadas y policromadas con los escudos de D. Pedro Muñiz de Godoy, Maestre de Calatrava a finales de 1370 o comienzos de 1380. Junto a éste aparecen los Coello de Portugal y un escudo de la Orden de la Banda alternando con escudo de la Orden de Calatrava sobre fondo negro y rojo, acompañados por extrañas conchas con formas humanas. Sujetan la armadura nueve pares de tirantes apoyados en el almarvate que descansan sobre canes: unos moldurados y decorados con el escudo de Castilla y León y otros con rostros humanos en sus extremos.

A los pies se adosa una potente torre de planta cuadrada que consta de dos cuerpos. El primero, hueco en su parte inferior,disponía de una puerta en el eje de la iglesia a la manera de las torres pórtico conservadas en Ávila y similar a la de la iglesia de Porzuna. Desde este tramo y adosada en un lateral arranca una escalera de caracol que conduce el segundo cuerpo. Este conforma una estancia que, en su día, estuvo cubierta por bóveda poligonal gallonada de ocho lados sostenida por sencillas trompas de aristas. La estancia estaba abierta en sus cuatro lados, jugando, en todos ellos, con el número y tamaño de los vanos. El lado sur presenta el conjunto más interesante puesto que un arco apuntado cobija a sendos vanos de medio punto y sobre ellos se sitúa otro que describe una forma polilobulada en ladrillo remarcada por arco de medio punto. Este segundo cuerpo, tras distintos coronamientos, va cubierto por tejado a cuatro aguas.

Las portadas del edificio se sitúan en los lados N y S. Están formadas por vanos apuntados cuya única decoración consiste en una arquivolta con puntas de diamante.
En este edificio sugiere existen dos modelos constructivos que necesariamente no comportan dos fases constructivas. El conjunto de la cabecera se inscribe plenamente en la concepción del gótico castellano del siglo XV, anterior a la introducción de las formas flamígeras. Su modelo se pudiera relacionar con obras del foco toledano en torno al maestro mayor de la Catedral, Alvar Martínez (fines del XIV, primer tercio del XV). A estos datos hay que unir la cronología de su armadura de madera, fechada en el último tercio del siglo XIV. De donde pudiera concluirse que esta obra hay que adscribirla cronológicamente al siglo XIV, durante la cual se dilataría su construcción.

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