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Conversación con un fundador de CCOO en Puertollano: Alumbrando el estallido que se cierne

- 11 diciembre, 2012 – 17:388 Comentarios

J. Carlos Sanz.- Llegará, tarde o temprano llegará. Se producirá un estallido social porque el mundo que pregonaba un bienestar a perpetuidad se ha hecho añicos. Y lo que procede es programar la explosión, que la revuelta no signifique un “todo salta por los aires” y sí una acción contundente que provoque un frenazo en seco en la laminación de derechos sociales y laborales que imperan en España y amenazan a toda Europa. Es la reflexión premonitoria que sacude la cabeza de Pedro Ruiz García, uno de los fundadores que propició la aparición de Comisiones Obreras en Puertollano y por tanto en Castilla-La Mancha.

Cumplido el cincuentenario de la huelga de 1962, el primer conflicto laboral de altura al que tuvo que enfrentarse la dictadura franquista, Ruiz encuentra en la dramática situación que atravesamos ahora concomitancias con aquella época: la diferencia estriba en que actualmente existe una dictadura encubierta, camuflada en el andamiaje democrático, orquestada por el lobby financiero y que cuenta con la connivencia de buena parte de la clase política.

Lo que iba a ser un diálogo con uno de los artífices de CCOO en la clandestinidad, valorar lo que ha supuesto la efeméride en forma de exposición “Otra luz en Puertollano” que el pasado mes de noviembre acogió el museo municipal, conocer su opinión acerca de la lucha sindical en estos 50 años o qué posibilidades hay para convocar una huelga general en Puertollano y su comarca ante el gravísimo contexto socioeconómico que se atraviesa, da un viraje inevitable hacia una conversación profética con alguien que a sus 77 años no le gusta un pelo lo que está pasando.

Desobediencia civil en el horizonte

No es que Pedro Ruiz reste importancia a la actividad sindical -la cree más necesaria que nunca- pero sus palabras destilan tal grado de desazón que no es de recibo circunscribir su discurso bajo la óptica sindicalista. Ruiz entiende que se dan los ingredientes para iniciar una lucha inaudita, a gran escala y como mínimo en toda Europa. Un alzamiento de la sociedad civil para detener el ataque frontal “porque estos no van a parar hasta ponernos de rodillas”. Se refiere con “estos” a la élite financiera, clanes liderados por familias como los Rothschild o los Rockefeller, los verdaderos capos de este casino alocado en que se ha convertido el sistema económico.

Para Ruiz es momento de fermentar la desobediencia civil, que en Puertollano y en todos los rincones de este país se lleven a cabo movilizaciones masivas y permanentes. “Explicar lo que está pasando por todos los sitios” e implicar en este bloque cívico a una juventud que ha de abanderarlo.
Ruiz alumbra con sus palabras un camino para salir del atolladero. Quizás, una luz de linterna que ilumina lo que está pasando en esta Europa fragmentada. Cinco años después del inicio de la crisis, en el viejo continente ha brotado una semilla de desigualdad, pobreza e injusticia. Especialmente en España que junto con Portugal, Irlanda, Grecia e Italia poseen el estigma de ser países intervenidos por la Troika, la entidad ejecutora del estado del Bienestar.

Parece que la vejez facilita una ligera claridad ante la confusión reinante. Para Ruiz se hace necesario articular otros códigos de lucha. Cree que las huelgas generales convocadas por los sindicatos mayoritarios no son el instrumento adecuado, lo cual no quiere decir que “si se organizan bien, se hagan”, pero la actual situación no puede afrontarse sólo bajo los parámetros clásicos de la lucha sindical. “Lo que vivimos es muy serio y precisa de la implicación absoluta de la población, sobre todo de los jóvenes” vuelve a insistir.

Habla de precipitar un plebiscito popular a través de movilizaciones descomunales, “que en vez de miles de personas salgan a la calle, sean millones” y saca a la luz la denominada desobediencia civil como principal herramienta de combate. Visualiza la irrupción de un movimiento amplio, masivo, heterogéneo que no puede ser capitalizado por sindicatos ni partidos de izquierda. “Y que llegue a todos los pueblos, que la gente sepa que ha de sostenerse en el tiempo”. Armas preventivas antes que la desesperación provoque el temido estallido social. A Ruiz se le nota excesivamente preocupado por la grave situación actual, alaba la aparición del movimiento 15-M porque concibe en el mismo la simiente de ese alzamiento civil que debe estar liderado por los jóvenes pero cree que renquea debido a falta de síntesis entre sus principios fundamentales. (sigue)

Pedro Ruiz, en la clausura de la exposición Otra luz en Puertollano

Sin embargo, anima a la consolidación de estos colectivos, correas de transmisión de esa conciencia necesaria para materializar la desobediencia civil y evitar el avance de posturas radicales como las que ya hay en Hungría o Grecia, donde la irrupción del partido neonazi Amanecer Dorado es una clara advertencia del rumbo que hay que evitar a toda costa. Además, el caso griego le sirve a Ruiz para evidenciar que las estructuras de poder “no van a parar”, que pese al ascenso de Syriza en territorio heleno al final “ha vuelto a ganar la derecha”.

En aras de impedir la victoria de fuerzas conservadoras, apuesta por el efecto viral de esa labor pedagógica que reclama: “Hay que hablar con todo el mundo”, enhebrar un hilo dialéctico que sirva de costura para el nuevo traje que ha de enfundarse la ciudadanía. Lograr una visión común e irrompible “porque como estamos viendo el error de bulto está en que los propios afectados nos dividimos, se echa la culpa a los sindicatos, a los funcionarios, a los propios trabajadores”, una maniobra de distracción para entretener al personal y no atacar el problema de raíz. Sobre todo, evitar la desvinculación de la sociedad con los millones de parados, dando por sentado una normalización de este volumen de población sin oficio ni beneficio.

Y vuelve a hacer un llamamiento a la juventud, arengándola a que tome partido pues si no se verá abocada a vivir en condiciones laborales desprotegidas, con sueldos muy bajos y condenada a la resignación. Según Ruiz, la sociedad europea ha vivido bajo el espejismo de un supuesto oasis de prosperidad, resultado de la reconstrucción del continente tras la segunda guerra mundial. “Nunca ha existido eso que han llamado clase media y si hubo mejoras fue porque al poder capitalista le interesaba detener una desbandada de desesperados hacia una URSS que era polo de atracción”.

Alzamiento civil en toda Europa

Cree que el alzamiento civil ha de recorrer toda Europa y debe estar impulsado por la Confederación Europea de Sindicatos (CES). “CCOO y UGT han de demostrar a sus miembros que esto es posible” y advierte del efecto dominó de los recortes, que el siguiente en la lista es Francia “por lo que hay que unificar una respuesta social y sindical en toda Europa”. El camino pasa por coordinar movilizaciones masivas permanentes, a sabiendas que el poder juega con el factor desgaste, “sé que cuesta mucho pero ha de hacerse, han de movilizarse no sólo obreros, también funcionarios, parados, estudiantes, pequeños y medianos empresarios, autónomos, etc”.

Una vez se produzca el levantamiento popular ¿Hacia dónde caminamos? Ruiz sostiene que el primer objetivo de las movilizaciones “potentes y permanentes” pasa por detener la espiral de los recortes, “recuperar lo que se está perdiendo en ámbitos como Sanidad, Educación o Investigación”. Un dique de contención al que han de sumarse el resto de países europeos “y después contar con el apoyo de los sindicatos norteamericanos”. Ruiz sueña con alcanzar un “estado socialista democrático avanzado” resultado de una lucha civil sin parangón “donde no caben medias tintas porque el ataque va a producirse en toda Europa”.

Pareciera que su mensaje admonitorio busca reconducir una conducta equivocada. Algunos pensarán que Ruiz exagera, que es un falso Mesías alarmando en demasía. Sin embargo, insiste que la actual crisis ha sido pergeñada en petit comité por el lobby financiero “y hay que desenmascararlos y saber cómo hacerlo”. De no ser así, asegura que la erosión de derechos y conquistas sociales irá a más y de la democracia no quedará más que el letrero.

Desde el púlpito de su longevidad, Ruiz vive con inquietud un período oscuro que aboca a Europa a un futuro lamentable: un continente sin influencia estratégica mundial, con elevadas carencias en conquistas sociales y con un adelgazamiento brutal de lo público. Una Europa en la que cualquier indicio de mejoría será sepultado bajo la amenaza de que “lo peor está por llegar” y fraccionada entre los países del norte y los paupérrimos del sur. Cree Ruiz que desde las estructuras de poder nos están preparando para aceptar sin rechistar estas miserables condiciones, que parezcan una realidad inevitable, un escenario sombrío a todas luces.

Él, que tiene implantado el gen de la lucha, sólo ve una salida para escapar de este diabólico camino: ir en dirección contraria a la que vamos. “Es muy serio lo que nos jugamos, o nos movilizamos todos o nos ponen de rodillas”. Cambiar el rumbo, cueste lo que cueste, para evitar estrellarnos en el muro de retroceso que se ha levantado en el viejo continente.

Un artículo de J. Carlos Sanz

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