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Pecar contra el sexto

- 4 marzo, 2013 – 21:252 Comentarios

Ángel RomeraEl ministro de Interior Jorge Fernández Díaz está lejos de ser una lumbrera y suele aburrir a las ovejas con unos discursos con las tres cartesianas dimensiones (largos, gruesos, pesados), pero hoy ha expelido que el más evidente argumento contra el matrimonio gay es “el interés de la especie, porque no estaría asegurada la procreación”. Dicho lo cual, muy digno y pepero, ha arrimado el culo a la pared.

 Suponiendo que los ministros tengan culo (como informa la Teletienda, las señoras no gozan de tan eminente ordinariez, sino de glúteos), que lo deben tener, incluso ingentes, aunque solo sea para justificar la poltrona, sostengo que, con tales sinrazones, habría que decir lo mismo de las monjas, los monjes, los curas (incluso los no gays) y los obispos, arzobispos y cardenales hasta el Obispo de Roma que llaman Papa, porque les está vedado procrear, esto es, obrar según natura, hacer la bestia de dos lomos o pecar en sentido bíblico (aunque no porculizar monaguillos, por más que el ilustre pontífice haya dejado claro como el agua -cuando el agua está clara- que eso es malo, es peor y es pésimo). No hablaré de curillas cachondos, habiendo tantos tan castos y virtuosos, incluso gays, porque tendría mucho que evocar. Tan solo retraeré la décima del humanista manchego seiscentista frey Miguel Cejudo:

 Yace aquí el doctor Cejudo / que de lo que frailes son / dijo todo el mal que pudo; / y, aunque en esto anduvo agudo / y no cometió pecado / al Infierno condenado / está a un trabajo prolijo, / no por lo que de ellos dijo, / sino por lo que ha callado.
Para entender bien la décima hay que saber que, en latín, el “pecado nefando” se traduce por “pecado del que no se debe hablar”, aunque no hay ningún mandamiento que prohíba hablar y sí uno que prohíbe mentir, si bien no en primera posición, que digamos. Claramente se infiere, pues, que de aquellos polvos vinieron estos lodos. El folklore manchurriego tiene incluso un género anticlerical, el dómine, que no me dejará mentir. Por demás, ¿qué sería de la literatura sin los curas? Los curas engendraron a Erasmo de Rotterdam, a Rosalía de Castro o al abuelo de Francisco Nieva, por poner un ejemplo cercano. Y eso que nadie puede decir “este cura no es mi padre”. El Refranero está lleno de ironías por el el estilo y la mayoría de la literatura y poesía erótica española ha sido compuesta por padres sin hijos, como por ejemplo el famoso fray Damián Cornejo, toledano por parte materna y que anduvo un tiempo en el convento franciscano de Ciudad Real estudiando Filosofía. Por lo general, los hijos de curas solían colarse disfrazados como sobrinos; alguien tendría que hacer algún día el cálculo demográfico del desvío estadístico creciente en la natalidad de los sobrinos de cura en países católicos; nos llevaríamos muchas sorpresas. Y, por favor, aunque Cristo dijo “dejad que los niños se acerquen a mí”, que no se aproximen demasiado; podría ocurrir que terminaran en el Opus diciendo cosas como las que ha dicho el señor del principio.
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