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Corazón mío. Capitulo 61

- 30 agosto, 2013 – 00:05Sin comentarios

Manuel Valero.- -Arsenio Ropero, de Mundo Global ¿Cree usted que la policía tiene material suficiente como para comprometerse ante la opinión pública a que detendrán a los responsables antes de que acabe el año? Y en cualquier caso ¿cancelarán la telebasura?
corazonmio
Roberto Peinado miró a su amigo periodista. Conocía de largo la agudeza y oficio de Ropero como para entender que se trataba de abrir el fuego con preguntas de rutina. A saber lo que tuviera escrito en su bloc de notas. Era más curiosidad que temor. Entre ambos funcionaba un pacto de sangre sin sangre que hasta el momento ninguno de los dos había roto. A cambio, como es preceptivo, uno filtraba cosas al otro, y el otro hacía de detective por libre y le pasaba la información al uno. Que Ropero era el periodista con más información sobre el caso no cabía duda. Todos los capítulos que iban jalonando el sangriento reguero del justiciero del corazón habían sido adelantados por su periódico cuya mercancía servía luego para la casquería rosa. Pero, en justicia, la fama no le había sobrevenido a raíz del morboso affaire que consumía a placer la opinión pública durante los últimos tiempos; se la había ganado a pulso con un expediente que hacía temblar las estructuras de poder.

El director general de la Policía escuchó las dos preguntas del periodista. No eran difíciles de afrontar ni complicadas de responder. Sin embargo, antes de hacerlo miró al secretario de Estado que le dio el placet a su intervención con una leve oscilación de la cabeza.

-Bien, como se dirige usted a la policía le respondo yo. Ningún caso queda cerrado hasta que los culpables no sean puestos ante su responsabilidad, y con todos los enigmas, digamos, resueltos. Aventurar aquí y ahora que alcanzaremos a los malhechores antes de fin de año sería una irresponsabilidad por mi parte, pero también le digo que trabajaremos hasta desfallecer para que así sea… ¿La otra pregunta?

El secretario de Estado se la recordó con un siseo en la oreja del jefazo policial.

-¡Mire, eso depende de quienes tienen la competencia para tomar esa decisión porque el Gobierno no puede cancelar una televisión o un periódico salvo en el caso extremo de que esté en juego la seguridad del Estado, o se tengan evidencias de la conexión de esos medios con el crimen organizado o con organizaciones terroristas. Pero no me cabe la menor duda de que los máximos responsables de los medios de comunicación tomarán la decisión adecuada.

-Sonia Fuentes, de El País Universal. Hay dos personas asesinadas y otra que está secuestrada por una organización que se dice llamar Justicia Negra para la Prensa Rosa. ¿No cree que se trata de algo más grave que de una simple secuencia de crímenes lo cual le puede dar al Gobierno una mayor capacidad de decisión a tenor de la excepcionalidad de la situación?

La pregunta de la chica de El País Universal fue escuchada con cierta reverencia por los dos mandamases, cosa que ocurría siempre que entraba en escena algún profesional de tan reverenciado medio. Por eso, los periodistas del rotativo gozaban de una aureola de prominencia que en algunos casos delataba un atisbo de vanidad mal contenida. No era el caso de Sonia, amiga, además, de Ropero…

-Lleva razón, señorita-, respondió el secretario de Estado-.Por eso estoy yo aquí. No es que se trate de un asunto que amenaza directamente al Estado ni al conjunto de sus ciudadanos, pero efectivamente hay ciudadanos en peligro, periodistas, presentadores, y de algún modo esa forma de proceder aumenta la inquietud social. Hay dos cadáveres, un secuestro y una exigencia a cambio de la vida de la secuestrada. Algo tristemente viejo y conocido en este país. Llegado el momento veremos la mejor manera de proceder, pero si se trata de omitir determinados contenidos lo mejor es que sean quienes los emiten los que tengan la última palabra”.

-.Pablo Pinto de Onda Herzio ¿Estamos ante un asesino en serie?

-Bueno, tres víctimas desde finales de septiembre parece que lo avalan…

-¿Tienen alguna información sobre la organización que se ha hecho responsable del secuestro de Rita?-, otro periodista.

-No, no tenemos información al respecto, pero la tendremos-, contestó con una sonrisa nerviosa el secretario de Estado.

Ahora las manos de los informadores que copaban la sala de prensa eran un bosque ansioso de una lluvia de respuestas, aun a sabiendas de que no era en ese formato en el que se conseguía la mejor información. Lo que daba interés a la comparecencia pública del número dos del Ministerio y del superjefe policial era el objetivo de esa comparecencia. Los detalles de lo acontecido día por día, comentarios, artículos, reportajes sobre la vida y obra y milagros de los malogrados comunicadores se había publicado y emitido por los medios, y como era lógico en ese tipo de intercambio protolocario de información entre el Gobierno y la sociedad con los periodistas como intermediarios, ningún dato relevante era desvelado. La rueda de prensa estaba destinada a ellos, a los malos, pero mientras tanto y según la saludable costumbre de afrontar y saciar la curiosidad de los periodistas había que aguantar el tipo.

-¿Ha habido contactos secretos con “ellos”?,- otro periodista.

-No, por Dios, si eso hubiera ocurrido no se lo diría, pero le aseguro que no, la única vez que contactaron fue con Canal 12. Y no fue contacto entre ambas partes, como saben, alguien dejó un sobre con  material en una garita de control que luego fue emitida

-¿Había alguna nota en el sobre además del material grabado?-, otro periodista.

-Bueno, esa era la primera exigencia: que fuera emitida.

-Algún indicio sobre el paradero de Rita?,- otro periodista.

-No, ninguno

-¿Saben si en este momento está viva?,- otro periodista.

-¿Cómo habríamos de saberlo? Estamos aquí con ustedes, no con ella…-, la respuesta destiló ironía  para aliviar la sensación de inoperancia que se iba adueñando del jefe policial.

Roberto Peinado miraba alrededor. Estaba nervioso, inquieto. Cuando sus ojos se cruzaban con los de Gloria se tranquilizaba. Gloria fue permeable a la ansiedad de su novio y también giró la mirada a un lado y otro como si premonizaran un desenlace imprevisto o la aparición de algo, o alguien, desagradable.

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