El bucle de Lizzani

José RiveroEn la escritura cinematográfica de Carlo Lizzani, premio ‘Ignazio Silone’ en 2012 y ex director de la Mostra de Cine de Vencia, se encontraba su propia muerte, o se encontraba ya un anticipo de la misma. Cosa que ocurre algunas veces y no es raro. Así Carlo Lizzani muerto el 5 de octubre pasado, arrojándose desde la ventana de su domicilio romano de la Vía Gracchi, ya había anticipado esa modalidad de desaparición, de muerte, o de despedida. Que él denominó como ‘Desenchufo la llave’. Y me tiro por la ventana, como hiciera, hace ahora tres años, su íntimo amigo y también director de cine, Mario Monicelli; quien se arrojara desde el quinto piso del Hospital romano de San Giovanni. Todo un as de la comedia italiana y asediado por la bilis negra. Como ahora Lizzani.

caelolizani Un barrunto del final de Lizzani, que  aparecía ya en la muerte filmada de Edmund  Moeschke; el errabundo y perdido adolescente por las ruinas, humeantes, fétidas y aún calientes, del Berlín derruido por las bombas de los aliados, y carcomido por la furia imparable de la guerra de plomo y ceniza. Y es que Lizzani, había sido guionista, junto a Sergio Amidei, Max Colpet y Roberto Rossellini, del enorme film ‘Germania anno zero’ del citado Roberto Rossellini, que se estrenó en 1948 y que supuso otra suerte de detonación ensordecedora y el nacimiento de una enorme desolación. Y  en donde el adolescente Edmund, abatido por todos sus pesares, males y responsabilidades, se deja caer desde un edificio en construcción, para estrellarse contra el anonimato los  múltiples escombros que ocupan casi todas las calles de una ciudad muerta y abatida. Una amargura que se deja transportar, pese a la magnificencia de Silvana Mangano, en la siguiente colaboración de Lizzani con  Giuseppe de Santis, en 1949 en ‘Arroz amargo’. Tan amargo como la vida misma.

Obviamente, la llave de la vida que se desenchufa y se desconecta; como el dicho recogido en estos días por Ramoneda; a propósito del décimo aniversario de la muerte de Manolo Vázquez Montalbán. Al insistirle Josep Ramoneda  sobre su fidelidad comunista, en momentos de abandono, debacle y final; el escritor, igualmente abatido, le contesta: ‘Déjame que sea el último que apague la luz’. Puede que Lizzani, desenchufara la llave de la vida, cuando ya no había luz a su alrededor y las sombras crecían en una Italia incomprensible para los viejos luchadores y para los antiguos resistentes; como ha recordado el Presidente Napolitano sobre Lizzani.caelolizanio

Él que había batallado tanto por la razón argumental y por la lógica  histórica, con su cine combativo y comprometido. Así ‘Achtung! Banditi!’, de 1951; ‘Crónica de los pobres amantes’, de 1954; ‘Il processo di Verona’, de 1963; o  el episodio  de ‘Amore e rabbia’, ‘La indiferencia’ de 1969. Piénsese como colofón de esas reflexiones por entender la historia, en sus películas crepusculares donde capta a políticos que se desvanecen, como ‘Mussolini: Ultimo acto’ de 1974; el documental  ‘El adiós  a Enrico Berlinguer’,  de 1984 y su trabajo ‘Querido Gorbachov’  de 1988. Por no citar el proyecto aplazado para siempre de ‘La oreja del poder’, basado en un relato de otro superviviente extraño, como Giulio Andreotti.

Periferia sentimental
José Rivero

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1 COMENTARIO

  1. ¡Madre mía! “Alemania año cero”. No creo que exista un final cinematográfico de semejante crudeza, ni un blanco y negro tan fríos como el de esa cinta.
    Y hablando de suicidios y ventanas, el artículo me ha hecho evocar a un director teatral, José Luis Alonso. Se cumplen ahora 23 años de su último mutis … por la ventana. Para que luego digan que los suicidas de este país solo gustan de sogas al cuello.

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