Cartelería y cartuchería

EJosé Riveron algún Paleolítico guerrero y ya en desuso, la disputa de los contendientes sin argumentos, se sustanciaba a golpe de maza y mano, o de palo y bronca. Quien más daba, más ganaba; incluso decían que más valía o que más sabía el que daba más fuerte y aún antes. Por eso el razonamiento persuasivo  de dar el primero, que equivalía tanto como a dar dos veces.

En algún Paleolítico electoral y ya en desuso acentuado, la pugna de los argumentos de los contendientes en liza, se sustanciaba a golpe de cartelazo, que era algo más sutil que las viejas piedras del ayer guerrero. Era esta técnica tan elemental de la cartelería, junto a la otra elementalidad del mitin o reunión pacífica, las dos armas que desplegaban los contendientes para convencer al cuerpo electoral de la bondad de sus posiciones y de la certeza de sus vaticinios: tipografía y voz en la contienda.r_

Ya sabemos que el cartel tiene unos orígenes claramente comerciales, y de ese universo comercial y persuasivo, mercantil y cainita, lo retomaron los estrategas políticos, que luego  recabaron para sí la denominación selecta de politólogos; aunque no quisieron importar para su patrocinado cartel, el nombre de mercancía, y optaron por el más difuso de propaganda. Hasta que este término de propaganda, lo desvirtuó el Reichsminister für Volksaufklärung und Propaganda del Tercer Reich hitleriano, señor Goebbels, que era un tramposo enorme y un  marrullero superior, además de un pedazo de nazi de libro.  Y por ello, la propaganda quedó contaminada y en claro descrédito.

r_1641239    La otra dimensión visible de ese periodo sagrado de promesas religiosas y de bondad superlativa de los contendientes, venía de la mano de esas reuniones más o menos multitudinarias, acompañadas por fanfarrias varias, que conocemos como mitin. Unos mítines que expresaba a través del éxito de su  audiencia, las potenciales previsiones de voto de los organizadores. Ahora esas previsiones de voto, se analizan desde despachos asépticos de los citados politólogos, ayudados por algunos especialistas en otra disciplina difusa llamada Demoscopia.  Aunque haya ya quien se pregunte con naturalidad, “si  internet es el nuevo mitin”, como hiciera en 2010 Albert Medran, en su artículo ‘El mitin ha muerto, larga vida al mitin’. Mítines que fueron vistos en el pasado, no sólo como representación bufa y laica, sino como muestra de promoción de los participantes, como hiciera la socióloga Ylonka Nacidit, al advertir que: “traído al presente, el mitin político es, como un follaje en el cual desde sus ramas se trepa a la notoriedad. Los opuestos se solidarizan en el mitin, es decir, explotados y explotadores, en torno al enaltecimiento del líder de marras”.r_CATALUÑA

Ahora, como consecuencia del descrédito de los contendientes y como fruto de la imparable estrategia de las tecnologías de la comunicación, cartel y mitin, caen al pozo del olvido. Igual que lo hicieron las mesas cuajadas de ‘gadgets’ partidarios y muy imaginativos: mecheros, bolígrafos, pegatinas, viseras, calcomanías, abanicos, llaveros y todo el universo inimaginable de los objetos inútiles, pero firmados con las siglas o con los logos partidarios. Y por ello, esos actos y esos carteles desteñidos, pierden enteros y lugares en la feria de la instantaneidad informativa y de los valores que duran cada vez menos o que son tan veloces que los apreciamos muy poco, o incluso que ya no los vemos.r_miguel_angel_mancera_ok

Por eso cada vez hay menos mítines y por eso  cada vez hay menos carteles y cartelería electoral. Ahora al mitin lo suplen encuentros uniformados y programados del Candidato Mayor, rodeado como coro perfecto por  huestes fervorosas de correligionarios; otras veces se opta por el encomio probado de los Actos Sectoriales, dirigidos a colectivos precisos y muy uniformados, no a la masa agitada y vocinglera; que cada vez suda más y cuenta menos. Antes, tal vez en ese Paleolítico electoral citado, el comienzo de campaña con ajuste de reloj incluido, se coordinaba con la denominada como ‘Gran Pegada’. Que no dejaba de ser una especie de serenata política, con disputas incluidas por un trozo de pared  virgen o incontaminada. Una ‘Gran Pegada’, que no dejaba de ser el encuentro de los cabezas de cartel y de los Candidatos Mayores, provistos de cubo y brocha, con los medios informativos para ser retratados de esa suerte de guisa, con regusto obrero y artesano y con mirada retro.r_P5040004

Pero creo que todo eso, todas esas viejas formas de participación política, se han perdido en favor de una cartelería industrial y prefabricada, que viene pegada de fábrica y que se cuelgan como perchas de las farolas más altas y más extrañas. Ya no son los militantes voluntarios los encargados de empapelar rincones y vallas; ahora se contratan servicios varios a agencias muy raras, encargadas de lo que antes se curraba la militancia disciplinada y dispuesta. Igual que se contratan cuñas y spots publicitarios, para vender el programa y se olvidan de esos orígenes turbios.r_Propaganda-PT

Pese a ello y pese al descrédito de propagandas y elecciones en Ciudad Real (no se en otros lugares, qué ocurre y pasa) con una puntualidad cósmica, cada anuncio y comienzo de campaña electoral, viene precedido por una extraña floración incalificable. Unos raros rollizos de maderamen seleccionado, aparecen clavados en terrizos y en zonas ajardinadas. Rollizos que más que olor a campaña electoral, me empujan a soñar con las empalizadas rancheras del Far West, donde presumiblemente puede haber un tiroteo inminente, por la disputa del riachuelo o por el paso de ganado. Sobre esos rollizos, melancólicos disponen los empleados municipales unos tableros de aglomerado, como soporte de unos encanijados carteles. Como prueba y muestra de esa extinción citada. Ya todo se dirime en otras latitudes; ni mitin, ni cartel. Ahora debate televisivo y cuñas publicitarias. O redes sociales.

Periferia sentimental
José Rivero

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2 COMENTARIOS

  1. Dice una canción de Bosé, de la que ni siquiera sé el título: «miénteme y di,que no estoy loco, miénteme y di…poquito a poco»…»Qué va a ser de mi, qué va a ser de mi»…

    Eso es lo único que pienso cuando veo los carteles electorales. Esos en los que la cara de Rosa Romero era reducida como la cabeza de un jíbaro por el Photoshop. Aunque ahora que lo recuerdo, el candidato del PSOE tampoco salía bien parado ¿Quién era?…jejeje.

    No he empezado a verlos y ya siento escozor ante esa multitud de caras hipócritas con media sonrisa y los ojitos de perrillo abandonado diciéndonos: «Déjame otros cuatro años más para joderte la vida».

    …Qué va a ser de mi…

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