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Para que se aprenda de todo

- 7 enero, 2015 – 08:17Sin comentarios

José RiveroEn mayo de 1982 tuvo lugar la campaña electoral para el Parlamento andaluz  a celebrar el día 23, tras la aprobación del Estatuto de Autonomía por Ley Orgánica del 31 de diciembre de 1981. Campaña que se fue llenando de significados añadidos, casi como ocurre ahora en 2014, en vísperas de otro año electoral triple, y del temor creciente hacia la formula Podemos, que todo lo subvierte e inquieta. O así se dice y aparenta.

Significados aquellos de 1982, que derivaban de ser el andaluz el primer proceso electoral que afrontaba Leopoldo Calvo Sotelo y que vivía una UCD en proceso de parálisis y cierre, tras el proceloso año anterior. Año del golpe de Estado del 23 de febrero y año del inicio de la muerte política de Adolfo Suárez, protagonista indiscutible de un proceso (la llamada Primera Transición) que tocaba a su fin. Además de ello, había que sumar el fracaso de UCD en el referéndum autonómico del 28 de febrero de 1980, que dio el pistoletazo de salida, no sólo al regionalismo andaluz, sino al debate de las vías de acceso a las competencias autonómicas: ya el artículo 143, ya el 151 de la Constitución. El famoso “café para todos” que agita hoy la unidad territorial del Estado.

Con unas perspectivas electorales crecientes a favor del PSOE-A, se produjo una sintomática campaña político-electoral, por parte de la Confederación de Empresarios Andaluces (CEA). Campaña novedosa y sorprendente, que no paró mientes y recursos en liza, copando páginas de periódicos, vallas publicitarias, espacios radiofónicos y medios de comunicación, como si de un contendiente más se tratara. Un contendiente invisible o no votable, que pugnaba a favor de invertir el resultado previsible que arrojaban los sondeos: una clara victoria mayoritaria del PSOE-A.

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Victoria del socialismo que parecía preocupar, altamente, a los empresarios y por ello iniciaron ese despliegue de medios con ese eslogan “Vota seriamente y que nadie te equivoque”. Como si la gente votara con frivolidad o, como si se votaran engañados, que no equivocados. Como ahora.

rv_cambio-01También ocurría que las elecciones autonómicas andaluzas, eran claramente un ensayo a escala del próximo proceso de elecciones generales, en el candelero entreabierto del próximo otoño y aún sin fecha fija. De ello daba cuenta el artículo de Vicente Ventura, publicado en ‘El País’ el 18 de mayo ‘Andalucía, banco de pruebas’. Ensayo escalado, el andaluz, que de verificarse como se preveía en los sondeos, aceleraría la descomposición iniciada de UCD (como así ocurrió) y abriría con facilidad las puertas de La Moncloa al PSOE y al llamado ya, enfáticamente, como Cambio.  Que sería parte del argumento de la próxima campaña electoral ‘Por el Cambio’, como se comprobaría meses más tarde, ya en octubre de ese año. Como ahora Podemos esgrime la fórmula Anti-Casta, como un Cambio necesario y como la clausura indeclinable del tiempo anterior clausurado, conocido ya como Segunda Transición. Todo muy parecido.

rv_cambio-03La publicación del cartel empresarial, con la manzana podrida, en lugar de la rosa que sujetaba el puño cerrado, logo que fuera del PSOE en esos años, y con el eslogan visible de “Se fingen moderados”, dio lugar al recurso contra la campaña de los empresarios andaluces, tutelados por el presidente estatal de CEOE Carlos Ferrer Salat. Fallando la Junta Electoral Central, que acabó suspendiendo la campaña del empresariado andaluz, que sin presentarse a las elecciones, parecía presentarse. Por ello las declaraciones solemnes de Ferrer Salat, el 14 de mayo, al conocer el fallo de la Junta Electoral, señalado que “la prohibición de la campaña patronal, demuestra que la democracia es frágil”. Como ahora.

Incluso anunció la decisión de la CEA de recurrir al Constitucional en recurso de amparo, en defensa de la tutela de u n derecho fundamental. Pero lo más memorable del  que fuera exquisito tenista catalán, como ahora Rosell juega al polo, fue su afirmación sobre que “Cuando Felipe González va a las reuniones de la Internacional Socialista, descamisado y puño en alto, dice cosas distintas de las que proclama aquí”.  Por eso, y replicando al capo empresarial, las declaraciones de Guerra al día siguiente. “La campaña empresarial es fruto del miedo de la derecha a ser derrotada”. Casi lo mismo que ahora con Pablo Iglesias y sus amores bolivarianos, agitados como espantajos por mucho encamisado y encorbatado; por mucho MBA y por mucho máster en comunicación.

Tan equivocado estaba Ferrer Salat sobre la naturaleza revolucionaria del presidenciable Felipe González, como sobre su indumentaria inconveniente y sobre la eficacia política de la Internacional Socialista, que cuesta trabajo entender aquellos afanes y aquellos desvelos; visto luego lo visto. Y al presente me remito.rv_cambio-04

Los empresarios recurrieron la decisión de la JEC a la Audiencia Territorial de Andalucía, que admitió a trámite la demanda, y anunciaron que, nuevamente, el 19 volverían a la campaña del gusano, a tres días del cierre de la campaña oficial; todo ello, para no perder oportunidades y para no malgastar munición. Martín Almendro, presidente de CEA, consideró que “si la campaña del gusanito ha molestado”, que vean y comparen la agresividad de las campañas en el exterior. Incluso tildó a “los demócratas de toda la vida de querer quitarnos la palabra”. Pero ¿quién quita hoy la palabra?

Fraga Iribarne, presidente de Alianza Popular, partido residual en esos momentos en Andalucía con una estimación de voto del 12 %, también se sumó a la queja empresarial y reconoció que el fallo era “un paso equivocado” por ir “contra la libertad de expresión”. Y redondeó el encargo a los transeúntes, con la referencia al artículo 7º de la Constitución, el que reconoce la “función social de sindicatos y empresarios”. Si los sindicatos, como suelen hacer o como solían hacer antes, indicaban sus preferencias electorales, ¿por qué no podrían hacerlo las asociaciones empresariales?, sería la pregunta latente de Fraga. Claro que la campaña de la CEA no era una simple opinión a favor de alguien, sino una campaña en contra de quien parecía como ganador resuelto.rv_cambio-05

A río revuelto ganancia de pescadores, como hacía Alfonso Guerra, acusando a las Compañías de Seguros de financiar el 20% de la campaña de UCD. Luego hubo empresarios en contra de su cúpula patronal, como fuera la sevillana FAPYMES, que litigaba con Martín Almendros, presidente de CEA, quien osaba anunciar que “se pondría frente al gobierno andaluz, si era socialista”;  patronales de enseñanza como CECE haciendo campaña por libre, o no tan libre, y en defensa de la enseñanza privada, frente al monopolio de la enseñanza pública. La que se presumía que impondría el PSOE-A.

Ahora, asistimos a otra suerte de campaña multifacetada contra Podemos y sus capacidades, programas e intenciones, en la que se suman protagonistas muy diversos y de procedencia plural o no tanto. Protagonistas cruzados, que van desde sectores del empresariado, politólogos aguerridos en el envite, medios de comunicación muy atrabiliarios y partidos políticos en trance descendiente. Estableciendo una rara similitud de 1982 con 2015. Pero todo tiempo, acaba volviendo. Todo tiempo, acaba por cambiar hasta el Cambio mismo. Lo iremos viendo, en los meses próximos.

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José Rivero

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