Respetar la tradición desde la participación 

Juan Fernando Ruiz Claver. Concejal del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Ciudad Real.- Es comentario habitual referirse a la celebración del carnaval de Ciudad Real como algo forzado, en una ciudad donde no existe esta tradición, pero ¿esto es así realmente?
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Cuentan los mayores del lugar, pozo de sabiduría popular al que siempre conviene recurrir, por aquello de que “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, que nuestra querida capital fue siempre epicentro activo de esta fiesta pagana, que incita a gastar los últimos cartuchos de la perversión, la lujuria y el desenfreno, antes de la austeridad y los recortes morales impuestos por la inquisidora Cuaresma.

Hablan así de calles repletas de burlescos mascarones que, ataviados con harapos y ripios desechados para su habitual uso, escondían su rostro para inquietar a propios y extraños al famoso grito de “¿A que no me conoces?”.

Recuerdan también aquellos añorados bailes de máscaras en el Antiguo Casino local, centro sin duda de la actividad social de la época, cuyos salones se vestían de gala para dar cobijo a quienes pretendían evadirse de los problemas cotidianos al compás de un Pasodoble o una Copla popular.

Fue luego, durante la posguerra, cuando la censura impuesta por la dictadura gobernante, obligó a cercenar esta tradición pagana, condenándola prácticamente a su desaparición, o al menos, a su traslado a poblaciones menores, donde la repercusión de su celebración era menos perseguida.

Por este motivo, localidades cercanas como Miguelturra, pudieron mantener esta celebración, incrementando su participación con quienes no se atrevían a hacerlo en la capital.

Si nos remontamos a fechas pasadas, pero más cercanas en el tiempo, los años 60 / 70 aún contaron con aquellos bailes en los salones del casino; y luego, en los 80 y 90, se consiguió un resurgir de esta fiesta en la capital, con el baile de disfraces organizado por los universitarios y con aquella idea de instalar una carpa municipal que tan buena acogida tuvo por parte de los numerosos amantes de esta fiesta, y que implicó y benefició a los locales de ocio de la zona del Torreón que, por aquel entonces, bullía de público joven inundando sus calles hasta el punto de que éstas llegasen a estar cortadas al tráfico nocturno para tal fin.

Luego por todo lo anterior, parece no servir como excusa eso de que en Ciudad Real no hay carnaval, porque nunca ha habido tradición de celebrar esta fiesta.

Está claro que si existe alguna celebración que dependa de la calle, del espíritu ciudadano, de las ganas de divertirse y perder el sentido del ridículo, esta es el Carnaval.

Todo ello ha de llevarnos a una contundente conclusión: El carnaval no se puede pagar, no se puede comprar ni se puede programar en solitario; esto no funciona, señora Alcaldesa. La Ciudad, con sus vecinos y vecinas, es la dueña y señora de la calle y sus manifestaciones populares.

Si no se trabaja una verdadera participación, si no se cuenta con la opinión de los agentes activos implicados (hosteleros, comerciantes, asociaciones culturales, asociaciones vecinales, peñas, asociaciones juveniles….) y se les invita a diseñar un proyecto que a medio-largo plazo pueda consolidarse, de nada vale, tal y como queda demostrado este año, despilfarrar dinero público, (50.000 euros este año) tan necesario en estos tiempos para solucionar otras cuestiones de trascendencia.

La inteligencia, la imaginación y fundamentalmente la participación, han de ser la única vía reactivar tan añorada festividad, evitando así el fiasco que ha sido el Carnaval capitalino 2015, como lo seguirán siendo los próximos…o no, si por fin esto cambia y hay quien sepa gestionar nuestra ciudad y sus tradiciones con criterio.

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