Dejadme solo

Miguel Ángel Mora Cuesta.- Como torero que se precia, tras el revolcón de mayo, Mariano se ha levantado y ha gritado: “DEJADME SOLO”. Todo ello mirando al tendido y sin palparse el cuerpo dolorido.
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“Ahora voy a demostrar a todos quien soy yo” dice para sí y aparenta en el ruedo de la política. Sólo, con el vestido de torear prestado como solución de último recurso, hecho girones en la taleguilla de la Sanidad, la Educación o los Servicios Sociales se nos muestra como un maestro de la tauromaquia entero y valiente.

Consciente de lo contrario intenta hacernos creer que es valiente, que se arrima, que tiene arte. Todo a sabiendas de que los arañazos y los girones en el vestido se deben a que no ha sabido entender el toro que le ha tocado lidiar, destrozando las virtudes que apuntaba de inicio cuando salió de toriles y dejó que sus peones, entre ministros y baronesas, lo malograran bajo sus órdenes mientras se protegía en el burladero del plasma.

En medio de este desorden en la lidia aparece el picador de la Reforma Laboral que acaba, acompañado por el IVA, con las pocas fuerzas que sostienen al morlaco de la voluntad popular.

Acunado en tablas pero con casta, su enemigo (como él lo entiende) no puede hacer otra cosa que defenderse y embestir todo lo que se ponga a su alcance. Ha aprendido que la muleta es el engaño y no acude cuando se le llama. Acude cuando quiere y al reclamo que quiere.

Viendo que es demasiado tarde para continuar haciendo el Don Tancredo, mientras se pule varios millones de la Seguridad Social, se adorna con una rebaja miserable del IRPF.

“Esto es arte” se repite y le repiten los aduladores subalternos.

Pero hay que aligerar la faena, ya le han dado varios avisos. Solución a lo Mariano: Bajonazo de matarife con un nuevo Código Penal y una Ley de Seguridad Ciudadana.

PITOS, SILENCIO. Y se queda solo.

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