Pablo Iglesias, ¿es un caudillo populista?

Javier Fisac Seco.- Resulta poco menos que esperpéntico que la derecha clerical y tardofranquista, el Partido Popular, trate de desprestigiar a Podemos y aliados comuneros/municipales, calificándolos de “populistas”. A ellos, sus propagandistas académicos universitarios, periodistas y políticos, habría que preguntarles ¿qué es el populismo? Y nos ayudarían a entender de qué están hablando.
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Tal vez por eliminación pudiéramos aproximarnos a averiguar de qué hablan. ¿Es populista una Iglesia que, ignorando a Jesucristo, eleva a los altares, diviniza, como en Roma se hacía con los emperadores, a los papas y potencia el culto a la personalidad, como en la Alemania de Hitler o en la Rusia stalinista, mediante periódicas convocatorias de masas ante su jefe teocrático, el papa? ¿Qué ha hecho esta institución, referente ideológico, moral e intelectual, de la derecha española, por acabar con la miseria, potenciar el pensamiento crítico contra los dogmas neoliberales y defender el Estado de bienestar?

Durante siglos. No olvidemos que lleva gobernando junto a las monarquías y dictaduras desde el siglo V hasta el presente. Durante siglos lo único que ha hecho es bendecir la miseria. Bienaventurados son los miserables porque de quienes lo sigan siendo, será, una vez muertos, el reino de los cielos. Todo para ellos. Al mismo tiempo que ofrece este premio mortal, ha exigido a esos miserables, no que pongan fin a la miseria luchando contra sus causantes, la aristocracia y el capital, sino que, por mandato imperativo, les exige que obedezcan al Poder monárquico, dictatorial y teocrático y para asegurarles la vida eterna les ha exigido resignación, sacrificio, castidad y mortificación. Gracias a la Iglesia la vida encuentra sentido en la muerte. Alucinante.

En la encíclica “Rerum novarum” de León XIII, se puede leer esta exaltación de la miseria y la condena que hace este papa de socialistas, comunistas y anarquistas porque engañan al pueblo, a los miserables, prometiéndoles en la vida, no en la muerte, el bienestar que no tienen gracias a la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Durante siglos ha defendido la propiedad privada de los medios de producción. En una encíclica de Juan Pablo II, la “Centessimus annus”, se puede leer la defensa de la propiedad privada, del neoliberalismo, de la globalización y del libre comercio, hoy tratado de libre comercio, TTIP, que tratan de imponernos las multinacionales para destruir el Estado de bienestar. Odiado por los papas porque amenaza sus intereses multinacionales.

El populismo está indivisiblemente asociado al término “caudillo”. Y el caudillaje se fundamenta en el poder militar y, a falta de sufragio o de libertades y garantías políticas, trata de legitimarse invocando al pueblo llano, a los fieles creyentes o a la nación, como conjunto de todos los ciudadanos. Si los hay. En cuyo nombre gobierna, idealmente, para beneficio del pueblo. El caudillaje de las teocracias tiene un fundamento moral, basado en un Orden Moral Universal, que se impone al orden social y político, y que, sin embargo, sólo puede sostenerse aliado a las fuerzas políticas y militares.

En ambos casos se justifican en sí mismos por su función salvadora, imponiendo la obediencia, la sumisión y la pasividad al pueblo, creyentes o colectivo nacional. Porque el Caudillo es una especie de salvador iluminado y guía que surge en un momento de crisis o caos social. Este iluminado tiene mucho que ver, en sus orígenes bíblicos y divinos, con la derecha clerical y totalitaria y nada que ver con Podemos y Pablo Iglesias. A pesar de su debilidad o imprecisión ideológica.

Caudillos fueron Mussolini, Hitler y Franco- y muchos más-, casualmente, todos ellos católicos. Todos ellos bendecidos por el clero y todos ellos calificados de hombres providenciales – providencial quiere decir elegidos por dios para dirigir a su pueblo, sometido a la voluntad del salvador- porque salvaron la civilización capitalista y cristiana de la furia de las masas, empobrecidas por la explotación capitalista. De Franco aún podemos leer en sus monedas que fue “Caudillo por la Gracia de Dios”.

¿No era Franco populista? ¿No liquidó la democracia y gobernó para el pueblo, en su nombre, pero sin el pueblo? ¿No empezó a construir algunos de los pilares del bienestar social con la finalidad de impedir una revolución popular? ¿Acaso el mismo Hitler no construyó organizaciones populistas para que los trabajadores, arios y rubios, disfrutaran de vacaciones? ¿No fue Perón, otro católico apoyado por el clero, populista? ¿No fue Pinochet, tan católico que gracias a él hoy en Chile los jesuitas son los dueños de casi todo el sistema educativo? ¿Por qué la Iglesia está siempre al lado de los dictadores populistas?

¿No son todos estos dictadores, defensores del orden capitalista y auxiliados por la Iglesia católica, los inspiradores intelectuales del pensamiento político de Esperanza Aguirre?¿No son los papas populistas cuando convocan a las masas para que sean humildes, resignadas, sufridoras y obedientes al poder, mientras el poder se enriquece causando la miseria de los bienaventurados?

¿Por qué la Iglesia, fomenta el populismo, y siempre ha condenado a los partidos de izquierda? Fomentar la ignorancia, una característica del populismo, el culto al papa, e ilusionar a las masas con la esperanza en la muerte es algo más que una patología populista, es una farsa. De la que la derecha populista católica necesita para gobernar. Delirante.

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26 COMENTARIOS

  1. La palabra caudillo en nuestro entorno contemporáneo no se puede usar para definir a ningún líder político de un país democrático. Es una falta de respeto usarla y los canallas que la usan tratan de unir a figuras deleznables como Franco o Mussolini con los políticos actuales de izquierdas…ya les vale!!

    Dicho lo cual, a mi no me gusta Pablo Iglesias. No me gusta ese mesianismo al hablar, ni me gustan sus formas, algunas tan viejas y preocupantes como las del propio Aznar.

    La pena es que en este país, a un discapacitado, sea cual sea su coeficiente, no se le valora. Y Echenique es un auténtico genio político. Escucharle cinco minutos es suficiente para ver que ahí hay material suficiente para lo que se quiera pero, claro, su imagen no da la fortaleza que algunos quieren para esos puestos.

    Podemos, quiero creer, es mucho más que Pablo Iglesias. Junto al 15M trasciende a Pablo Iglesias y a ese cinturón «sanitario» que se ha hecho alrededor a base de «Bescansas» y que le acompaña siempre en las apariciones públicas a modo de guardaespaldas.

    Quiero creer que algún día habrá cambios, y aparecerá el líder que necesita Podemos y que para mi no es Pablo Iglesias. Sería perfectamente Echenique o, incluso Errejón. Pero habrá que dejar que la idea de Podemos y sus confluencias más IU y Equo se asienten y los «posos» dejen de flotar estropeando su sabor…

    • Si no tuviera la asertividad que fastidia tanto, a Pablo Iglesias se lo habrían merendado en dos tardes los doberman de la caverna mediatica. De hecho últimamente lo veo muy contenido.

      No todos los líderes políticos tienen un grupo mediático detrás protegiéndolos a sol y sombra.

      • Aparecer, decir «pajilla comunista» y acto seguido «no voy a molestar» ¿no es el culmen de la hipocresia?

        ¿No es como decir «eres un gilipollas pero no te voy a insultar»…?

        Un consejo que alguien muy sabio dijo una vez: «mas vale estar callado y parecer tonto que abrir la boca y demostrarlo»

  2. Queda claro que los comentarios de la ultraderecha son cada día más «elaborados». Qué miedo, estos ganan las elecciones 🙂 seguro…

  3. Cuando te mueres,no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto.

    Lo mismo pasa cuando eres un ultraderechista paranoico.

    Con cariño y ganas de que te tomes la pastilla.

  4. El autor es un completo insolvente intelectual.

    Es tal el cumulo de disparates e imprecisiones, que usted no escribe artículo, sino propaganda revolucionaria.

    Centesimus Annus «existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas».

    «Es deber del Estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como son el ambiente natural y el ambiente humano, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanismos de mercado».

    «He ahí un nuevo límite del mercado: existen necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanismos; hay exigencias humanas importantes que escapan a su lógica; hay bienes que, por su naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar. Ciertamente, los mecanismos de mercado ofrecen ventajas seguras. No obstante, conllevan el riesgo de una «idolatría» del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercancías».

  5. Para la Iglesia Católica «la propiedad de los medios de producción, tanto en el campo industrial como agrícola, es justa y legítima cuando se emplea para un trabajo útil; pero resulta ilegítima cuando no es valorada o sirve para impedir el trabajo de los demás u obtener unas ganancias que no son fruto de la expansión global del trabajo y de la riqueza social, sino más bien de su compresión, de la explotación ilícita, de la especulación y de la ruptura de la solidaridad en el mundo laboral. Este tipo de propiedad no tiene ninguna justificación y constituye un abuso ante Dios y los hombres» (CA). Es por ello que el principio cristiano del derecho a la propiedad, como bien explica la Laborem Exercens (LE), «se diferencia del programa del capitalismo, practicado por el liberalismo y por los sistemas políticos que se refieren a él, en el modo de entender el derecho mismo de propiedad. La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la entera creación: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes».

    «Además, la propiedad según la enseñanza de la Iglesia nunca se ha entendido de modo que pueda constituir un motivo de contraste social en el trabajo. Como ya se ha recordado anteriormente en este mismo texto, la propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producción. Desde ese punto de vista, pues, en consideración del trabajo humano y del acceso común a los bienes destinados al hombre, tampoco conviene excluir la socialización, en las condiciones oportunas, de ciertos medios de producción».

    «Desde esta perspectiva, sigue siendo inaceptable la postura del «rígido » capitalismo, que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción, como un «dogma» intocable en la vida económica. El principio del respeto del trabajo, exige que este derecho se someta a una revisión constructiva en la teoría y en la práctica. En efecto, si es verdad que el capital, al igual que el conjunto de los medios de producción, constituye a su vez el producto del trabajo de generaciones, entonces no es menos verdad que ese capital se crea incesantemente gracias al trabajo llevado a cabo con la ayuda de ese mismo conjunto de medios de producción, que aparecen como un gran lugar de trabajo en el que, día a día, pone su empeño la presente generación de trabajadores. Se trata aquí, obviamente, de las distintas clases de trabajo, no solo del llamado trabajo manual, sino también del múltiple trabajo intelectual, desde el de planificación al de dirección. Bajo esta luz adquieren un significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos en la doctrina social católica y también por el Supremo Magisterio de la Iglesia. Son propuestas que se refieren a la copropiedad de los medios de trabajo, a la participación de los trabajadores en la gestión y o en los beneficios de la empresa, al llamado «accionariado» del trabajo y otras semejantes. Independientemente de la posibilidad de aplicación concreta de estas diversas propuestas, sigue siendo evidente que el reconocimiento de la justa posición del trabajo y del hombre del trabajo dentro del proceso productivo exige varias adaptaciones en el ámbito del mismo derecho a la propiedad de los medios de producción».

    «El mero paso de los medios de producción a propiedad del Estado, dentro del sistema colectivista, no equivale ciertamente a la «socialización» de esta propiedad. Se puede hablar de socialización únicamente cuando quede asegurada la subjetividad de la sociedad, es decir, cuando toda persona, basándose en su propio trabajo, tenga pleno título a considerarse al mismo tiempo «copropietario» de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos. Un camino para conseguir esa meta podría ser el de asociar, en cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos intermedios con finalidades económicas, sociales, culturales: cuerpos que gocen de una autonomía efectiva respecto a los poderes públicos, que persigan sus objetivos específicos manteniendo relaciones de colaboración leal y mutua, con subordinación a las exigencias del bien común y que ofrezcan forma y naturaleza de comunidades vivas; es decir, que los miembros respectivos sean considerados y tratados como personas y sean estimulados a tomar parte activa en la vida de dichas comunidades».

  6. CENTESSIMUS ANNUS

    «queda mostrado cuán inaceptable es la afirmación de que la derrota del socialismo deje al capitalismo como único modelo de organización económica».

    «Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos Países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas de mercado» (CA).

    «Tras el derrumbamiento del edificio ideológico del marxismo-leninismo en los antiguos países comunistas, no se detecta tan sólo una pérdida de la orientación, sino también un apego ampliamente extendido al individualismo y al egoísmo que caracterizaban y siguen caracterizando a Occidente. Semejantes actitudes no pueden transmitir al hombre un sentido de la vida y darle esperanza. Todo lo más, pueden satisfacerlo temporalmente con lo que él interpreta como realización individual. En un mundo en el que ya no existe nada verdaderamente importante, en el que puede hacerse lo que se quiera, existe el riesgo de que principios, verdades y valores trabajosamente adquiridos en el curso de los siglos queden frustrados por un liberalismo que no deja de extenderse cada vez más» (Juan Pablo II, Discurso a los obispos alemanes de las provincias eclesiásticas bávaras en visita «ad limina» 4-12-92).

  7. Por último, en su Exhortación Apostólica Ecclesia in America, Juan Pablo II condena severamente el neoliberalismo con estas palabras: «Cada vez más impera un sistema conocido como «neoliberalismo»; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas».

  8. En conclusión; como dicen las Orientaciones para el Estudio y Enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, de la Congregación para la Educación, el catolicismo «no se deja dominar por las implicaciones socio-económicas de los dos principales sistemas, capitalismo y socialismo, sino que se abre a una nueva concepción».

    Por eso no es admisible la pretensión de unos pocos de querer justificar su incoherencia, su acomplejamiento, su falta de imaginación personal o la desesperada salvaguardia de oscuros privilegios e intereses privados, tergiversando a su antojo el Magisterio de la Iglesia para acercarlo a sus particulares planteamientos político-económicos. Hay que tener en cuenta, según la Congregación para la Educación, que «el análisis sociológico no siempre ofrece una elaboración objetiva de los datos y de los hechos, en cuanto que, ya en el punto de partida, puede encontrarse sujeto a una determinada visión ideológica, o a una estrategia política bien precisa».

    Es lo que ocurre con el análisis marxista, pero «éste peligro de la influencia ideológica sobre el análisis sociológico existe también en la ideología liberal que inspira el sistema capitalista; en él los datos empíricos están frecuentemente sometidos, por principio, a una visión individualista de la relación económico-social, en contraste con la concepción cristiana».

    «No se puede encerrar ciertamente el destino del hombre entre estos dos proyectos históricos contrapuestos, pues sería contrario a la libertad y a la creatividad del hombre».

    Es evidente, pues, que la Doctrina Social de la Iglesia no sólo no es favorable al capitalismo sino que, como bien decía el Breviario de Pastoral Social de la Comisión Episcopal de Doctrina y Orientación Social en 1959, «la Iglesia lo ha reprobado como contrario al derecho natural»

  9. Por todo lo cual, se puede ser catolico y antiliberal, ademas antimarxista, porque ambas violan fundamentos esenciales del derecho natural, la necesidad de proteger tanto el Bien Comun como el legitimo derecho a la propiedad determinado por la naturaleza humana.

    Y añado, por violar la necesidad de trascendencia del ser humano y reducir a este a la falacia de considerarle unicamente objeto de los intereses economicos de Estado o de Mercado. Violando por ello su Dignidad y esencia natural NO ECONOMICA.

    • De hecho, un autentico catolico es antimaterialista, y por tanto antiliberal y antimarxista.

      No solo de Pan vive el Hombre, pero si viviera de él, sólo el ganado con esfuerzo y honradez, el suyo, limpio de abusos y de idolatrias.

        • TODO EN VOSOTROS ES

          MENTIRA

          INSOLVENCIA CULTURAL E INTELECTUAL

          SECTARISMO

          NECEDAD

          MALICIA

          CALUMNIA

          Respecto al tema que este insolvente autor recurrentemente escribe.

          SOIS BASURA SECTARIA.

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