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Creación, procreación

- 3 mayo, 2017 – 12:0010 Comentarios

joseRivero2El mandato del Génesis ‘Creced y multiplicaos’ resulta equívoco casi siempre.
Y más en tiempos como estos de declive demográfico.

Declive en el Primer Mundo, que dejará de serlo por envejecimiento y pérdida de población.

Vean si no las tasas de fertilidad y de natalidad del Primer Mundo y del tercer Mundo.

No digamos nada de otros Mundos.

1528 CRANACH ADAN Y EVALa otra incredulidad del mandato bíblico del Génesis, es la de la pura aritmética.

Porque todo crecimiento creíble y razonable, es más una suma que una multiplicación.

Los crecimientos multiplicados y multiplicadores, llevan en su seno la sospecha de la especulación.

La sospecha de las operaciones exponenciales.

Toda especulación, de cualquier tipo incluso el espéculo originario que servía para mirar, acaba produciendo una burbuja.

Como la de la mujer preñada o la de la hembra en cinta.

Por lo que toda especulación acaba eyaculando y confundiendo.

Una suma de espermatozoides y de óvulos, como epítome de la procreación.

Que eso es el crecimiento propuesto e implícito en el mandato bíblico.

Toda multiplicación, y su consecuente aceleración, es más una desaparición.

Como quiere Paul Virilio cuando habla de ‘Velocidad  y desaparición’.

Adam and eve by Antonio Molinari (1701-1704)
Y es que todo lo veloz desaparece.

Y Todo lo lento permanece.

Y no por mor de los radares de la Dirección General de Tráfico.

Incluso esa aceleración, en el crecimiento celular comporta una enfermedad temible.

Había que garantizar, con ese crecimiento, el poblamiento primitivo sobre los entornos del Edén perdido.

Por ello el mandato era un imperativo, imparable e infatigable de poblar el secarral del pecado.

Y trabajarlo y regarlo con el sudor de cuerpo que se esfuerza y se fatiga y cansa.

Aunque el trabajo procreador acaba produciendo ,igualmente, fatiga sexual.

Como saben los sexólogos.

Reducir la fatiga sexual con gadgets, fármacos nuevos y vicios viejos.

Incluso inventado palabras inexistentes.

ADAN_Y_EVA_-_TAMARA_DE_LEMPICKALafollete, como nombre para un burdel resulta estimulante ¿Flamboyante, tal vez?

Pero eso sería en una época que había que dotar de equilibrio al contenido y al continente.

Y por ello, los nombre propios más que los nombres impropios.

Pero ¿se puede ser Flamboyante en pleno invierno?

Ya se sabe que lo Flamboyante apela a lo flamígero.

Como las espadas de los querubines que expulsaron a los que recibieron el mandato del crecimiento.

Y lo alteraron, o se alteraron  ellos por la fuerza de la carne

Y confundieron la procreación con la lascivia, el poblar la tierra con su fatiga y esquilmación.

José Rivero
Divagario

10 Comentarios »

  • Á. R. dice:

    Dios debía ser liberal o algo parecido, porque “creced y multiplicaos” es de hecho un principio de derecho natural que desarrolló nuestro primer constitucionalista manchego, el ilustrado León de Arroyal, cuando escribió una especie de constitución para España en la segunda parte de sus Cartas económico-políticas al Conde de Lerena. No debe extrañar que “liberus” en latín signifique “niño”. No hay nada más liberal que reproducirse, ya se ve.

  • Angel Manuel dice:

    Señala una de las grandes paradojas de Occidente. Judeocristianismo versus Malthusianismo.

    La crisis demográfica en verdad es una expresión más de la decadencia occidental. Los factores son diversos, morales, económicos y culturales.

    El relevo generacional y el conflicto inter e intrageneracional marcan nuestro conflicto político. Y nadie habla de ello.

    Y esa pesimista antropología que hace al Hombre inferior en dignidad a su ecosistema y al resto de las especies.

  • Charles dice:

    Un interesante artículo.
    Hace unos 10.000 años, una verdadera revolución sucedió en la forma de vida del ser humano. En Oriente Medio, algunos cazadores-recolectores descubrieron que podían obtener comida al año siguiente si plantaban parte de las semillas obtenidas el año anterior.
    En 5.000 años, la población mundial creció de 10 a 100 millones. Desde hace 50.000 años hasta el año 1810, la población mundial no brincó por encima de los 1.000 millones. En 1925, alcanzamos los 2.000 millones. En 1955, llegábamos a 3.000 millones. En 1976, ya éramos 4.000 millones. En el año 1986, alcanzábamos los 5.000 millones. En el año 2.000, superábamos los 6.000 millones y, actualmente, ya somos más de 7.000 millones de personas.
    A este ritmo de crecimiento, en el año 2050, llegaremos a los 9.500 millones y en el año 2.100, alcanzaremos la cifra de 10.900 millones de personas.
    Al parecer, los humanos hemos hecho caso al tradicional mensaje cristiano e imperativo bíblico: “Creced y multiplicaos” (Génesis 1:28).
    El problema está en que en esta nave espacial azul y llena de agua, que se llama Tierra, hay unas leyes que no se pueden obviar.
    Teniendo en cuenta que la cita bíblica se la suelta Dios a Noé justo cuando acababa de exterminar a la Humanidad, cabe esperar que, cuando menos lo esperemos, empezará la purga, el diluvio y la madre de todas las escabechinas.
    Todo por creernos una cita del Génesis, en la que sólo se refería a lo que nos serviría de alimento, pero no decía nada de microorganismos. Hay que fijarse en los detalles, ahí se esconde el Diablo…

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