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Manual del perfecto activista

- 31 mayo, 2017 – 10:0010 Comentarios

MarcelinoHay que provocar que la gente se sienta “tan frustrada, tan vencida, tan sin futuro en el sistema en el que viven, que sean entonces capaces de dejar atrás el pasado y cambiar el futuro”.

El manual del perfecto activista anima a estimular el agravamiento de la situación crítica que se padezca para, así, superar el umbral de hastío y provocar una reacción eficiente.

El activismo se caracteriza por trabajar en un espacio limitado, ya sea temático (violencia machista, hipotecas….) o territorial (un barrio, un país, una comarca, un colegio….)

El dirigente activista es aquel que detecta fisuras sociales y las canaliza, radicalizándolas. El que trata de aglutinar a personas comunes y corrientes en torno a las quejas y reclamaciones nacidas de ellas mismas para convertirlas en enérgicas protestas.

El dirigente activista sabe que el principal temor de la gente es cambiar el rumbo cogiendo nuevos caminos, por eso evita planteamientos extremos por fuera del sistema. Para generar menos resistencia, la radicalización debe hacerse desde dentro aunque se pretenda la subversión del mismo.

Debe manejar la gradualidad de los principio a implantar para conseguir que la comunidad o sociedad en cuestión se transforme en revolucionaria.

El dirigente activista sabe que 13 son las reglas de oro a seguir:

1.- Que el poder no es sólo el que se tiene, sino el que el oponente piensa que se tiene.

Es un principio psicológico. Para conseguirlo todos los actos deben aparentar mayor poder del real. La complicidad de los medios de masas es buscada con ahínco. A través de ellos, una pequeña concentración, debidamente grabada y multiplicada, puede convertirse en tema de actualidad.

2.- El dirigente activista no debe arrastrar a la gente fuera de los límites del asunto que preocupa, de lo contrario puede crear confusión, temor y generar interferencias en la comunicación.

Por tanto los mensajes deben ser unívocos, concretos y concisos, casi lemas publicitarios.

3.- Sin embargo al oponente sí hay que sacarlo de su ámbito de control, buscando su ansiedad, inseguridad e incertidumbre.

4.- Hacer ver que el oponente no es capaz de cumplir sus propias reglas. Que incumple los propios fundamentos en que dice sustentarse, al igual que “la iglesia no está a la altura del cristianismo que defiende”.

Hay que buscar la incoherencia interna del contrario en vez de atacarlo desde fuera, ya que esto podría fortalecerlo y unificarlo.

5.- La ridiculización del oponente es el arma más poderosa para provocar su rechazo social. Además lo enfurece, lo que le hará reaccionar de manera favorable a los intereses perseguidos.

6.- Una buena táctica es aquella capaz de divertir. Los programas de masas con formato humorístico son fundamentales (ridiculizan y divierten)

7.- Una táctica nunca debe llevar demasiado tiempo, sino se convertirá en una carga pesada.

El interés de la militancia sobre un asunto concreto sólo se conseguirá durante un período limitado.

Aunque la estrategia de presión política debe ser permanente, las tácticas deben ser específicas y de corta duración.

8.- Se debe mantener la presión con diferentes tácticas durante el período de ataque, utilizando todos los aspectos favorables a la estrategia.

Es decir, acciones relámpago encadenadas que incluyan el factor sorpresa y faciliten la iniciativa política.

9.- Una amenaza es más aterradora que el objeto con el que se amenaza.

Es el uso de la intimidación como arma.

10.- Toda táctica exitosa debe desarrollar acciones que mantengan la presión constante. Esta presión incierta es la que producirá reacciones de la parte contraria fundamentales para el éxito de la campaña.

11.- Si la presión es fuerte y profunda durante demasiado tiempo, el resultado puede ser el inverso al buscado. Cada positivo tiene su negativo. Hay que dosificar las acciones para controlar las reacciones del oponente.

12.- Todo ataque exitoso debe llevar aparejada una alternativa constructiva.

Sin este requisito clave, todo puede fracasar.

13.- Hay que elegir bien el objetivo, fijarlo y asociarlo con una persona concreta para, después, llevarlo al extremo.

Es más fácil demonizar a una persona que a un sistema.

Nada nuevo bajo el sol, salvo la estructuración y formación que hoy en día reciben al respecto miles de personas en el mundo. Obama fue un experto en adoptar y adaptar estas normas de la guerrilla activista y trasladarlas al campo de su acción política.

Tanto Soros, como las agencias secretas expertas en “aflorar” disensos sociales; los movimientos llamados populistas y sus opuestos. Todos (digamos prácticamente todos) han sido formados en las mismas prácticas.

No deja de ser curioso, ¿verdad?

Si los traficantes de armas trafican con todos los contendientes; si los bancos financian a todos por igual bajo tapaderas de diferente índole (no ha habido nada más centralizado que el sistema financiero a través del BIS de Basilea), no debe extrañarnos que exista una especie de Universidad Internacional del llamado “activismo social” encargada de formar a los futuros dirigentes.

¿Activistas?, sí; ¿sociales?, bastante menos.

Lo cual no quita el sincero idealismo de quienes se suman detrás de las pancartas con el legítimo derecho de querer mejorar las cosas.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz
mlastramuniz@hotmail.com

10 Comentarios »

  • Ángel Manuel dice:

    Muy ilustrativo su artículo.

    A mí el activismo me suena a manipulación, a manual programático de emociones que mucho destruyen y poco o nada construyen, a acción sin reflexión.

    Me impresionan los comienzos del cristianismo, una religión de descastados que consiguió una transformación social desde la experiencia de conversión interior, el único espacio serio para la revolución es el mundo interior.

    Si la sociedad de consumo (el yo, yo y el ya, ya) fija los valores hoy día (egoísmo y utilitarismo), nada mejor que volver a la espiritualidad para desautorizarla como autoridad moral.

    En el activismo hay “poco de hombres para los demás (Bonhoeffer)” y mucho de hombres de los demás.

  • Charles dice:

    Se diría que, mientras nos arrojan por la borda, lo hacen siempre muy atentos a nuestras especificidades y creencias, a nuestra excluyente diversidad.
    Lo peor es que lo empezamos a asumir como una victoria.
    Es inquietante el repentino interés que intelectuales y comunicadores están mostrando hacia la ‘alt-right’.
    Y es que algunas reivindicaciones empiezan a ser contradictorias con sus objetivos iniciales, de una forma tan sutil que los propios activistas no son conscientes de la espiral autodestructiva en la que están inmersos.
    Al fin y al cabo, un activista eficaz de verdad es, en el fondo, un psicólogo…

  • Ángel Manuel dice:

    Ahí Marcelino tienes un activismo de manual, el animalista.

    Yo que sufro a los activistas, pollos sin cabeza, puedo decir de ellos que son un neofascismo.

    La actitud debe ser la de plantarles cara, como hizo uno de mis referentes, Fritz Gerlich. Y si hay que ponerse bruto,…pues se hace. Si millones de alemanes se hubiesen puesto brutos con Hitler…

    Gracias por tu artículo.

    • ana dice:

      Totalmente de acuerdo. Lo difícil de entender es observar como tantos jóvenes -y menos jóvenes- siguen sus planteamientos. Causa desazón ver tanta oscuridad mental

    • Jajajajajajajajaja dice:

      Pobrecito, que sufre a los activistas, no así a los politicos corruptos. A esos es mejor seguir votandoles, ¿que mejor manera que esa para plantar cara a los activistas?

      • Ángel Manuel dice:

        Hay una manera, asimilar que corruptos y activistas por igual son peligrosos.

      • ana dice:

        Ser activista no indica nada ni bueno ni malo en sí. Primero, porque hay que ver que fin se busca con el activismo.

        ¿No te parece sospechoso que exista una red de formación de dirigentes activistas financiada por instituciones tan sociales como la Open Society, la Rockefeller Institution, Carnegie, etc?

        Bájate del guindo. Quizá tu participes en estas actividades y estás en tu derecho pero, ojo, que el pacifismo que pretendes defender, o el animalismo (por poner un ejemplo) etc, etc, suelen ser la fachada de objetivos deleznables. El problema es que se crea una ONG que se llama pacifista, y como se autodefine así, hay gente que se lo cree a pie juntillas ¿Qué piensas que los embaucadores van por ahí diciendo lo que son?

        La corrupción es intolerable. Sobre eso no hay nada que hablar.
        Y las organizaciones que se presentan en sociedad como activistas y en realidad su interés es otro son de una perversidad escalofriante, porque se aprovechan de la energía y buena fe de quienes los siguen.

  • ana dice:

    Para mí, este manual del perfecto activista al que hace referencia Marcelino está siendo aplicado tanto por la llamada izquierda como la llamada derecha. En esta uniformidad en la acción es donde se adivina la simbiosis a la que están llegando ambas.

  • Francisco de Goya dice:

    Hace unos mese estuve un una concentración en contra de la guerra de Siria. Cuando leyeron el comunicado me quedé sorprendido. Fue un alegato donde se puso a parir a Rusia.
    Me quedé de piedra.
    En ningún momento se habló de la responsabilidad de EE.UU., Francia, Inglaterra, la OTAN. Me sonó raro, pero no pensé más en ello. Al leer este artículo, me hace reflexionar que aquel grupo llamado pacifista y feminista de mujeres de Ciudad Real, o algo parecido, en realidad estaban haciendo propaganda barata a favor de la OTAN y sus aliados,

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