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El funcionario público: Forjador político del Estado

- 7 julio, 2017 – 09:0226 Comentarios

MarcelinoSi hay una figura clave para sustentar el entramado institucional y político, esa es la del funcionario público. Cuando éste cumple con su misión, el Estado y la Nación que lo alberga están protegidos. Cuando el funcionario se relaja, tanto el Estado como su Nación corren el riesgo de resquebrajarse.

¿Qué es un funcionario? La etimología de la palabra nos lo dice con claridad:

“Aquel que ejerce un deber”

En contra de lo que suele pensarse el funcionario puede ser público o privado. De hecho así sucede en algunos países de Hispanoamérica donde aún se mantiene el significado original de la palabra y se denomina funcionarios a los trabajadores de las empresas privadas.

Si un funcionario es aquel que ejerce un deber, ¿a quién se debe el funcionario público? Al Estado y al sujeto político del mismo, la Nación.

Todos los funcionarios públicos sin excepción –aunque no formen parte de la milicia ni de los cuerpos de seguridad- son un ejército, “sui géneris”, pero ejército al fin, cuyo deber es defender al Estado y, a través de él, al conjunto nacional.

Por tanto, todo funcionario hace política, le guste o no; el problema es cuando su ejercicio político lo hace de manera pasiva o a la ligera.

Quiero referirme ahora a los funcionarios involucrados en los ámbitos educativos y culturales para gritarles –en sentido figurado, por supuesto-

Que España es un Imperio Cultural totalmente abandonado.

Que nadie se eche las manos a la cabeza por utilizar la palabra Imperio. Es una forma de decir que la cultura hispana trasciende los límites de nuestras fronteras e integra a otros países de la tierra. A su vez, ese imperio carece de metrópoli, y a todos los que formamos parte de aquél nos debería interesar, y mucho, su desarrollo, promoción y divulgación. Dicho esto, volvamos a nuestro país.

Posiblemente los profesores de historia, de literatura, de lengua, de filosofía, etc., no saben, o no quieren, defender políticamente la historia, literatura, etc., etc., españolas frente a otras, cuando, en tanto funcionarios públicos, deberían estar obligados a ello.

El gran filósofo español Gustavo Bueno –fallecido el año pasado a punto de cumplir 92 años- decía que Marx se había equivocado al establecer en la dialéctica de la lucha de clases, ligada a la propiedad de los medios de producción, el motor de la historia. Bueno argüía que la historia no se explica tanto por la lucha de clases, sino por la dialéctica entre Estados.

Es la interacción entre Estados lo que realmente explica la historia.

Frente al materialismo histórico marxiano, Gustavo Bueno creo el materialismo filosófico, el cual incorpora parte de la sistemática del propio Marx y la metodología escolástica lo que, a mi modo de ver, le da una profundidad extraordinaria. El culmen de su método es, según él mismo lo denominó, el “Cierre Categorial”.

Gustavo Bueno es considerado uno de los grandes filósofos mundiales del siglo XX. Algunos lo califican sin recato el número uno. Lo que está claro es que Bueno fue una eminencia.

A través del método de Bueno se ve perfectamente como la historia, la literatura, la filosofía, el arte, las ciencias….., son constructos políticos, y estas construcciones son fruto de la dialéctica de los Estados. Por tanto, un Estado está obligado a defender su posición respecto del resto salvo que acepte quedar a merced de la opinión interesada de los demás.

Los funcionarios públicos españoles de la enseñanza tienen el deber político de defender la posición de España frente al resto de los países en las asignaturas de las que son competentes. Y esta postura deben defenderla, en primer lugar, ante sus alumnos. Si se renuncia a dicha dialéctica desacomplejada,  los alumnos de hoy serán los adultos que mañana deambularán buscando quiénes son, riendo las gracias a las rebajas del Black Friday de moda. España quedará diluida en la nada por omisión de quienes tienen el deber de defenderla frente a los demás actores involucrados (Estados con intereses diversos) Y aquí no valen “buenismos” noños.

Este constructo político es el responsable de los cánones que luego se estudian como verdades absolutas. Pongamos dos ejemplos muy conocidos en los ámbitos de poder académico

El idealismo alemán, ansioso de constituirse en una nueva Grecia clásica, (en el sentido de ser capaces de crear las condiciones para que tuvieran lugar grande obras equivalentes a las clásicas del país heleno) no tuvo pudor en rebajar la importancia de Homero para tratar de asimilarlo todo lo posible a Goethe. Evidentemente esto pudo ser porque el Estado griego no contraatacó en defensa del inigualable Homero. Finalmente, los alemanes lo consiguieron. Y sin atreverse a desbancar del todo a Homero, colocaron a Goethe en su regazo, sin merecerlo.

¿Quién fue Shakespeare? ¿Fue Marlow, Fletcher, Bacon?

¿Ocuparía Shakespeare el lugar que ocupa en la literatura universal sin la intervención realizada en su favor por Gran Bretaña? Definitivamente, no.

El dramaturgo inglés es la típica respuesta de un Estado que quiere ser el Imperio número uno del mundo y sabe quién es su oponente: España. Y manejó perfectamente la dialéctica cultural haciendo política de Estado con ella.

Si Shakespeare hubiera nacido en Zambia o en Rumanía jamás hubiera formado parte del canon literario occidental. Hay que formar parte de un Imperio con la suficiente fuerza política en la configuración del canon correspondiente para pasar a la historia.

Es de sobra conocido el misterio que rodea la existencia de Shakespeare, y a la autoría de las obras firmadas bajo ese nombre.

No es este el lugar para analizar la obra de “Shakespeare” y compararla –siempre la dialéctica del materialismo filosófico de Gustavo Bueno- con Cervantes. Pero adelantemos algunos trazos de suma importancia, siguiendo a Jesús G. Maestro (discípulo de Gustavo Bueno) autor de la primera teoría de la literatura escrita en español, después de medio siglo, donde hubo que recurrir a traducciones del inglés, alemán o francés por falta de obras autóctonas.

Para Jesús G. Maestro, “Shakespeare es un verdadero polizón, colado por la influencia del imperialismo académico del mundo anglosajón, que viaja de paquete en el canon literario occidental”.

Gustavo Bueno decía que las lenguas son tecnologías, no signos de identidad, ni nada por el estilo.

Y que el español es de una tecnología muy elevada ¿Por qué? Porque permite la elaboración y concreción de todo tipo de ideas por abstractas y complejas que sean y, a su vez, difundirlas automáticamente a 550 millones de personas, cosa que no sucede con otras lenguas por respetables que sean.

Pero a su vez, esta tecnología está en competencia permanente con otras. En esta dialéctica el que se relaja pierde ¿Y qué se pierde? No sólo una tecnología, sino una forma de entender el mundo capaz de hacerse realidad gracias a esta tecnología que supone, por otro lado, una cosmología diferente a la del mundo anglosajón, imperante en el mundo actual.

Por lo antedicho, Jesús G. Maestro dice:

“Una tecnología hablada por 550 millones es una amenaza para un imperio como el británico que pretende imponer su tecnología propia basada en el inglés”. “La tecnología de la literatura es el lenguaje. Por eso una literatura que haya construido una obra como El Quijote mediante su propia tecnología, sólo puede ser contestada mediante la construcción de una mitología de un autor que trate de equipararse a Cervantes. Entonces el academicismo inglés construyó a un tal Shakespeare para tratar de ponerlo a la altura de Cervantes”

A partir de 1.768, la Enciclopedia Británica dice: “Shakespeare es el más grande escritor de todos los tiempos”

Este despropósito sólo es posible en unas mentes que pensaban:

“¿Cómo es posible que esta gente haya construido una sociedad política que les haya permitido llegar a continentes donde no habíamos llegado nosotros y crear una literatura más potente que la nuestra?”

Y es que la literatura, como la historia, como la filosofía……son como la guerra, una continuidad de la política. Y, de hecho, la cultura es un sinónimo de la política.

Me dirijo a los profesores de literatura, de historia, de filosofía………de cualquier materia, que sean funcionarios públicos, a que asuman su papel más grande, el de guardia pretoriana encargada de defender ante sus alumnos el papel de España frente a los otros estados. Como funcionario público debe no sólo defender, sino promover la creación en esta tecnología elevada, que decía Gustavo Bueno, y divulgarla.

Por último, a los representantes políticos. Si alguien está obligado sin excusa alguna son ustedes, Sra. Alcaldesa, Sr. Concejal.

¿Se imaginan que el Museo de El Quijote se convirtiera en un centro universal de explicación comparada de la obra cervantina siguiendo la metodología del materialismo filosófico de Gustavo Bueno? Háganlo. Mejor dicho, hagámoslo.

El Quijote contiene el genoma de la literatura, donde se reinterpretan todos los géneros literarios anteriores y posteriores a él. La novela Numancia es una tragedia que secularizó todos los valores de la tragedia antigua y dispuso la secularización del resto de las tragedias escritas después.

Los entremeses y las comedias fueron en su época un teatro alternativo no comprendido hasta 3 y 4 siglos más tarde, sobre todo por el mundo académico.

La Galatea y el Persiles son el alfa y el omega de la producción cervantina para subvertir todos los géneros anteriores, comenzando por el pastoril y la novela bizantina.

Cervantes compuso en todas las formas literarias existentes.

¿Se dan cuenta del oro potencial que tienen en sus manos?

Estimados funcionarios públicos, comenzad vosotros en vuestros círculos, en vuestras clases. Dad ejemplo.

Si surgen dudas, ya sabéis cómo se resuelven: Preguntando.

Eso de durar y transcurrir

No nos da derecho a presumir

Porque no es lo mismo que vivir

Honrar la vida………………….

PD: Os dedico esta vital canción “Honrar la vida” de Eladia Blázquez. Interpretada por Sandra Mihanivich, acompañada al piano por el genial Lito Vitale, en el estudio de la casa de este último.

https://www.youtube.com/watch?v=tA-xkOBfzIs

 

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz
mlastramuniz@hotmail.com

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26 Comentarios »

  • Hobbes dice:

    Has escrito seis palabras clave (Con independencia de la finalidad del texto):

    “Cuando éste cumple con su misión”.

    Hay funcionarios que se merecen un pedestal, ahora que ha quedado libre uno en la Plaza de España…. Son muchos. Y, deberían ser objeto de adoración por parte de todos.

    Hay funcionarios que no merecen la plaza que ganaron, a saber cómo (de eso sabemos mucho en esta ciudad y esta región); y otros que la ganaron y la deshonran a diario siendo unos holgazanes o unos corruptos. A todos esos habría que mandarlos a la calle sin remilgos. Servir al Estado es algo muy serio.

    Por lo demás, un artículo de toma pan y moja, como siempre. Y, un aviso a navegantes: para ser funcionario, debería ser clave saber escribir con esa tecnología de 550 millones, y algunos de los que pasan aquí la mañana, no saben hacer la O con un canuto.

  • Angel Manuel dice:

    El funcionario público creo, Don Marcelino, primero se debe a la Ley, y en su carácter, al servicio de su comunidad.

    No le deseo ni al diablo un Estado sin sometimiento a la Ley. Ni el propio diablo podría sentirse seguro en una sociedad sin imperio legal. El imperio de la Ley fija la auténtica igualdad, y no ese igualitarismo que es un deseo totalitario no de hacernos iguales, sino de que pensemos igual.

    Gustavo Bueno fue un intelectual molesto para todos aquellos intelectuales de izquierda mayosesentayochistas porque rompe con el mensaje progre y a la vez con el mensaje no secular o retro. Fue un intelectual con personalidad y carácter muy propios, un testigo privilegiado y directo del mundo de la cultura y del pensamiento durante la dictadura. Conocedor y colega de pájaros como Enrique Tierno Galván y conservadores como Julián Marías.

    De Gustavo Bueno especialmente me gustaba su fuerte carácter y forma de expresarse llana. Porque además de saber, hay que saberse hacer entender.

    Celebro la ocasión para rendirle homenaje a un intelectual ateo, honesto y sensato.

    Ciertamente el mayor activo del imperio estatal es el lenguaje, y España es potencia acomplejada con cultura definida, infravalorada por sus líderes, y por los propios españoles.

    Si hubiese que orientar la enseñanza de la Historia a un objetivo concreto, sería a la revisión historiográfica liberal (anglosajona) de la Historia de España. Llevamos dos siglos con el diablo anglosajón escribiendo e interpretando nuestra Historia.

    España fue, es y será una potencia cultural antagónica a la anglosajona. España es directa heredera y no contaminada de barbarismos culturales escandinavos, de Roma y de lo mejor de las superiores civilizaciones mediterráneas, su capacidad de integrarse en otras culturas y no de eliminarlas, que es la experiencia de los rubios con los ojos claros, los hijos del hielo de corazón gélido.

    Somos hijos del Sol, ellos de Odín.

  • mayor dice:

    Los buenos funcionarios son los que creen en lo público , los demás hay esta pasando el tiempo.

  • Antonio Fernández dice:

    Anécdota:
    Hay colegios publicos donde se practica la enseñanza bilingüe, esto es, que además de horas de refuerzo de ingles, se imparten en dicho idioma musica y sociales.
    Y aqui viene lo gordo: estudian en ingles…¡HISTORIA DEL REINO UNIDO!
    Está todo dicho

  • Charles dice:

    Excelente artículo.
    En 2016, las administraciones públicas contaban con un total de 2.522.819 empleados públicos, de los que el 60,8% es funcionario, el 23,5% es personal laboral y el 15,7% el resto del personal.
    Un 45,2% son hombres y un 54,8% son mujeres. Hay un funcionario por cada cuatro asalariados privados.
    Creo que se debe mejorar la ‘productividad’ para ser más eficiente y tener mejor valoración entre la población.
    Aún nos queda mucho camino hasta conseguir borrar estereotipos y clichés y presentar una nueva imagen del funcionario en España que, obviamente, debe asumir la función que se le asigna en el artículo….

  • Antonio Fernández dice:

    Speach:
    Cuando la autoestima está baja (reconozcámoslo, desde el “gol de Iniesta”, con la crisis y los capitulos de corrupcion, la apreciacion de nuestra marca España es muy triste) te cuelan cualquier cosa, con la idea de que cualquier cosa tiene mejor salud que tú.
    Asi, con el marchamo de calidad del “idioma internacional”, se practica sistemáticamente publicidad engañosa: basta que algo se anuncie con algún anglicismo mas o menos amplio para dar a entender que el producto (lo que sea) es de categoria.
    Patético

    • Ángel Manuel dice:

      Efectivamente.

      Y en el caso del español es imperdonable, pues además de idioma tenemos un perfil cultural marcado. Tanto como el anglosajón o el chino. Para mí las tres potencias culturales más extendidas en el planeta.

  • Á. R. dice:

    Puntualizaciones:

    *Jesús G. Maestro, cuyas contribuciones a la crítica son ciertamente encomiables, no es “autor de la primera teoría de la literatura escrita en español”, sino un tal Antonio García Berrio. Hay además una tradición española e hispanoamericana anterior más que notable y nada desdeñable, también en el siglo XX. Se lo dice uno que ha estudiado esa asignatura en la carrera.

    *La “Numancia” de Cervantes no es una novela, es una tragedia clasicista con algunas aportaciones (algún personaje alegórico, etc).

    *Gustavo Bueno es un pensador interesante y que ha hecho aportaciones consistentes a la filosofía, pero tampoco es el copón.

    *Shakespeare tuvo la ventaja de ser inglés, pero lo que lo hace grande es su universalidad: se inserta, acepta y evalúa en tradiciones no tan disímiles a la suya (todas las occidentales proceden de la hibridación entre la cultura grecolatina y la semítica). Pertenece a la literatura universal y está en el “Canon occidental” de Harold Bloom justamente. Tal vez le sorprenda saber que en ese canon, escrito por un anglosajón, figuran también Cervantes, Manrique, el Romancero, Luis Cernuda, Borges y Neruda, entre otros.

    *El “multiculturalismo” es una ideología con cosas aprovechables, pero ha sido acusado precisamente de haber hecho degenerar la educación superior (así lo afirma Bloom, por ejemplo).

    • Ana dice:

      Por incordiar un poco, Don Ángel:

      En el artículo no pone que Maestro sea el autor de la 1ª Teoría de la Literatura. Pone que es la 1ª Teoría de la Literatura escrita en español después de medio siglo.

      Que Harold Bloom incluyera en el canon obras y autores Españoles……¡Hombre, faltaría más! El asunto de que trata el artículo no es ese; es la elevación al altar de Shakespeare sin merecerlo.

      Mire, Don Ángel. La aportación de Cervantes es infinitamente superior a la literatura universal que la de Shakespeare. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo, en ese aspecto. Y se lo dice alguien que ha dedicado parte de su vida precisamente a estudiar a fondo la obra Cervantina frente a la de Shakesperiana. No hay color, excepto la propaganda.

      ¿Gustavo Bueno? Extraordinario. No lo ha estudiado Ud, D. Ángel, reconózcalo. Tampoco ha aprendido su método. Merece la pena que lo haga. Reconozco que hay que disponer de un tiempo del que a veces no se dispone. Pero insisto. Créame. Extraordinario.

    • Ana dice:

      Por incordiar un poco, Don Ángel:

      En el artículo no pone que Maestro sea el autor de la 1ª Teoría de la Literatura. Pone que es la 1ª Teoría de la Literatura escrita en español después de medio siglo.

      Que Harold Bloom incluyera en el canon obras y autores Españoles……¡Hombre, faltaría más! El asunto de que trata el artículo no es ese; es la elevación al altar de Shakespeare sin merecerlo.

      Don Ángel. La aportación de Cervantes es infinitamente superior a la literatura universal a la de Shakespeare. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo, en ese aspecto. Y se lo dice alguien que ha dedicado parte de su vida precisamente a estudiar a fondo la obra Cervantina frente a la Shakesperiana. No hay color, excepto la propaganda.

      ¿Gustavo Bueno? Extraordinario. No lo ha estudiado Ud, D. Ángel, reconózcalo. Tampoco ha aprendido su método. Merece la pena que lo haga. Reconozco que hay que disponer de un tiempo del que a veces no se dispone. Pero insisto. Créame. Extraordinario.

      • Á. R. dice:

        Por “incordiar” un poco, dilectísima Ana:

        Si ha dicho que es la primera Teoría de la Literatura escrita en español después de medio siglo, también es un error (disculpable, por demás) en este caso también suyo.

        No he dicho que la aportación de Cervantes sea inferior a la de Shakespeare (no lo es: y en eso coincido; entre otras cosas, creó la novela moderna en Occidente… aunque ya lo hubiera hecho en Oriente una mujer, Murasaki Shikibu), así que no me ponga palabras en la boca.

        En cuanto a la obra de Gustavo Bueno, no la he estudiado “toda”, ni creo que usted tampoco, como dice, aunque es muy cierto que más que yo, como también mi amigo Marcelino, que es hombre muy sabio y al que leo muy a gusto (y mira que me cuesta trabajo leer a gusto); pero conozco algo su teoría de la religión (en lo que creo que su aportación sí es mayúscula, a mi juicio -que no vale gran cosa, aunque algo sepa de la materia-); pero muchas de las afirmaciones de Bueno siempre me han parecido (y a varios más) bastante extemporáneas y más de sofista y de “incordiador” que de otra cosa (también es verdad que en la filosofía española hay más sofistas que él y que no valen nada a su lado).

        Es todo, Ana.

  • Censor dice:

    Un compañero de trabajo me contó lo siguiente:

    Durante una tutoría le dijo al profesor que su hijo conocía el nombre del último arroyo que cruzaba la más escondida aldea de Castilla la Mancha, pero no conocía el Ebro o el Miño. El profesor miró a un lado, a otro, abrió un cajón de la mesa y sacó un mapa mudo de España: “No está en el programa, pero como me lo han enviado junto a los mapas de la región, se lo voy a dar a los chicos”.

    Otra:

    En una ciudad de la costa Valenciana. Un grupo de niños de cinco o seis años van por un parque cogidos de la mano. Visten la misma camiseta, una gorra les protege del sol. Los treinta niños son vigilados por tres monitores. Los niños, anárquicos y juguetones, reciben órdenes y reprimendas constantes de sus monitores. Los niños hablan y juegan entre ellos utilizando el español; los monitores se dirigen a los niños siempre en valenciano.

  • Intercolumno dice:

    Estoy con Ángel Manuel. El artículo parece una ordenanza dirigida a menestrales del siglo XVI (empleados imperiales, obreros y artesanos que laburaban bajo el capricho, la amenaza y el castigo de los soberanos) en vez de a funcionarios de carrera y oposición del siglo XXI que cumplen sus trabajos con las garantías y el imperio de la ley.

    Por otro lado, lo característico de Cervantes es su pedagógico y españolísimo sentido del humor (“¡que son molinos, no gigantes!”) que nos encanta aliviándonos y amparándonos del desengaño. De Shakespeare, una desazón existencialista (“to be or not to be”) que no da tregua al desencanto sin amparo y más alivio que el desengaño.

    • Pensamiento crítico dice:

      La escuela pública en Gran Bretaña, Alemania, Francia, incluso Italia, se caracteriza por la exaltación de su propia cultura frente a la de los demás. Es una característica de los funcionarios públicos en cualquier país. Eso no significa denostar las culturas ajenas. Pero el objetivo primordial es inculcar en los alumnos el sentimiento de orgullo y pertenencia sobre aquello de lo que forman parte.

      No se trata de ordenanzas a menestrales de ningún siglo pretérito.

      Es algo absolutamente lógico.

      • Intercolumno dice:

        Lleva razón, salvo en el caso de Italia, pues ahí tiene la Liga Norte que aboga por una Gran Padania y que mira hacia el sur más o menos como los independentistas catalanes lo hacen peninsularmente. Pero creo que los españoles somos de genes menos endogámicos y – virtud o defecto – asimilamos y toleramos mejor las culturas que nos ha tocado en suerte descubrir, pese a las leyendas negras que nos atribuyen. Pongo, como ejemplo entre otros muchos, un caso extremo del que no hemos hecho buena memoria en nuestras escuelas: el naufrago onubense Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje, convertido en jefe maya por amor, dice la leyenda, o por ingenio, como es más presumible, y que dio batalla hasta su muerte a sus antiguos compatriotas; traidor para unos, ejemplo de supervivencia para otros, lo cierto es que demuestra unos genes bien dispuestos para adpatarse a las circunstancias que le tocó vivir.

        A mí no me gustaría contribuir a la escalada de nacionalismos patrioteros de Europa. Podríamos extendernos mucho – y no es cuestión – sobre los procesos de estatalizaciones nacionales (peligrosas exaltaciones de las culturas propias, al fin y al cabo) que desde Napoleón camparon a sus anchas arruinando para los restos una verdadera Europa de los pueblos (la de frisones, vascos, borgoñeses, lombardos y así un largo etcétera) y que llevó, finalmente, a las grandes guerras, mundiales, dicen, pero nuclearmente europeas.

        Yo no digo que no haya que honrar nuestro idioma y nuestra cultura en lo que tenga esta de honorable; de hecho, soy de los que piensan que la patria es el idioma y, por eso, nunca me he sentido extranjero en Iberoamérica. Pero otra cosa es el sentimiento patriótico, y, con los antecedentes que tenemos y estando como está la cosa, me parece que es un terreno muy delicado en el que hay que andar con pies de plomo. Desde luego es un debate que da para mucho y yo, conste, no encuentro conclusiones que satisfagan todos los puntos de vista. Quizá sea ese el problema: el laberinto español.

        En todo caso, si alguien se ha sentido ofendido por el anacronismo de mi comentario, pido disculpas, no era mi intención. Precisamente, las intenciones creo que son lo que cuentan y reconozco en Marcelino una persona culta y bienintencionada de la que estoy aprendiendo muchas cosas. Mis respetos y gratitud hacia él. Y mi saludo a todos, ya que si algo une a los que aquí escriben y a los que comentamos, por encima de ideologías y pensamientos, es nuestra preocupación y ganas de mejorar las sombrías circunstancias que vivimos.

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