Cacicadas de arriba, necedades de abajo

MarcelinoCuentas las crónicas una historia acaecida hará algo más de un lustro. En ese entonces, un empresario de nuestra provincia descolgó el teléfono y marcó un número.

Quedaba poco tiempo para poner fin a una nueva obra. No era una más. Era su obra más querida. También la más complicada por muchos motivos. Estaba a punto de dar a luz un nuevo negocio. Tenía vértigo; era un sector desconocido. Se arrepintió de haber accedido a los deseos de su hijo y arriesgar parte de su dinero en donde no se le había perdido nada.  “A lo hecho pecho”, se dijo; y se puso a buscar a alguien idóneo para sacarlo adelante. Enseguida se percató que la tarea no sería fácil.

Un día entró en contacto con cierta persona más conocedora que él del sector al que iba enfocada su nueva actividad. Descubrió que tenían un amigo en común y la complicidad fruto de tal circunstancia lo animó a hacerle una pregunta:

-¿No conocerás a alguien que pudiera hacerse cargo de todo esto, verdad? Alguien de confianza, con solvencia profesional. – Su interlocutor quedó pensativo y, según él mismo contaría con posterioridad, recordó a una mujer con los requisitos necesarios.

-Si quieres puedo ponerte en contacto con alguien que ni anillo al dedo.

Así fue como el Empresario tuvo conocimiento del número telefónico que acababa de marcar. La Mujer atendió la llamada. El Empresario se presentó y le hizo saber de parte de quién llamaba. Establecido el contacto quedaron en que el Hijo del Empresario iría a la ciudad donde la Mujer dirigía un negocio similar al que estaban por abrir.

El encuentro tuvo lugar en menos de una semana. El Hijo quedó muy conforme y así se lo transmitió al padre. Llamaron a la Mujer y la animaron a tener una reunión conjunta, los tres, en la ciudad-sede del negocio. En pocos días, la Mujer cogió el tren y se presentó en el lugar y hora convenidos: Un bonito hotel a las 14:00 hras. Evidentemente iban a comer.

Todo fueron parabienes. El Empresario alardeando de su ojo clínico dio el visto bueno a la Mujer. Los aspectos principales del contrato se pactaron a los postres. El Hijo se retiró antes y Empresario y Mujer continuaron tomando un café de sobremesa.

-Te voy a ser sincero. Este negocio me tiene a mal traer. He invertido mucho dinero, y no quisiera fracasar –comentó el hombre.

La Mujer tenía sobre la mesa del restaurante los planos. Los volvió a revisar. Preguntó al Empresario lo que consideró oportuno. Antes de la reunión, ella había hecho los deberes y llevaba en la cabeza el modelo de explotación más idóneo para ese tipo de negocio en el lugar y zona de influencia donde estaría ubicado.

-¿Qué rentabilidad quiere conseguir? –le preguntó.

-¿Rentabilidad? Mira, con no tener pérdidas me conformo. Tengo otros negocios. Van bastante bien, aunque sin tirar cohetes por la crisis. Lo que no quiero es que el nuevo se coma los beneficios de los otros –el Empresario mostró a la Mujer su lado más sincero.

-No se preocupe. No los va a perder. Es más, le aseguro que tendrá beneficios.

Al cabo de mes y medio la Mujer se incorporó como directora del nuevo proyecto. Hizo los cambios necesarios para dotar a las instalaciones de carácter propio rediseñando lo que consideró oportuno. Seleccionó al personal y lo formó en los aspectos necesarios. Hizo una preapertura comercial muy exigente con el fin de llegar al punto de equilibrio no más allá del segundo mes. Nadie se lo había pedido, pero le gustaban los desafíos. Además quería sorprender al Empresario y al Hijo. Se multiplicó para conseguirlo.

El negocio se inauguró. Al finalizar el primer mes, el beneficio operativo fue de un 25% sobre ventas. El Empresario sonrió incrédulo al enterarse. No lo podía creer. Su Hijo, menos. Curiosamente ninguno le dio la enhorabuena. Los siguientes meses fueron cada vez mejor. El Empresario que se conformaba con no tener pérdidas para que el nuevo negocio no se comiera los beneficios de los otros, se encontró con que año y medio después, aquella empresa era la que alimentaba  a otras que habían comenzado a decaer. El resto de los negocios eran explotados por otros hijos a quienes la Mujer apenas llegó a tratar. El Empresario tomó la peor de las decisiones posibles: Hizo caja única con todos ellos transfiriendo recursos de uno a otro para cubrir cada tesorería en función de su necesidad.

¿Por qué?

El Empresario siempre quiso dejar a cada hijo un negocio diferente y se revolvía ante la posibilidad de no poderlo cumplir.

La directora del proyecto nuevo –ya no tan nuevo, al cabo de 18 meses- preparó un plan de crecimiento. Solicitó una pequeña inversión, le fue denegada. Por el contrario, le plantearon una reducción del sueldo de un 25%

-Ganas demasiado –le dijeron ambos, hijo y padre. Y comenzó la operación derribo.

La estrategia fue perfecta.

Hicieron correr la voz entre los trabajadores que aquella mujer ganaba más que nadie. Efectivamente era así. Ganaba lo que había pactado en la comida a tres en el restaurante del hotel bonito. En esos momentos el beneficio operativo era de casi un 50% sobre ventas.

El Hijo y el Empresario se repartieron los papeles y comenzaron a reunirse con los empleados, cuya directora era la Mujer, para plantearles si ellos serían capaces de hacerse con las riendas del negocio, ya que llevaban 18 meses viendo cómo se hacía. Todos, excepto uno, dijeron que sí –según la versión general- Cada uno había sido, en su día, seleccionado por la Mujer. El 80% tuvo su contrato fijo al cumplir el primer año. La Mujer puso a disposición su cargo cuando le dijeron, padre e hijo, que allí no se hacía fijo a nadie, que debía renovarse la plantilla al completo. Que esa era la filosofía de la empresa. Ganó el pulso. Los mismos por los que la Mujer se había jugado el puesto dijeron que el negocio se llevaba “con la gorra”.

El Empresario al ver cómo sus otras empresas pasaban dificultades inesperadas decidió ahorrarse el coste de la persona que dirigía la de mejor resultado, bajo el contundente argumento de que era la que más ganaba.

Un primero de un determinado mes, la Mujer fue al despacho del Empresario a rendirle cuentas del mes anterior, como siempre hacía. Después de comentarle que las ventas habían aumentado un 80% respecto del mismo período del año anterior, con idénticos gastos, y de volver a llevarle el plan de crecimiento para que se lo aprobara, el Empresario le entregó la carta de despido ¿El argumento? Que el negocio ya estaba encaminado y tenían que ajustar costes. La reducción de gastos era para echar un cable a las otras empresas con problemas.

El sueño, a cada hijo su propia empresa, debía cumplirse fuera como fuera.

Como la tesorería de la caja común estaba sin fondos, la Mujer tuvo que demandar al Empresario para poder cobrar el último mes y la liquidación correspondiente.

Al frente de la empresa boyante fue nombrado uno de los empleados seleccionados en su momento por la Mujer  -el que dijera que aquello era pan comido- supervisado por el Hijo, enredador en toda esta historia.

Hoy el “empleado lince” ya no está en la empresa y aquel negocio floreciente y con futuro se estancó y comenzó a caer por su propio peso.

Al final, el Empresario consiguió aquello con lo que se conformaba: que el negocio no diera pérdidas, de momento, claro. Convirtió un proyecto espléndido lleno de futuro en un enfermo necesitado de respiración asistida, superando apenas el umbral de rentabilidad.

Por su parte, aquellos trabajadores felices por haber sido manipulados con el mensaje vil de su cacique, “es la que más gana”, todavía no se han querido enterar del valor del conocimiento de verdad, y apuñalando por la espalda a la autora real de la buena marcha del negocio y de la estabilidad de sus empleos, debieron pensar que estaban haciendo no se sabe qué gloriosa revolución.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz
mlastramuniz@hotmail.com

Historia basada en hechos reales

PD: Os dedico esta vibrante versión para orquesta de cuerdas de la “Fuga y misterio” de Piazzola.

https://www.youtube.com/watch?v=cjhEqNR1ZNA

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7 COMENTARIOS

  1. Don Marcelino, ha contado usted la historia de nuestro país desde el año 1996 hasta el ascenso y caída de Zapatero. Incluyendo el 11-M, esa conspiración del empresario de su historia y sus hijos.

  2. Otro estupendo artículo, y ajustado a la realidad, que no es tan accesible en los medios de comunicación como se podría pensar.

    Ni las empresas pueden gestionarse como un conjunto patrimonial exclusivo y excluyente porque se acaba faltando a la profesionalidad y por tanto a su sostenibilidad, ni los trabajadores pueden pretender un trato igualitario cuando las capacidades y méritos son bien distintos.

    La reforma laboral permite que se den abusos en el sentido de que sean los trabajadores con independencia de sus capacidades los que tengan que ajustarse el cinturón por la negligencia y miopía de los directivos. Los trabajadores no deben costear la incompetencia de sus jefes, a los que habría que inhabilitar para el comercio si son una amenaza para el tráfico. Es necesaria una auditoría de habilidades directivas tanta como de cuentas para hacerse cargo de empresas que sean como mínimo de tamaño mediano.

    Y no se habla de una reforma necesaria en el empresariado. Esa concepción patrimonialista de la empresa perjudica los intereses objetivos del crecimiento de la empresa y de sus trabajadores que merecen su estabilidad laboral y promoción profesional con arreglo a la capacidad de cada uno, para lo cual dependen de que la empresa crezca.

    La forma poco explotada y no incentivada de que el crecimiento de la empresa implique el compromiso de los trabajadores en el mismo, es que éstos pasen a formar parte del accionariado con o sin derechos políticos de la empresa.

    Mercadona por ejemplo hace esta política, y si a ello se acompaña el talento directivo, el éxito es posible.

    El mal directivo, fundador o profesional, patrimonializa la dirección o el capital, y esto a la larga supone más recortes a los mismos de siempre, y al final inyección de capital que esclaviza a la empresa (salida a Bolsa) con contratación de mercenarios directivos que previo bonus acaban dinamitándola.

    Por eso Mercadona no sale a Bolsa, y por eso el que sale a Bolsa acaba estando vendido a directivos que sólo acaban velando por sus intereses. El día que El Corte Inglés salga a Bolsa tendrá los días contados. Una mala gestión no es capaz de curarla su capitalización en Bolsa (salvo que sus fundadores y accionista quieran dar un pelotazo).

    El talento debe ser recompensado, y el igualitarismo desterrado.

    Una empresa es un todo integral donde todo está relacionado.

    De ella cuelgan personas y familias, por éso su mala gestión debería ser mirada con lupa.

    Todavía en nuestro derecho prima la concepción patrimonialista de la empresa, trasnochada, irresponsable y poco profesional. Y prima igualmente la concepción igualitarista de los trabajadores, ineficiente, improductiva e injusta.

    Tenemos mucho que cambiar especialmente en España. Basta observar la precariedad de sueldos y de la conciliación familiar de los trabajadores para concluir que poseemos un empresariado prehistórico y que en no pocas ocasiones circula en sentido contrario al tráfico poniendo en peligro a muchas personas y familias, y comprometiendo el orden político y la paz social.

    • Que estas cosas pasen, es muestra de lo extendida que está la corrupción en la sociedad, que no sólo es la corrupción de los de arriba. La es también de los de abajo y la de los de al lado.

      Porque no premiar al competente y rebajarlo al incompetente, es una forma de corrupción, es decir, de echar a perder el talento y el capital, como factores imprescindibles de la creación de riqueza, que no sólo es personal, también la es social (en forma de recaudación, empleo y estabilidad).

  3. Entre el medio millón de personas que han dejado España en los últimos cinco o seis años, hay muchos Premios Nacionales de Fin de Carrera.
    En España no se reconoce el talento, pero sí lo hacen en otros países que lo valoran y no dudan en aprovecharlo.
    La empresas tienen que innovar para ser más competitivas pero la gestión del talento sigue siendo uno de los principales retos para las empresas españolas.
    Si vamos más allá, a veces, el talento no se valora igual en el caso de un hombre o una mujer. Algo, absolutamente, inmoral y, además, ilegal….

  4. El cacique no ha desaparecido. Pero el siervo voluntario es despreciable, tanto o más que el caciquismo. A los que así se comportan les diría que se miraran un día al espejo, abandonaran la villanía y actuaran con dignidad. Una dignidad inteligente, ya que no hace falta inmolarse para saber lo que se debe hacer y lo que no.

  5. No había leído este artículo. Al acabar de leer el siguiente (consignas peligrosas) y volver a éste, que se me había quedado atrasado, aprecio cierta relación entre ambos, lo cual es lógico y,lo peor, desalentador.

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