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En un tórrido mes de julio una plaza cambió de manos entre músicas y huestes enfrentadas, las guerras hicieron leyenda a un valeroso soldado y la música surgió de unas cuerdas vocales

- 20 julio, 2017 – 08:142 Comentarios

IN MEMORIAM

Manuel Cabezas Velasco.- Cuando se alcanza un sofocante mes de julio las melodías que surgen de la Ermita de Alarcos recuerdan la historia de una lucha cruenta. Una batalla desigual que propició la derrota de los titulares de una plaza fortificada. En aquel estío las temperaturas también tuvieron su repercusión. Era una plaza cristiana. La batalla cambió a su dueño. El poder musulmán arrebató la cruz e impuso su media luna. Esta historia acontecía allá por un 19 de juliode aún más triste recuerdo en lo personal. El año, ¡uff, qué lejos queda: 1195, ni más ni menos! El lugar aún se recuerda: ALARCOS.

alarcosRememórase lo acontecido tanto en crónicas antiguas como en especialistas. Difícil decir mucho más al respecto, aunque hagamos una breve reseña. El resultado final fue dicho, mas en la actualidad aún se celebra tal acontecimiento no ya sólo con el Festival de Música Antigua -que ya cumple su XIVª edición- sino que concurren más actividades paralelas que transcurren en la II Semana Histórica de Ciudad Real del 15 al 22 de julio. Así:

  1. Entre los tañidos y melodías que resuenan en la Ermita de Alarcos, del 19 al 22 de julio destaca el concierto inaugural de la toledana Ana Alcaide titulado “Tales of Pangez: Gotrasawala”, al que siguen el de AXIVIL TRÍO (“El príncipe y el hebreo”), ENSEMBLE MUSICANTES (“Ondas do Mar de Vigo”) y MARIZÁPALOS (“Sones de rasgueado y punteado”).
  2. De la Batalla de Alarcos, se darán recreaciones históricas de la Asociación de Caballeros y Damas de la Orden de Calatrava, en colaboración con el ayuntamiento de Poblete, y de la Asociación de Recreación Histórica de Ciudad Real 1195 – 1809, mostrando, de esta última, imágenes bajo el título de “Defendiendo a Alfonso VIII y De guardia en el Castillo de Alarcos antes de la batalla” (cedidas por el historiador Antonio José Martín de Consuegra Gómez, miembro de la Asociación referida). También visitas teatralizadas guiadas al Campo de Calatrava y alrededores. Dichas actividades se darán los días 15 y 16 de julio.
  3. Durante esta semana también se celebran las “X Jornadas de la Cocina Alfonsí”, donde más de una veintena de establecimientos mostrarán platos típicos variados de inspiración medieval y alfonsí.
  4. Y; por último, otras actividades a destacar serían: Conferencia “De Alarcos a Villarreal. Orígenes y últimos hallazgos”, a cargo de Antonio de Juan (17 de julio), y Cata de Jamón ofrecida por Nico Jamones (18 de julio), en el Sótano del Antiguo Casino; en el Museo de Ciudad Real, niños y adultos se deleitarán con el recorrido histórico que se muestra a través de los restos arqueológicos en “De Alarcos a Villarreal” (del 18 al 21 de julio); en el Parque de Gasset – antigua Estación ferroviaria harán sus primeros pinitos los futuros arqueólogos (18 y 20 de julio); y, bajo diversas manifestaciones, se conocerá la historia de la ciudad: para los más pequeños con actividades en las bibliotecas municipales (21 de julio); una ruta histórica en tren desde la plaza del Pilar (del 18 al 22 de julio); las habituales visitas guiadas sabatinas por el Ciudad Real histórico, o el concurso de la Semana Histórica Sanchín a través del facebook.

Del acontecimiento en sí, ¿qué decir? Las excavaciones arqueológicas vislumbran día a día un mayor conocimiento de lo ocurrido en aquella fecha. Antonio de Juan García con su conferencia así lo ha dejado dicho, además de su vasta experiencia en el conocimiento del Parque Arqueológico, fruto de lo cual existen publicaciones al respecto.

De una de ellas, en colaboración con Macarena Fernández Rodríguez, se señala el estado en el que Alarcos se encontraba antes de la batalla:

“… Alarcos se encontraba en pleno proceso constructivo cuando una expedición cristiana contra al-Andalus mandada por el arzobispo de Toledo Martín López llegó hasta la región de Sevilla. Esto provocó la ira del califa almohade Abu Yaqub al – Mansur – el Miramamolín de los cristianos -, que en ese momento dirigía una expedición hacia Ifriquiya. Este hecho hizo cambiar el rumbo y cruzar el estrecho de Gibraltar el 1 de junio de 1195.

El 8 de junio del mismo año se encuentra en Sevilla, donde organiza y pasa revista a su ejército. De allí, por el camino del Guadalquivir, el 22 de junio, va hacia Córdoba; llegando a ella el 30 del mismo mes, y tras descansar tres días, sale para Alarcos, el 4 de julio. Una vez cruzado el puerto del Muradal, el ejército almohade se extiende por la llanura de Salvatierra. Cuando ya se encontraban en Salvatierra y según consta en las fuentes árabes … fueron aniquilados por la vanguardia almohade.

Por otra parte, Alfonso VIII convoca apresuradamente en Toledo a sus vasallos y sin esperar a las tropas leonesas que venían con Alfonso IX, reunió a su ejército compuesto por los caballeros de Toledo. En Guadalerzas se le une D. Gonzalo Rodríguez, Maestre de Santiago, con sus mesnadas, y en Malagón se suma D. Nuño Pérez de Quiñones, Maestre de Calatrava con los suyos, y con todos ellos marchó hasta Alarcos, en donde esperó el avance del ejército almohade.

También se encontraban con el rey castellano los obispos de Ávila, Segovia y Sigüenza y gentes de toda la extremadura, así como de las demás regiones del reino. Por otras crónicas cristianas sabemos que también se hallaba allí el Gran Maestre de la Orden de Évora, D. Gonzalo Veigas, lo que indicaba que también hubo voluntarios portugueses en la batalla” [1]

Por lo que respecta al acontecimiento en cuestión, las fuerzas fueron disponiéndose poco a poco sobre el campo de batalla.

Al – Mansur acamparía junto al Congosto, a caballo entre Salvatierra y Alarcos para concertar una reunión de sus jefes donde planificar la batalla. El visir, tras finalizar la reunión, les indicaría que se preparasen para el siguiente día.

Mientras tanto, el 18 de julio las huestes acaudillados por el rey Alfonso VIII recibirían la orden de salir armados para el combate. De los musulmanes no hubo ni rastro. El calor era sofocante. Los efectos sobre las tropas cristianas no se hicieron esperar: cansancio y sed por doquier, y de nuevo regreso a los campamentos.

Llegó el día señalado, un miércoles como hoy 19 de julio, cuando los musulmanes comienzan a disponer sus filas, marcando una distancia no superior a dos flechas, cerca del cerro de la Cabeza.

La vanguardia se compone de voluntarios, los Guzz y arqueros al mando de Hayy Abu Yazir Yajluf al Awrabi; más atrás el cuerpo principal acaudillado por Abú Yahya lo constituían los Hintata o Hentetak, flanqueados por el ala derecho con las tropas andaluzas de Ibn Sanadid o Senadid, y por la izquierda con los Zenetas, Masnudas y más tribus magrebíes (Aglizar, Roummatos y otros Metawahs).

Detrás de todos ellos, en la zaga o postrenera, quedaría el auténtico líder, Al – Mansur, con sus tropas escogidas, su temida guardia negra y los almohades, escondidos, en parte, tras el montículo que se ve enfrente de Alarcos.

La precipitación seguía siendo el principal enemigo del rey Alfonso en el campo de batalla. Ya en el día 18 había agotado a sus tropas, siendo burlados por los musulmanes, que permanecieron descansados.

Llegó el día, y la táctica psicológica de los almohades continuó: su disposición venía acompañada de sonidos de trompetas y tambores, y clamores se oían llenos de fervor.

Joaquín Gómez nos relata la ignominia de esta contienda:

“La batalla principió a las diez de la mañana, se hizo muy sangrienta, y Alimer el Zayn repasaba entre las tropas diciendo: Servidores de Dios, el Seheik Abon Jahya (o Abú Yahya) murio en este avance con muchos de los suyos de las tribus de Hentetak y de Metawaahs” [2]. La estrategia musulmana había propiciado que las fuerzas centrales ocupadas por los Hintata fuesen los grandes sacrificados, incluyendo su visir Abú Yahya.

Sin embargo, a pesar de que el ejército cristiano aparecía desplegado por las laderas de los cerros de Alarcos y del Despeñadero, disponiendo en oleadas sus ataques de caballería pesada compuesta por un ejército de 2.000 a 3.000 caballos cubiertos de hierro y otros caballeros pertenecientes a las órdenes de Calatrava y Santiago, las huestes del Arzobispo don Martín y otros caballeros, y el pendón real en manos del Alférez Real D. Diego López de Haro; la táctica de ataque almohade era mucho más rápida que la cristiana. Era la conocida de tornafuye, en la que golpeaban y salían inmediatamente, apoyándose en arqueros y ballesteros que combatían a distancia. La fuerza, mermada por las temperaturas estivales y el tiempo de espera, no era suficiente en las tropas cristianas para hacer mella entre los musulmanes.

De este modo, a pesar de que en el primer choque arrasan la vanguardia de voluntarios musulmanes y prepararse para una nueva acometida, en el tercer intento obligarían a participar al ala derecha de los andaluces y al propio califa. Los Hintata habían sido realmente sacrificados para un fin mayor.

Cuando las tropas cristianas parecían tenerlas todas consigo, la retaguardia de Al – Mansur arremeterá contra ellos, envolviendo a las mismas por las dos alas, rodeando completamente al ejército cristiano. Estas tropas venían de refresco y no tendrán piedad con los cristianos. Su retroceso les llevará a la participación de Al – Mansur, que estaba en retaguardia, apoyando con sus fuerzas a los musulmanes.

Las huestes cristianas se vieron seriamente mermadas por el aluvión de flechas de los arqueros almohades, además del combate encarnizado que se sucedía. Ante esa situación, el rey cristiano abandonó Alarcos a su suerte en dirección a Toledo acompañado de algunos caballeros. D. Diego López de Haro se quedó conteniendo a los musulmanes, aunque se encontraba totalmente cercado y las tropas que le asistían estarían repartidas por todo el recinto de la muralla que aún se encontraba en proceso de construcción.

El día 20 llegarían a Alarcos los Condes de Lara, parientes de D. Diego López de Haro, para aceptar la rendición y poder abandonar el castillo a cambio de algunos rehenes.

Triste fue la rendición, y así nos la relata Hervás y Buendía:

“El obispo de Palencia D. Rodrigo Sánchez nos refiere a este objeto, que después de tan funesta jornada Al – manzor puso sitio a Alarcos, que defendía D. Diego de Haro; venía en el ejército musulmán D. Pedro Fernández de Castro, expatriado de Castilla a causa de su rivalidad con la casa de Lara, a la que el de Haro pertenecía; encargóle el caudillo musulmán de proponerles la rendición, cuya misión aceptó, y se convino en dejar libre la guarnición con exclusión del D. Diego, que había de quedar prisionero y a disposición del de Castro; pero saliendo aquél de la plaza sin ser visto, pudo con sus dos hermanos burlar la vigilancia de los sitiadores y acogerse al campo cristiano. Rades (de Andrada) avanza aún más y asegura, que el de Haro huyó de la refriega con el pendón real, encerrándose en Alarcos, el que después entregó sin resistencia al musulmán. Pero una y otra versión es harto incierta por la confusión que reina en nuestros cronistas, al referir cuanto hace relación a tan funesta jornada” [3]

Al igual que las fuentes, la guerra de cifras de la mortandad de la contienda estaría interpretada según fuese el bando musulmán o el cristiano. Por ello no nos detendremos en tal guerra de cifras y sólo me remitiré a lo indicado en el libro de De Juan y Fernández, y cómo reflejan tal disparidad:

“Una vez terminada la batalla, los cronistas árabes enumeran los muertos y prisioneros. Ibn Idari cifra las bajas en unas 30.000 entre los cristianos y en unas 500 entre los musulmanes. Los prisioneros los elevan a 5000. Estas cifras parecen todas muy abultadas, aunque otros autores árabes las elevan desmesuradamente, como Ibn Altir, que las sube a 146.000 muertos cristianos y 24.000 musulmanes” [4]

A la conquista almohade de Alarcos se sucederían las capitulaciones de las fortalezas de Caracuel, Calatrava, Benavente, Malagón e incluso la torre de Guadalerzas, e incluso algunas fortalezas más. Estos daños del poder musulmán supondrían un enorme retroceso fronterizo hasta las posiciones del entorno del Tajo, viéndose incluso amenazada la propia Toledo y otras ciudades.

Serían diecisiete los años de espera para que el avance cristiano modificase tales fronteras. Un 1212 con la batalla de Las Navas de Tolosa, …aunque aquello es otra historia.

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hernanUn joven muchacho nacía meses después de la que más tarde sería conocida como Isabel la Católica. Lejos quedaban las tierras de la entonces infanta, allá por Madrigal de las Altas Torres. Más cerca nos queda el lugar donde nació Hernán: Ciudad Real.

Cuéntase que existía una partida de bautismo que acreditaba el nacimiento de Pérez del Pulgar en la localidad ciudadrealeña. Su fecha: un 27 de julio. El año: 1451. Dichos datos vienen mostrarse en la fachada de la que otrora fuese su casa natal: el actual Museo Municipal “Manuel López – Villaseñor”.

Hijo de don Rodrigo del Pulgar y Poblete, descendiente de un antiguo solar asturiano, en Cortina, Concejo de Lena, y de doña Constanza García y Osorio, hija del comendador de Socabos y nieta del Marqués de Astorga, de su infancia, entre chanzas y correrías poco más se sabe, pero de su juventud allá cuando rondaba los diecisiete años parece conocerse el primer escalón que más tarde le hiciese tan afamado: su valor hizo poner en jaque a media docena de hombres que trataron de mofarse de él, al tildarlo de chungo y culipardo. En la puerta de Miguelturra, actual de Granada, ocurría tal acontecimiento.

Su arrojo y valentía le llevó a recibir el apodo del “de las hazañas”, pasando años después a engrosar, en calidad de escudero, las huestes de los partidarios de Isabel de Castilla frente a Alfonso V de Portugal que apoyaba la candidatura de Juana la Beltraneja.

Cuéntase que allá por 1475, Hernán Pérez había contribuido a la defensa de Ciudad Real – perdiendo la vida en la misma su propio padre, don Rodrigo –, cuando el maestre calatravo don Rodrigo Téllez Girón, del partido de la Beltraneja, había promovido ciertos disturbios que ocasionarían un ataque cerca de Miguelturra. Así consta dicho acontecimiento en la comedia “Mocedades del Pulgar”

La participación en la guerra de Granada le llevará, en un meteórico ascenso, a adquirir el título de caballero por parte del rey Fernando, siéndole concedido el escudo nobiliario de “los Pulgares”. Su lema era “El Pulgar; quebrar y no doblar”. Antes de ello en 1481 recibe los títulos de Gentilhombre y Continuo de la Casa Real. Un año más tarde, junto al Duque de Cádiz, logran evitar perder la plaza de Alhama a pesar de estar sitiados, por lo que en 1486 los Reyes Católicos le nombrarían Capitán General de Alhama. El castillo del Salar será su siguiente hito, llegándolo a tomar con sólo 80 hombres (siendo en 1679, la propia ciudad de Granada la que pedirá la creación del Marquesado del Salar por dicho hecho). Tremecén, Mondéjar, Baza, Loja. El Rey Católico le llamará para la toma de Vélez – Málaga y para la batalla de Ventomiz. Será nombrado emisario en las negociaciones de rendición de la ciudad de Málaga, tomará Baza y dará muerte al comandante del ejército granadino Aben – Zaid, lo que le llevará a obtener la condición de Caballero. El escudo nobiliario que recibe como tal aparece compuesto por un león coronado, en gules sobre fondo azul, con una lanza en las garras y una bandera blanca en su punta donde aparece el “Ave María” donde se ve escrito: “Flanquean a la bestia 11 castillos como representación de los 11 alcaides granadinos derrotados hasta entonces por Pulgar”, y el lema “Tal debe el hombre ser como quiere parecer”.

La guerra psicológica de la que hacía gala la ejerció con gran maestría allá por 1490 al soportar el asedio de Boabdil en Salobreña y al ganar la batalla posterior rompería el asedio granadino. En el mismo año, la hazaña que le catapultaría al olimpo sería aquella que el día de la Virgen de O, cruzando el río Darro, acompañado por sólo quince caballeros y su escudero Pedro, penetró por la noche en la ciudad granadina, llegando a la mezquita principal en el que clavaría con el puñal un cartel con el “Ave María”, dirigiéndose más tarde a prender fuego a la Alcaicería, y enfrentando y derrotando a la guardia granadina que salió a su paso. Esta nueva hazaña, llegando hasta el campamento real de Santa Fe, le llevaría a la concesión de un nuevo castillo y a obtener el derecho a ser enterrado en la futura Catedral de Granada, construida sobre la antigua mezquita. No obstante, la memoria de quiénes acompañaron a Hernán en tan magna hazaña fue perpetuada en la real cédula que otorgaron los Reyes Católicos al del de Pulgar, prometiéndoles grandes mercedes tras la toma de Granada. Así el citado documento señala que “a treinta días del mes de diciembre de mil e quatrocientos e noventa años”, dirigido tanto a Hernán como a sus quince compañeros, que fueron: Gerónymo de Aguilera, Francisco de Bedmar, Diego de Jaén, Álvaro de Peñalver, Diego Ximénez, Pedro de Pulgar, Montesino de Ávila, Ramiro de Guzmán, Cristóbal de Castro, Tristán de Montemayor, Diego de Baena, Alfonso de Almería, Luis de Quero, Rodrigo de Velázquez, y Torre.

La ciudad granadina, a comienzos de 1492, se rendía. Hernán entonces se instalaría en la ciudad de Sevilla, casándose con su segunda mujer, doña Elvira Pérez del Arco. Por entonces comenzó su faceta de historiador, siéndole encargado por el propio emperador Carlos V, la “Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán” [4], acerca de las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Nápoles.

En 1524, nuevamente el emperador le reclamaría, siendo esta vez su labor la de dirigir la guerra contra Francia en la frontera pirenaica. Tenía, por entonces, 73 años.

Dos años después, su cargo de Regidor de Loja y el privilegio de sentarse en el coro de la Iglesia Mayor, los cedería a su hijo don Rodrigo de Sandoval.

La actual iglesia del Sagrario de Granada, cercana al panteón de los reyes, acogen los restos de Hernán Pérez del Pulgar, el “alcaide de las hazañas”. Con ochenta años, fallecía un 11 de agosto de 1531.

Su trascendencia no queda en el olvido, pues además de erigirse el actual Museo López – Villaseñor, no sólo se le recuerda como uno de los Hijos Ilustres de Ciudad Real – cuyo retrato se encuentra en el Palacio de la Diputación Provincial – o con el homenaje rendido con una escultura en plena Avenida de los Reyes Católicos, el hombre de una calle, de un Instituto de Enseñanza Secundaria e, incluso, en tiempos pasados, con una fuente (imagen extraída de la obra de don José de Hosta).

Su leyenda se encuentra en boca de los que le recuerdan, como el escritor y político Francisco Martínez de la Rosa en su novela histórica “Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas. Bosquejo histórico” (1834), escritores extranjeros como Washington Irving en su “Chronicle of the Conquest of Granada”, historiadores como Francisco de Villa – Real y Valdivia (“Hernán Pérez del Pulgar y las Guerras de Granada. Ligeros apuntes sobre la vida y hechos hazañosos de este caudillo”. Tipografía de Manuel Ginés Hernández. Madrid, 1892) o Francisco Agramonte Cortijo (Biografías universales: Hernán Pérez del Pulgar. Aguilar. Madrid, 1961) y, de forma más reciente, periodistas como Marta Castro (“El de las Hazañas”). Otras referencias de las hazañas de este personaje serían la de los literatos Gabriel Lobo Laso de la Vega (“Romancero y tragedias”), Lope de Vega (“El cerco de Santa Fe”) y Pérez – Reverte, o el otrora Diputado provincial por Ciudad Real – Piedrabuena José Balcázar y Sabariegos (“Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas (Estudio histórico – crítico)”, 1898).

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marcosLa prensa de posguerra se levantaba un 4 de febrero de la siguiente guisa:

“MARCOS REDONDO NOS ESCRIBE

Y nos avisa su pronta llegada a Ciudad Real

Recibimos la siguiente carta del gran barítono manchego:

Sr. Director de LANZA.

Ciudad Real

Muy Sr. Mío: Con mucho retraso llegaron hasta mi las líneas publicadas en LANZA el 7 de enero, y hoy, que ya es un hecho la realización de sus deseos, que son los míos, me apresuro a enviarle estas líneas, manifestándole voy con el mayor entusiasmo y cariño a mi tierra manchega, de la que guardo los ratos más inolvidables de mi vida.

Como pronto, si Dios quiere, nos veremos, guardo para entonces un apretón de manos sincero como la amistad que desde ahora le ofrece

  1. REDONDO

Jaén, 1 Febrero, 1944” [5]

Así anunciaba el barítono y compositor cordobés la tan ansiada visita a una ciudad que ya conoció desde muy joven.

Sin más dilación la ovación no se hizo esperar en Ciudad Real ya el 8 de febrero, tal como reza la prensa del día siguiente: “Marcos Redondo actuó ayer. El público le ovacionó largamente, haciendo que repitiera sus canciones. La actuación del gran divo fue un éxito completo” [6]. Tal acontecimiento sucedía en el Teatro de Cervantes. El mismo día 9 se acordaría, por la Comisión Permanente Municipal bajo la presidencia del Alcalde accidental Sr. Tolsada, el nombramiento como Hijo Adoptivo de la Ciudad, “ya que aquí pasó los días de su juventud y por el gran cariño que siempre ha demostrado a nuestra Ciudad” [7]

Los homenajes se repetían cuando Marcos Redondo estaba su gran momento. Pocos días después de su visita a Ciudad Real, la Comisión Gestora Municipal acordaría por unanimidad que la calle de las Cañas – que adquiriría mayor relevancia por las obras que en ella se iban a realizar – se llamase “Marcos Redondo”. [8]

Había nacido unas cuatro décadas atrás en la localidad cordobesa de Pozoblanco (24 de Noviembre de 1893). En 1913, animado por sus abuelos, estudiaría canto con I. Tabuyo en el Conservatorio de Madrid, y allá en Milán, con Bettinelli y Franceschi.

Su debut, con poco más de veinte años (1915) lo haría en Madrid, cantando La Traviata. Y, cuatro años después regresaría a Madrid y lo haría como profesional en el Teatro Real, con la obra de cuatro años atrás. En Italia su carrera fue corta y prometedora  -aunque llegará a cantar hasta veinte óperas – allá por los primeros años veinte (1920 a 1922), debutando en el Liceo barcelonés en 1923 con Manon Lescaut.

Europa le esperaba. América también. Su repertorio de ópera italiana tan extenso haría el deleite de los que le escuchaban. Finalmente, se instalaría en Cataluña, abandonando la ópera por la zarzuela, exceptuando aquel parón que hizo en 1941. Sin embargo, nunca abandonaría su querida Ciudad Real. Querída, sí, tal y como él mismo recordaba en 1950:

“- Yo fui a Ciudad Real de dos añitos – me aclara el gran barítono -. Al fallecer mi padre, nos trasladamos allá a la sombra de mi abuelo materno, que era Capitán de la Guardia Civil. Creo que primero vivimos en la Calle de la Luz y después en las Calles de la Tercia y del Corazón de María. Poco antes de cumplir los siete años ingresé de “seise” en la Catedral…” [9] Era parte de una conversación que había tenido con un vecino del pueblo y que cuestionaba que hubiese nacido en Pozoblanco. Debía parecer más de Ciudad Real según aquel vecino.

Así, cuando cumplía casi tres décadas en la escena, y agasajado ante el reciente éxito en Barcelona, siendo tenía un recuerdo para nuestra ciudad: “La Virgen del Prado me acompaña siempre… En su camerino no falta nunca su estampa; es algo que forma parte ineludible de él como sus hijas,…” [10]

Su debut en el género lírico español lo llevaría a cabo en el Teatro Novedades de Barcelona. La popularidad y el éxito fueron enormes de la mano de El dictador de Millán. Estrenaría obras como La calesera, La parranda, El cantar del arriero, Katiuska o La tabernera del puerto.

Su vinculación con Ciudad Real continuó a través de su Queridísima Virgen del Prado, pues en agosto de 1954 llegaría a Ciudad Real para formar parte del Festival en homenaje a la Santísima Virgen del Prado, en el entonces Cinema Proyecciones. Además se le entregaría un pergamino con el título de Hijo Adoptivo por parte del alcalde en el Salón de Plenos del Ayuntamiento capitalino. [11]

Méritos contraídos con la ciudad que tanto le quiso hizo para ser galardonado, no ya sólo como Hijo Adoptivo. Poco antes de su despedida, le sería concedida la Cruz de Caballero de Alfonso X el Sabio, a petición del Ayuntamiento capitalino, por el Gobierno. [12]

Llegaba el año 1957, y en Ciudad Real se rendiría un emotivo homenaje a Marcos Redondo, tras la imposición de las insignias de Caballero de la Orden de Isabel la Católica y entregada la “Rosa del azafrán” en oro. Sería el 22 de agosto de 1957, día en el que el eminente barítono cantó en la solemne función de la Octava de la Patrona. [13]

Tras dejar innumerables grabaciones de algunas de sus interpretaciones más celebradas, y Marcos Redondo Valencia se retiraba de la escena, algo que ya había anunciado a comienzos de la década.

Casi dos décadas después, un 17 de julio de 1976 fallecía en Barcelona.

Además de los recuerdos en vida, la ciudad de sus amores aún le tiene en su memoria tanto a través de un Conservatorio de Música (que tuvo dos ubicaciones) como la conocida Calle de las Cañas (Homenaje a Marcos Redondo).

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[1] De Juan García, Antonio; y Fernández Rodríguez, Macarena D.: Alarcos. Guía del Parque Arqueológico. Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha. 2007. Pgs. 67 y ss. Véase también De Juan García, Antonio: “La construcción de una ciudad y el escenario de una batalla. Alarcos”, en GONZÁLEZ ORTIZ, José: Alarcos y su contexto histórico. Biblioteca Oretana. Ediciones C & G. Ciudad Real, 2014. Pgs. 117 – 160.

[2] Gómez Fernández, Joaquín: Historia de la Ciudad de Ciudad Real y Estracto historico de España y lista de sus Reyes, casamientos y muertes (edición facsímil y transcripción). Editado por Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha y Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Real. Ciudad Real, 2010. Pg. 47

[3] HERVÁS Y BUENDÍA, Inocente: Diccionario histórico geográfico, biográfico y bibliográfico de la Provincia de Ciudad Real. Imprenta de Ramón Clemente Rubisco. Ciudad Real, 1914. Págs. 389 – 390.

[4] Atestigua la autoría de dicha obra el poeta, dramaturgo y político Francisco Martínez de la Rosa, de esta guisa en la obra en que le rinde homenaje:

“Quiso la buena suerte que di al cabo con una obra compuesta por el mismo Pulgar, el de las hazañas, curiosa por el nombre del autor y por el héroe que en ella se ensalza (el famoso Gonzalo de Córdoba)”.

[5] Diario LANZA, 4 de febrero de 1944, Pg. 3.

[6] Diario LANZA, 9 de febrero de 1944, Pg. 2.

[7] Diario LANZA, 10 de febrero de 1944.

[8] Diario LANZA, 15 de febrero de 1944. Pg. 2.

[9] Diario LANZA, 31 de enero de 1950. Pg. 3.

[10] Diario LANZA, 31 de enero de 1948. Pg. 6.

[11] LANZA Diario de Ciudad Real, 3 y 5 de agosto de 1954.

[12] LANZA Diario de Ciudad Real, 25 de octubre de 1956. Pg.

[13] LANZA Diario de Ciudad Real, 22 de agosto de 1957.

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2 Comentarios »

  • Charles dice:

    D. Manuel, mis felicitaciones por este sugestivo y ameno artículo.
    Quisiera indicar algunas anécdotas históricas sobre los temas que usted describe.
    Por aquella época, los estandartes solían ser de seda verde con adornos de oro y plata y con un alfanje al centro, algún versículo del Corán o una media luna.
    La dinastía omeya, durante el siglo VIII, aportó el color verde al estandarte andalusí y, bajo el poder almohade, a partir de 1.146, se generalizó el color blanco.
    Se dice que tras la victoria del sultán Ben Yusuf ante Alfonso VIII de Castilla, en la batalla de Alarcos, se colocó una bandera blanca y verde en la mezquita de Sevilla. Este fue el origen de la bandera de Andalucía.
    En cuanto a la gastronomía de la época medieval, parece sorprendente que la mesa del campesino del medievo (siglo XII) fuera altamente nutritiva. Los pobres, que entonces eran el 90% de la población en Europa, tenían una dieta mucho más equilibrada que los nobles y el clero.
    Si algo se comía en grandes cantidades era el pan y las bebidas más comunes eran la cerveza, el vino, el aguamiel y la sidra, Sin embargo, la carne era sólo abundante en las comidas de las clases altas. En España ya era común la morcilla con piñones y pasas. El pescado se comía en salazón y las leguminosas estaban muy presentes en los platillos medievales.
    La práctica medieval más común era comer dos veces al día: un almuerzo fuerte al mediodía y una merienda más ligera.
    El ‘Llibre de Sent Soví’, fechado en torno al año 1.324, es un libro vital para conocer la historia de la alimentación europea en la Edad Media.
    Una de las principales recetas era el ‘manjar blanco’ que consistía en mezclar leche con azúcar y harina de arroz en una cacerola puesta a fuego lento. Una vez todo cocido a fuego lento, se dejaba enfriar y se añadía agua de azahar y pechugas de gallina o de capón muy desmenuzadas junto con almendra machacada y pan rallado.
    Cambiando de tema, ya sabemos que los cantos gregorianos fueron la música sacra más importante durante el Medievo, sin embargo, las melodías con las que el pueblo, realmente, disfrutaba eran las profanas, entonadas por los trovadores y, más tarde, por los troveros. Es curioso encontrar la ‘canción de mal casada’ cuya temática hace referencia a la queja de una mujer desposada con un hombre mayor.
    Con relación a D. Hernán Pérez del Pulgar y García Osorio, murió a los 80 años de edad (la esperanza de vida era de 45 años en el siglo XVI), siendo enterrado en la catedral de Granada junto a los Reyes Católicos. Éste fue un hecho que no se ha repetido en la historia de España. El lema de su escudo familiar era: ‘tal debe el hombre ser, como quiere parecer’.
    Por último, en la publicidad aparecida en el periódico ABC, el 12 de diciembre de 1925, se anunciaba el estreno de la obra ‘La Caleresa’, en el Teatro de la Zarzuela, por el gran barítono D. Marcos Redondo Valencia, de esta manera:

    “El gordo de Navidad
    vino a caer en Madrid,
    y alguien ha dado en el quid
    de tanta casualidad:
    iba a caer en Corcuera
    y cambió de parecer
    sólo por venir a ver
    a Marcos, La Calesera”

    En fin, es lo que tiene la Historia. Es como una destilación del chismorreo…
    Lamento haberme extendido tanto….

  • Manuel dice:

    Nada que lamentar Charles. La historia está para mostrarla. En este caso lo hago a través de efemérides mensuales que me dan pie a poder hablar algo más de cada una de ellas. Tus apuntes nunca están de más, pues tratan de hacer más jugoso mi artículo, y muestran tus propios conocimientos. Gracias, una vez más, por tu seguimiento.

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