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Historia de un punto

- 25 septiembre, 2017 – 09:136 Comentarios

Ángel RomeraEn un país de papel vivía un punto que estaba muy solo y aparte. Los puntos tenían fama de marginales, de ser siempre los últimos en añadirse a todo párrafo, incluso muchos eran místicos o ermitaños en la soledad de las cumbres de íes y jotas. Pero este punto había trabajado en diversas abreviaturas y una vida tan incompleta no lo satisfacía, algo le faltaba; además, había conocido a un grupo de otros puntos que le había intrigado con historias de extraños y remotos paisajes caligráficos, de emoticonos, nomenclaturas científicas y kanjis chinos, dejándole siempre en el fondo de una interrogación ? con el deseo de saber más, porque eran unos puntos muy suspensivos. Así que decidió abandonar el párrafo de una lengua occidental en cuyo extrarradio vivía y ver mundo. Atravesó un desierto lleno de dunas de árabe bajo una abrasadora O mayúscula y sudó un montón de comas, transformándose en punto y comas hasta que ya no le quedó más tinta que sudar; entonces divisó a otro punto que le contó cómo salir de allí: era un punto de orientación, tan amable que le regaló una T mayúscula para que el sol no le diese en su calva cabeza de punto redondo y orondo; siguiendo sus indicaciones llegó a una cordillera, montañas de aes mayúsculas nevadas AAA; a su pie había un bosque de altas y enmarañadas letras góticas y hebreas (los palotes de lo gótico y lo hebreo se avenían bien entonces) sobrevolado por decenas de comillas-golondrina, y una ciudad hecha de varias altas y elegantes casas, úes de tejado circunflejo ÛÛÛÛ, en cuyas cercanías había un subrayado de césped con varias banderolas P P P mayúsculas. Allí jugaban al golf varios puntos con palos de jota. Él, que siempre había vivido en una modesta ñ minúscula con tejado de uralita, sintió cierta envidia; al hablar con uno de ellos, se enteró de que había unos juegos olímpicos en que participaban muchas letras mayúsculas y atléticas de varios países tipográficos. El público sería algo así como cuatro páginas de texto variado, caja alta en los palcos y baja en los graderíos, todos ellos letras con caracteres de expresión fonética muy sonora y ruidosa, incluyendo unas negritas muy monas y unas bodonis italianas muy cursis y cursivas. Una cadena de eses impedía al público acceder a las pistas, aunque él reconoció a algunos puntos de acceso que habían trabajado con él en una redacción (de periódico). Las pistas estaban formadas por un pentagrama elíptico de cuatro calles lleno de puntos muy gruesos, mayuscu-musculados, llamados notas de solfeo. El punto se sentó en la silla de una hache a la sombra de las raíces cuadradas de techumbre, y empezó a ver los juegos olímpicos. Hubo un terrible accidente: un punto filipino se equivocó al lanzar su jabalina-uno y traspasó a una gorda ele francesa en la parte de arriba de su mástil, de modo que ya no hubo modo de distinguirla de una f; fue una auténtica sangría francesa. El salto de pértiga consistía en remontarse sobre una hache mayúscula; ganó un nota que se valió de una jota mayúscula especial, de caligrafía inglesa. La carrera de los diez centímetros la ganó una W siamesa que parecía un ciempiés de cuatro piernas. Entonces echó a llover y todo se transformó en una auténtica sopa de letras de papel mojado. Al llegar a su hotel, el punto estaba tan cansado y final que después de cenar tomó una eme muy mullida y se echó a dormir.

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Ángel Romera

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