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Formas de despedirse

- 26 septiembre, 2017 – 08:553 Comentarios

Texto: César Muñoz Guerrero. Fotografía: Súe S. Mile.- Lo que viene a ser la inspiración la encuentras en la Gran Vía, dando vueltas alrededor de la Red de San Luis, como todavía la llaman los carteros de Callao. A veces una trastienda subterránea, otras la plaza de Sol y otras un edificio ruinoso ocupado por la sucursal de una tienda Dia (aunque esto no sea algo que se salga de las modas de los modernitos, tanto alojar supermercados de cercanías en catastróficos inmuebles como ir de compras al Dia; a tal punto ha llegado la corriente alternativa).
pablomoreno
En otras ocasiones, las menos, llegas con las manos en los bolsillos y te sientas a esperar que escampe y que aparezca alguno de los viejos amigos en medio del tumulto. Una tarde, sin ir más lejos, vuelve Pablo Moreno a Madrid.

Su gira actual se llama Despedida. Piensas que se refiere al cuarto corte de su EP Empezar de cero, y deduces lejana la posibilidad de que haya decidido tomarse un pequeño descanso (lleva año y medio empalmando conciertos), pero en Puertollano van más allá y aventuran un rumor de abandono que llega a oídos de la madre de Pablo. Así lo suelta él en Libertad 8. Imaginas a esa pobre madre de paseo por la ciudad mientras escucha el murmullo de unas gentes que retiran a su hijo de la música nada menos que con veintiún años. Él dice que no tiene pensada semejante prejubilación, y que continúe predicando el vecindario. A fin de cuentas, Puertollano tiene título de glorioso punto de partida, de espectador agradecido, de plataforma que no duda en llenar sus auditorios para gritar su apoyo a este intérprete emergente, que poco a poco y desde ahí descubren en tantos puntos de España. El resto, ya sabes. Ese pensamiento del cineasta Ángel García: “lo bueno permanece, no cambia y merece ser conservado”. Los temas clave son Los hombres también lloran y Reina republicana, sendos asaltos del respetable al cantante, y Maldita, cuyo vaivén de loops encaja con picardía en el repertorio de su autor. Él conoce lo que valen sus viajes, el paso a paso de sus pies de joven y el boca a oreja de su fiel audiencia.

La última pregunta antes de la despedida -la propia, no la del concierto ni la del título de la función- es si estaremos en el concierto de Ciudad Real en Pachamama. “Que Prado nos asista” surge como respuesta; con la asistencia de Juanma se cuenta por adelantado. Cualquier día asegurará, micrófono mediante, ser el doble de Pablo. No hay como volver al lugar donde empezó todo para conjurar los fantasmas, rogar piedad a las musas, personarse en casa del herrero empuñando cuchillo de palo, pisar y pisar nubes como si fueran la espuma sobre la que este artista cimentará sus futuras historias, esas que aprenderás para luego corearlas. Las de ahora las entonas religiosamente, como si fuesen cánticos.

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