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Ignorando a todos

- 29 septiembre, 2017 – 08:02Sin comentarios

Salvador Carlos Dueñas Serrano.- Yo también soy catalán, y andaluz, gallego, melillense, aragonés, canario, navarro, riojano, murciano, extremeño, castellano, cántabro, madrileño, leonés, ceutí, vasco, asturiano, mallorquín, valenciano, y manchego. Porque soy español, europeo y universal como don Quijote.
bandera
Nadie va a comerme el coco para que odie a Cataluña o a España, porque ambos conceptos con todas sus singulares diferencias componen un mismo sentido.

Por mucho que algunos se empeñen en pretender destacar, figurar o alcanzar protagonismo a través de la innecesaria confrontación, la realidad histórica es que el actual Estado Español es el resultado de infinidad de circunstancias culturales, sociales, políticas e históricas que a lo largo de los siglos han conformado uno de los países más prestigiosos del Mundo, incluso con nuestros muchos defectos y todo lo que debemos mejorar.

Demostramos ante el mundo una gran incultura cuando nos rechazamos y nos ofendemos despreciando a nuestro país. Y eso ocurre esencialmente porque lo que no se conoce es imposible amarlo.

Seamos claros y directos que para eso disfrutamos la suerte y el privilegio de formar parte de una sociedad libre y democrática. Tuvimos la mala suerte y la desgracia de padecer el desastre de una guerra civil que traumatizó al país de tal modo que casi un siglo después todavía perduran resabios de odio y rencor. Aprendamos de los errores del pasado comprobando que ese tipo de comportamientos humanos son propios de seres muy poco evolucionados. Imponer por la fuerza algo a los demás, es propio de cobardes, sin mayores argumentos que la primitiva sinrazón.

Valoremos convivir en un Estado de Derecho acogido a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde la igualdad de oportunidades se aproxima con mucho al ideal deseable para toda sociedad progresista y avanzada.

Incluso con todo lo que todavía nos queda por pulir y mejorar somos uno de los mejores sitios del mundo para vivir y desarrollar en plenitud tanto la vida individual como colectiva.

Nos falta todavía, liberarnos de ese odio inculto, visceral y básico que experimentamos sorprendentemente hacia nosotros mismos. El cual se resuelve de un modo tan sencillo y natural por medio de la educación, la formación y el respeto hacia la diversidad de opiniones.

Aquellos que por egoísmo, egocentrismo, afán de protagonismo y sueños de vanagloria dedican medios y recursos públicos pertenecientes al conjunto de la sociedad que los genera, para utilizarlos en beneficio de intereses personales, se dañan a sí mismos y a todos los ciudadanos. Educar a una sociedad que forma parte de todo un país en la exclusividad de un territorio, el separatismo y el rechazo al conjunto de la Nación, es condenarlo a la pobreza de la pérdida de tiempo y recursos en el constante enfrentamiento tan poco productivo para el progreso de todo y todos.

El tiempo nos ha demostrado que en estos últimos cuarenta años de democracia articulada en la Constitución, hemos avanzado más en todos los aspectos que en toda la prolongada y azarosa historia de España.

Actitudes colaboradoras y constructivas nos benefician a todos. Recuerdo con mucho orgullo las Olimpiadas de Barcelona. Con el mismo orgullo que uno siente cuando se vuelca el Pueblo Español ante catástrofes naturales en el Mundo y nuestros equipos de rescate y salvamento son de los primeros en aparecer.

Pese a quien pese y vuelvo a insistir que con nuestros muchos defectos, somos uno de los más avanzados países del planeta. Una de las potencias económicas. Una de las naciones más libres del orbe. Razones más que suficientes para querer, respetar y amar el sitio que nos ha hecho crecer, convivir y disfrutar la vida como en pocas partes del mundo.

Somos un país ejemplar en muchos aspectos; pero no entiendo bien todavía cual es la razón absurda y dañina que nos muestra ante el mundo como los ciudadanos que más rechazo muestran por sí mismos. Supongo que todo se debe a una base de formación, educación, información o conocimiento que desde pequeños nos dé a conocer lo que somos, lo que nos rodea y el porqué de nuestra existencia.

Por decirlo de un modo claro, directo y coloquial resulta un auténtico coñazo a estas alturas del siglo XXI asociar los símbolos identificativos constitucionales con el periodo dictatorial. Aprendamos de una puñetera vez a vivir y disfrutar el presente sin rémoras del pasado. Revisando el pasado para no cometer los atropellos y errores que condicionen el futuro.

La bandera que identifica a España fue creada hace varios siglos por uno de los reyes más eficientes que han existido en Europa. Un hombre inteligente, trabajador, con excelente altura de miras y proyección de futuro. Carlos III nos legó la apertura a La Ilustración, abriéndonos las puertas del conocimiento, la cultura y la modernidad. Sacándonos de la permanente Edad Media que parece todavía vagar por algunas mentes actuales.

En cuanto a la Marcha Real. Actual Himno oficial del Estado Español. Resulta ser una de las mejores composiciones musicales creadas a tal fin. Asociarlo con determinados periodos de nuestra historia contemporánea es tan absurdo como el capricho separatista que estos días causa demasiadas molestias innecesarias al conjunto de la sociedad además de la ingente cantidad de gastos que conlleva.

Es tan ridículo que estemos perdiendo tiempo y energía con este asunto que me parece lamentable que los dirigentes políticos que fueron elegidos democráticamente no dediquen el tiempo a crear empleo, niveles óptimos de calidad de vida y atención al bienestar general. Pues resulta que el sueldo que reciben de la sociedad que los genera y los elige, debe ser rentabilizado con personas eficientes y eficaces que resuelvan los problemas de todos y no creen otros nuevos que distraigan su ineficacia.

Los ciudadanos no necesitamos ninguna Cataluña hecha a medida del capricho de unos cuantos irresponsables que todavía no alcanzan a ver el grave perjuicio causado al conjunto del país. Imagino que de algún modo, especialistas en la materia podrían cuantificar el daño producido a la imagen de España ante el Mundo y los colaterales en cuanto el intento de enfrentar a los conciudadanos de una misma cultura, una misma historia y un mismo ámbito social.

A mí no me vais a liar. Tengo muy claro que soy tan catalán como andaluz, madrileño o español. Y el fraude de vuestra supuesta legitimidad democrática para elegir la autodeterminación no se sostiene ni legal ni moralmente.

Aunque yo habite en Madrid, nada me resta el más mínimo derecho a ser tan catalán o tan gallego como el nacido en Murcia o Extremadura.

Barcelona es tan mía como quien lleve un genuino apellido catalán y hable perfectamente uno de los cuatro idiomas oficiales del Estado Español. Y a mí nadie me ha consultado ni ha pensado consultarme si deseo que algo tan mío como la hermosa gran señora que es Barcelona se me arrebate de mi vida, de mi cultura, de mi historia y de mis vivencias.

Siempre he sentido orgullo por una ciudad tan cosmopolita, tan bella, tan alegre, tan vital, tan tolerante, tan catalana, tan española y tan universal. Aunque no hablo catalán me encantaría también hablarlo, porque aquello que amas lo quieres conocer y cuanto más lo conoces más lo quieres.

Por eso animo a ese tipo de dirigentes catalanes que han fomentado el odio hacia España, que fomenten el respeto hacia el país y el Estado de Derecho que más ha respetado y fomentado en toda la HISTORIA, las singularidades catalanas, desde la propia lengua, hasta la Autonomía.

Catalunya nunca ha sido tan catalana como en este tiempo amparada por la Constitución Española y eso ha sido posible gracias al espíritu de respeto que nos hemos concedido los ciudadanos españoles después de experimentar represivos periodos anteriores que nos mantuvieron relegados y a la cola de Europa.
Colaborar nos hace crecer en todos los aspectos. Enfrentarnos, nos condena al retroceso y a la pérdida de lo mucho conseguido hasta ahora.

Por mucho que le dé vueltas a la cabeza no encuentro ningún motivo para odiar a Cataluña. A mi muy admirada y respetada Catalunya. Por mucho que le doy vueltas no encuentro razón alguna para que desde Cataluña se intente promover rechazo hacia España.

Precisamente el Estado que prácticamente le cedió en propiedad toda la isla de Cuba a la industriosa burguesía catalana. El mismo estado que promocionó Barcelona con la Exposición Internacional. El mismo que la hizo mundialmente famosa con las mejores olimpiadas de la era moderna.

No se entiende Cataluña sin España ni viceversa. La prosperidad de Cataluña se ha gestado con la eficiencia del empresariado catalán y con el eficaz trabajo andaluz, extremeño y manchego.

Poseemos demasiados vínculos de todo tipo como para estar tratando un tema tan surrealista, que a veces todo esto parece un sueño de Dalí. Una realidad distorsionada a capricho de un genio. En este caso arte. En el caso del capricho político, derroche social. Transmitiendo a generaciones de jóvenes odio innecesario que no sirve más que para acomodar en estamentos públicos a irresponsables que no trabajan para el bien común.

Podría escribir un libro acerca de este asunto; pero por respeto a la inteligencia de los demás no quiero hacer perder más tiempo a nadie con esta cosa tan rara que pretende seccionar algo que nos pertenece a todos por puro capricho de unos cuantos.

Respetados dirigentes catalanes. La realidad legal, histórica y cultural es que hace más de quinientos años que formamos parte de un todo y en lugar de rechazarnos e ignorarnos con tan poco respeto, a la mayoría de españoles, no se salten las normas por la cara. Lleven su propuesta al Congreso, que en un Estado de Derecho todo es posible acogiéndose a derecho, no a capricho.

Y por cierto. Antes de pretender confundir al mundo diciendo que Cataluña es una nación, hablen con el cardenal Richelieu y pídanle que les ( o nos) devuelva El Rosellón, donde por cierto desde hace siglos se prohibió por ley la lengua catalana y jamás les ha molestado. Y España que no puede mostrar mayor nivel de sensibilidad y respeto resulta que es una enemiga para ustedes.

Si son tan catalanes, vayan a decirle al honorable Estado Francés que les devuelva El Rosellón y una vez que Cataluña esté completa con sus cinco provincias, vienen al Congreso y le decimos a Europa que el Mundo se va a reorganizar como se le antoje a unos señores que cobran sustanciosos sueldos públicos por enfrentar a sus conciudadanos sin el más mínimo sentido de responsabilidad de Estado y proyección de futuro que ignorarnos a todos.

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