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Orden literario, desorden turístico

- 13 noviembre, 2017 – 14:112 Comentarios

José RiveroEl presente trabajo del profesor Félix Pillet aúna temas nuevos con preocupaciones antiguas, para dar salida a un continente escrito desde tres vectores significativos que constituyen el armazón del libro A saber la vinculación de la literatura con los viajes y por ende con la geografía; la singularidad social del turismo contemporáneo como fenómeno de acusado relieve y la particular obsesión del autor con el universo de las estructuras comarcales como dispositivos de organización territorial eficiente. Una comarcalización que opera como ámbito territorial y administrativo intermedio entre lo urbano y lo territorial, y como clave del arco de los ineludibles/imparables desequilibrios Campo-Ciudad que se arrastran desde los años sesenta del siglo XX, y que ha producido un fenomenal trasvase de recursos humanos y materiales del medio rural al medio urbano, como nos ha relatado, recientemente, Sergio del Molino en su trabajo La España vacía. Viaje por un país que nunca fue (2016).

PILLETDe todo ello, de todos esos intereses geográficos diversos, hemos venido recibiendo cumplida cuenta a lo largo de los últimos años, como muestra de la curiosa inquietud investigadora de Pillet, y como puede observarse en la completa bibliografía que acompaña al trabajo que citamos. Baste recordar las líneas desplegadas por mí mismo en septiembre de 2015 en el digital Miciudadreal con el título Literatura, Geografía, Viaje, y a propósito de su trabajo “La evolución de la imagen literaria del paisaje urbano en la ciudad moderna a la ciudad actual”, para dar cuenta de ese hilo conductor que viaja de lo literario a lo geográfico y que ya explicitaba esa corriente argumental que hoy compone la primera parte del libro.

Un hilo que da cuenta de las posibilidades de conocer las ciudades (el medio físico y sus paisajes en suma) y sus evoluciones últimas, desde la madeja del ‘Recuento literario’. Hay todo un campo exploratorio de las nuevas vías de la investigación geográfica, que nos permite descubrir como ‘Campo de Operaciones Geográficas’ todo el vasto caudal de relatos ficcionales, sin menoscabo de otros formatos narrativos que van desde la Crónica Viajera al Reportaje de Costumbres, desde el Memorialismo introspectivo al Ensayo Etnológico. En el  límite, como nos muestra Pillet, incluso hasta el Poema escasamente documental y altamente ficcionalizado, puede ser interrogado para entender las valencias de la ciudad y de las ciudades, y de la geografía misma en su conjunto.

pnt1De igual forma, y casi en sentido inverso, podríamos decir y anotar el interés de la Literatura por la Geografía, y por una derivada de esta como son los Viajes y su consecuente Literatura de Viajes y de Viajeros. Y esto es así desde Ptolomeo a Estrabón, desde Marco Polo a Darwin, desde Lawrence Sterne a Flaubert y desde Patrick Leigh Fermor a Cees Noteeboom por citar algunos de los más lejanos e impenitentes viajeros, hasta los más próximos y cercanos. En el reconocimiento estricto, de que no hay Viajes sin Geografía, y en el límite, de que no hay Viajes sin Literatura. Como acontece en ese libro viajero por antonomasia que es El Quijote, de lo que da cuenta sobrada Pillet en el epígrafe La evolución de la imagen literaria del paisaje rural, que complementa toda esa otra mirada literaria sobre las ciudades y sobre los paisajes naturales. Aunque haya otra literatura que cuestiona el estatuto del Paisaje literario, como hiciera George Pérec al fijar en el apartado La utopía campestre de su libro Especies de espacios: “No tengo mucho que decir a propósito del campo: el campo no existe, es una ilusión. El campo es un país extranjero”. Pero, parafraseando a Pérec, podríamos decir que de ilusiones también se vive y también se escribe.

Baste recordar y a propósito de esta cuestión de los viajes literarios, que a finales de los años ochenta del siglo pasado, la editorial Planeta concibió un proyecto editorial denominado Ciudades en la historia, que eran tanto unas Guías personales como unos ejercicios literarios sobre espacios singulares en tiempo concretos. Ejercicios escritos por los que diferentes autores reconocidos como Caballero Bonald, Eduardo Mendoza, Juan Benet, Félix de Azúa, Juan Goytisolo, Manuel  Vázquez Montalbán o Antonio Muñoz Molina, verificaron su personal guía y su particular mirada de diferentes ciudades, así: de Sevilla en tiempos de Cervantes, de Barcelona modernista, del Londres victoriano,  de la de Venecia de Casanova, del Estambul otomano, del  Moscú de la revolución y de la Córdoba omeya. Circunstancia que, en la actualidad, se han remozado con la editorial Aventuras literarias, llegando a componer auténticos planos literarios, como el Londres de Jean Austen o el Madrid de Pérez Galdós; y actualizando el tema de las Geoliteraturas con los llamados ensayos-guía de viaje, así el París de Cortázar y el New York de Paul Auster son las ultimas realizaciones.

La cuestión del turismo, desde los prolegómenos formativos del Grand Tour y desde la pasión romántica por el Exotismo, por el Primitivismo  y por los Mundos otros, ha ido adquiriendo un destacado relieve social y un imperioso peso económico. Donde no podemos olvidar la promoción española organizada desde el Patronato de Turismo en los años veinte, dentro de la dictadura de Primo de Rivera y donde se iniciaría la promoción de los Albergues y Paradores de Turismo. Estructuras de promoción política y de juego económico que serían retomadas veinte años más tarde con el MIT, Ministerio de Información y Turismo de Fraga Iribarne, y con las ineludibles campañas de imagen como la afamada Spain is different.

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Y así es, como se señala en el texto que los viajes actuales han devenido de ser herramientas de saber estratégico a constituirse como vías de palanca formativa y científica, para acabar residenciados en los campos del placer y del recreo. Es decir esa errancia ha pasado del viaje al turismo. Unos viajes sociales, socializados y turistizados, a los que Pillet llama como Viajes posmodernos. Un saber estratégico y antiguo del viaje añejo, que se vincula con conquistas y con descubrimientos y, por ello, se deriva que toda la Cartografía como herramienta de trabajo geográfico, tenga una fuerte impronta militar. De igual forma que toda la pretensión científica del viaje se plasma en casos relevantes, como los de von Humboldt, y en el más próximo a nosotros como William Bowles, que da a la imprenta un extraordinario trabajo Introducción a la Historia natural y a la Geografía física de España (1755), que une el interés descriptivo con una elevada calidad literaria, determinando en buena parte toda la producción posterior: la ilustrada de Ponz y la romántica de Borrow a Ford y de Merimé a Gautier.

CATALÁ SOFEl campo del  turismo como placer y como  recreo, que compone el tercer registro analizado, vendrá acompañado por la aparición de otros formatos literarios como las guías editoriales que viajan desde las canónicas Baedecker a las Guide Bleu o las posteriores Guías Michelin o Lonely Planet. Donde ya se despliegan otros intereses alternativos a lo estrictamente literario. Ahora el Manual del viajero posmoderno, se acopla más a necesidades perentorias y emblemáticas que a la recreación emocional y sentimental. Y expone más un fenómeno social que un trayecto personal del que viaja. De tal suerte que el viajero ha devenido en un turista sin atributos, ubicado en un mundo de relaciones económicas y de viajes instrumentales del ocio programado. De aquí que el antropólogo Marc Augé nos hablara ya del Viaje imposible (1977, edición española 1988), al referirnos la ola posmoderna de El turismo y sus imágenes, como  temático.

Y aquí, desde las imágenes literarias del turismo desplegadas, podríamos interrogarnos sobre otras posibilidades indagatorias del Paisaje para construir relatos de viaje a través de la Pintura, de la Fotografía y del Cinematógrafo. Un Paisaje que no deja de ser en cualquiera de sus vertientes una Construcción cultural. Por ello, fija Javier Maderuelo en “Del arte del paisaje al paisaje como arte” (1997)  que el concepto de paisaje, como construcción mental, comienza a tomar cuerpo en Europa a finales del siglo XVI y experimenta una súbita transformación a partir del siglo XIX. Los debates romanos del siglo XVII, toman forma en los conceptos de Paisaje natural, Paisaje histórico y Paisaje ideal que se hacen patentes en un pintor tan singular como Poussin. Ya no será, consecuentemente, la visión literaria y poética que fundamenta el interés por el Paisaje del Pintoresquismo; sino una nueva mirada científica y abstracta que posibilita una representación diferente. No es casual que entre 1771, fecha en que Carlos III funda el Real Gabinete de Historia Natural y 1855 en que Espartero crea la primera Escuela Agrícola, se sitúe como fecha intermedia la de 1844 con la creación de la Cátedra de Paisaje en la Real Academia de San Fernando. Reflejando con ello, tanto la creciente institucionalización del saber físico sobre la Naturaleza, como las implicaciones que dichos conceptos establecerán sobre su representación pictórica y literaria.

DESCANSANDOHay, desde esta perspectiva transversal, diferentes Territorios del Paisaje que se constituyen como Territorios de la reflexión. Paisajes no sólo geográficos, físicos, pictóricos, literarios, patrimoniales, políticos y turísticos que llegan a constituir un conjunto de Relatos complementarios. Como muestra la reciente exposición del sevillano Archivo de Indias, Guadalquivir. Mapas y relatos de un río. Imagen y mirada. Donde se engarzan la Geografía, la Historia, la Hidrología, la Pintura, la Literatura y la Memoria civil o urbana.

Pero todo ello, todos los prolegómenos citados de lo literario y de lo cultural, unido a lo geográfico, acaba convertido hoy en contante y sonante industria productiva. Y es aquí, en este tránsito del Viaje literario al Turismo económico, donde se produce la fractura del relato pilletiano, al pasar de la inutilidad de lo literario a la instrumentalidad útil de lo económico. Porque asentadas las claves del viaje en cualquiera de sus variantes, es donde surge la potencia económica del Turismo como primera industria nacional y con un peso del 12% del Producto Interior Bruto. Por ello las tentativas políticas y administrativas de engancharse al tren de la promoción turística en cualquier de sus formatos: Ferias plurales, FITURES, Guías y Planes Turísticos. Más aún todo la programación del Desarrollo Regional y toda la lucha contra la despoblación rural, se ha concebido casi en clave exclusiva del Turismo interior, con sus particularidades de Turismo rural y Turismo natural. Aunque todo el empeño administrativo por retener ayudas públicas que faciliten el desarrollo y el progreso, pueda terminara a la berlanguiana Bienvenido míster Marshall, donde los vecinos de Villar del Río acaben disfrazados de flamencos.

Periferia sentimental
José Rivero

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