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Pacifistas Ciudad Real contra la violencia hacia las mujeres

- 17 marzo, 2018 – 09:4629 Comentarios

Luis Mario Sobrino Simal.- En la tarde de ayer se concentraba en las proximidades de la plaza Mayor un grupo de pacifistas con bajo lema “contra la violencia hacia las mujeres”. Tras una breve introducción en la que se han condenado los sucesos de Madrid en Lavapiés, se ha pasado lectura entre varios miembros a la lectura del comunicado que reproducimos a continuación.pacifistas-ciudad-real-violencia-mujeres

En este Círculo del Silencio queremos unirnos a las mujeres en las acciones de este mes de Marzo, en primer lugar realizando una reflexión sobre la violencia que se ejerce sobre las mujeres desde lo estructural, desde un sistema económico, político y social que se encuentra en guerra permanente contra los cuerpos, contra los cuidados, en definitiva contra la vida.

El control de la sexualidad femenina con el objetivo de controlar la reproducción ya nos viene de lejos, hablamos del siglo XII en Europa. Desde la Iglesia se ha incidido especialmente en diseñar las limitaciones y la penalización
sobre el acto sexual, la imposición tomando el control de sus cuerpos: practicando la herejía, el amor libre, el control de los abortos, salvaguardando los saberes sobre agricultura y curandería, formando comunidades como las beguinas fuera del control masculino y monástico, etc.

Desde los inicios del capitalismo se revolucionaron los procesos de reproducción social y la reproducción de la fuerza de trabajo. Estos procesos afectaron a la crianza de los hijos, al trabajo doméstico, la vida familiar, la sexualidad, las relaciones entre los hombres y mujeres y la relación entre producción y reproducción. En el centro de estos cambios se concentró la acumulación por desposesión: la privatización de la tierra y la agricultura, con la consiguiente expulsión del campesinado, muchos de ellos mujeres.

Digamos que esta ha sido la guerra que se ha venido librando contra las mujeres, cuyas armas fundamentales han sido tradicionalmente la Iglesia, las leyes y los procesos naturalizados de domesticación y sometimiento a los hombres.

En la era del ordenador y la globalización el sistema sigue ejerciendo violencia contra las mujeres, y la ejerce porque la necesita para continuar los procesos de acumulación de riqueza y trabajo. La feminización de la pobreza en el norte y en el sur, la vulnerabilidad de las mujeres ante los desastres climáticos, la pérdida del hábitat propio en los países del sur global ante el poder de las corporaciones que arrasan en busca de las materias primas necesarias para mantener la megamáquina: agricultura intensiva, minerales, petróleo, gas, etc. La desruralización en el norte y el sur, la urbanización salvaje, son procesos que afectan especialmente a las mujeres, que tradicionalmente siguen soportando los cuidados y la reproducción social, pero pierden los tradicionales soportes comunitarios que apoyaban los mismos.

Al mismo tiempo podemos ver que el cuerpo se encuentra atravesado por las relaciones de poder, es decir, el modo como se construye lo que es ser “normal” con el fin de someter a los grupos subalternos (mujeres, colonizados, otras tendencias sexuales, etc.) En este sentido, el cuerpo de las mujeres se construye como un objeto no deseante y deseado, a través de los estereotipos de belleza, los espacios por donde pueden y no circular, las tareas a las cuales deben abocarse para ser consideradas “femeninas”, desde una visión heteronormativa de las relaciones sociales. Así, tener cuerpo de mujer, es ser vulnerable a la violencia, al contacto y a la mirada de los otros y de las otras. Es sobre el sexo y los cuerpos de las mujeres, donde el sistema despliega con potencia la industria de comercialización y banalización de la vida cotidiana y del placer de la vida. De manera que tenemos la construcción del cuerpo mujer como un cuerpo-objeto, un cuerpo- no deseante y deseado de modo permanente por otros, especialmente por el grupo dominante, varones blancos, clase alta y heterosexuales que promueven su visión de mundo en la conciencia de sus propias víctimas, quienes reproducen su propia esclavitud.

Pero las mujeres siempre han luchado y siguen luchando. El clamor que dice ¡BASTA YA!, manifiesta el hartazgo  ante el mantenimiento de status y situaciones que generan violencia, y se encuentra en el núcleo de las reivindicaciones por una igualdad real en la educación, en las conductas, en el trabajo. Reivindicaciones que piensan otra vida y otro mundo y que recogen las luchas históricas de las mujeres, coordinándose a un nivel masivo internacional sin precedentes.

En esta lucha se pretende visibilizar la rabia y el dolor ante la violencia. También se ha planteado la huelga como lucha feminista que no es sólo laboral, ya que la participación de las mujeres es nuclear en todos los aspectos de la vida y ha de alcanzar otros trabajos y espacios: los cuidados, el consumo, la vida estudiantil y asociativa. Esta coordinación entre mujeres también se plantea como una unión desde la diversidad: las desigualdades y precariedades nos sitúan en diferentes posiciones ante el heteropatriarcado o el sistema económico y social, pero esta lucha se ha planteado desde el “y”, es decir, añadiendo en lugar de restando.

Desde Pacifistas Ciudad Real nos unimos en el camino de las mujeres para quebrantar los privilegios de una sociedad patriarcal y capitalista, racista y heteronormativa; un mundo depredador con la naturaleza. Compartimos las luchas contra las violencias machistas, por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, por la justicia social, la vivienda, la salud, la educación, la soberanía alimentaria, la laicidad. Contra el extractivismo y los tratados de libre comercio, la explotación y muchas otras luchas colectivas.

Queremos formar parte de un proceso de transformación radical de la sociedad, de la cultura, de la economía, de las relaciones.

La lucha de las mujeres comparte con el pacifismo el antimilitarismo y el NO a las guerras y a las fronteras; y contra los Estados autoritarios y represores que imponen leyes mordaza y criminalizan la protesta y la resistencia feminista y pacifista. Unidas también a las mujeres que defienden los derechos humanos y la tierra, arriesgando incluso sus vidas.

Este proceso continúa. Como en este momento del Círculo del Silencio, evidenciando la importancia del espacio público, como plataforma para compartir la calle, e intercambiar saberes y prácticas que nos ayuden a conformar otros mundos.

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