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- 16 abril, 2018 – 07:00Un comentario

Luis Mario Sobrino Simal.- Algo más de una hora después, el HOMBRE sale de la sala completamente alucinado: “ES INCREIBLE – piensa – LO QUE LA TÉCNICA ES CAPAZ DE INVENTAR POR HACER QUE LA GENTE PUEDA PASAR UN RATO DISTRAIDO Y RELAJADO…”

el-progresoPaseando por la calle y sorteando semáforos, pasos elevados, subterráneos, vehículos a gran velocidad, ruidos ensordecedores de sirenas y alarmas de todo tipo, el calor producido por la contaminación atmosférica,…en fin,  – caminando tranquilamente -, el HOMBRE encuentra a un viejo amigo que ha parado su potente máquina coche junto a la acera por donde paseaba.

Le saluda, entra, hace un calor enorme pero el coche con climatizador lo minimiza. Unas cuantas frases se entrecruzan entre ambos pues hace tiempo que no se ven. Su amigo le pregunta donde le apetece ir. El HOMBRE contesta cabizbajo que “da igual, a algún sitio donde poder respirar un poco de aire puro y fresco”. Al cabo de un rato, EL HOMBRE hace por error un gesto abriéndose la ventanilla sensorizada. El coche se llena de gases. Haciendo un nuevo gesto, esta vez voluntario,  la ventana sube de nuevo. El HOMBRE le comenta a su amigo – ya más sosegadamente – que le gustaría salir fuera de la ciudad, quiere ver el campo, disfrutar de él y… respirar un poco. Nunca ha salido de la ciudad y tan solo tiene el recuerdo de lo que su madre le contaba de pequeño:

lm2“Escucha hijo, el campo era algo maravilloso, era la fuente de la vida y de todo lo que tenemos. Algo lleno de paz y tranquilidad, un lugar lleno de belleza, donde florecían los almendros en primavera y crecía la uva en otoño. Un lugar donde los únicos sonidos eran los cantos de los pájaros, los bramidos de los antílopes y el correr del agua a través de los ríos. El campo, hijo mío, también era tristeza por el trabajo duro y extenuante y siempre mal pagado de los campesinos y jornaleros, era explotación por parte de los terratenientes y muerte por la caza furtiva que aniquilaba especies en extinción. El campo padecía también los incendios provocados para construir urbanizaciones. El campo era la Naturaleza y la Naturaleza era la vida. El campo era algo – que como dijo aquel jefe indio – “se nos prestaba al nacer y teníamos que devolver al morir…”

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Un comentario »

  • Charles dice:

    El hombre pertenece a la Naturaleza y ésta, con su poder y majestuosidad, nos recuerda lo finitos que somos y lo necesario que es estar alertas y preparados para enfrentar sus desastres caprichosos que, con bastante frecuencia, se hacen cada vez más presentes producto principalmente de la actividad humana….

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