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Desde el revés de la Inopia

Carta abierta a los emplazados

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Rafael González JiménezMe refiero, claro, a los compañeros y compañeras que estáis ocupando todas esas calles y  plazas a lo largo de nuestro país, y en muchos otros sitios del planeta, expresando vuestra indignación y vuestro rechazo a la situación actual del mundo; indignación y rechazo que son también los nuestros, los de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas que no entendemos cómo esos pocos, los que configuran las élites económico-financieras y las cúpulas políticas a nivel mundial, pueden haber llegado a imponerse de una forma tan brutal sobre la inmensa mayoría de una población que cada vez encuentra más pisoteada su dignidad y más limitadas sus condiciones para una vida que pueda merecer el calificativo de humana.

Espejismos de libertad

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Quiero empezar mandando un saludo, un abrazo y una felicitación bien grandes a los valerosos pueblos egipcio y tunecino. Y ojalá podamos mandárselos, también, a otros pueblos y otras gentes, tanto del mundo árabe como de otros contextos geográficos y culturales, que, cansados de soportar situaciones inaceptables de injusticia y opresión, sean igualmente capaces de alzarse contra sus particulares tiranos para intentar tomar las riendas de su destino.

Algunas modestas reflexiones se me ocurren a partir de estos esperanzadores acontecimientos. La primera sería constatar el puntillazo que suponen para esas posturas derrotistas –tan frecuentes por desgracia en nuestras sociedades “desarrolladas”- de todos aquellos que proclaman la inevitabilidad del “desorden establecido”, la imposibilidad real de que las cosas cambien. ¡Vaya si pueden cambiar! Sólo hace falta un pueblo que diga “¡basta!”; que se eche a la calle de forma pacífica, sí, pero radicalmente firme y obstinada; que no esté dispuesto a seguir soportando la indignidad y la violencia de un trato inhumano y degradante.

No olvidemos, además, que este proceso liberador que hoy se extiende por el norte de África tuvo un inicio, un detonante que prendió la mecha del descontento popular: el joven universitario Mohamed Bouaziz, quemado a lo bonzo en la localidad tunecina de Sidi Buzid como radical acto de protesta cuando la policía le quitó el modestísimo puesto de frutas ambulante con el que pretendía ganarse la vida. Lo que nos demuestra también lo importantes y transcendentes que pueden resultar en ocasiones determinados gestos individuales, por más que lamentemos profundamente el hecho de que situaciones vitales desesperadas puedan llevar a alguien a tomar una determinación tan drástica.

Otra lectura que permiten, creo yo, estos acontecimientos es la de constatar, una vez más, la brutal hipocresía de los gobiernos del norte, capaces de apoyar con absoluta desfachatez a tiranos de diverso pelaje buscando salvaguardar intereses económicos o estratégicos nunca claramente explicitados (y siendo por ello responsables también de las tropelías cometidas por esos sátrapas contra sus pueblos), para abandonarlos después con toda desfachatez cuando pintan bastos, apresurándose entonces a formular ampulosas declaraciones a favor de los “procesos democráticos”, el “respeto a la voluntad popular” y bla, bla, bla… Y esto sucede una y otra vez sin que a ningún gobierno –principalmente a los de Estados Unidos y la Unión Europea hasta el momento (aunque China también aprende muy deprisa)- se le caiga la cara de vergüenza: ocurrió con Reza Pahlevi, el Sha de Persia, con Saddam Hussein de Irak, con las tiranías despóticas del Golfo Pérsico o Marruecos…, sin salir de esa zona del planeta. Para qué decir si nos trasladamos a otras partes de África o a otros continentes. Por cierto, y ya que viene a cuento: ¿qué dirá nuestro gobierno cuando Teodoro Obiang, el tirano de Guinea Ecuatorial, sea por fin defenestrado? ¿Entonará un compungido “mea culpa”? ¿Enviará de nuevo al señor Bono a negociar ventajosos intercambios comerciales con los nuevos dirigentes de aquel país.., y pelillos a la mar? Un asco y una vergüenza.

Y, en fin, sin deseos de aguarles la fiesta a egipcios, tunecinos y demás pueblos (ojalá sean muchos) capaces de ir rompiendo las cadenas seculares que los oprimen, me atrevería a decir un par de cosas más. La primera es desear a estos pueblos que sean muy conscientes de la longitud y la dureza de tales cadenas. El hecho de que desaparezca la figura del tirano, visible y odiado, no significa el fin de una tiranía que, sin duda, habrá impregnado buena parte de la maquinaria del estado y de ciertas capas sociales (obviamente las más favorecidas). Deberán por ello, creo yo, permanecer unidos, vigilantes y dispuestos a seguir luchando por conseguir un cambio radical y verdadero, sin confiarse demasiado ni entretenerse en prematuros festejos, cayendo en el error de creer que ya está todo conseguido.

La segunda cuestión es más de fondo: en definitiva los tiranos, los dictadores o los monarcas.., incluso los gobernantes pretendidamente democráticos de cualquier país, por grande y poderoso que parezca, no dejan de ser meros capataces de los auténticos amos del cortijo; esto es, de los poderes financieros en sus múltiples formas (grandes bancos, multinacionales, aseguradoras, fondos de inversión…), con sus correspondientes aparatos publicitarios y mediáticos. La verdadera tiranía es hoy la de los mercados, esos “a los que hay que convencer y aplacar” cada dos por tres a base de que los gobiernos de turno sigan apretando el dogal que asfixia poco a poco a la gente. Y no sólo a los habitantes del tercer mundo; los del segundo y el primero también van sintiendo cada vez más las dentelladas de la fiera. Qué risa me da eso de que el FMI no supo prevenir la famosa “crisis”… un Rato antes. ¡Pero, por Dios, si el FMI está, precisamente, para crear las crisis, para provocar incertidumbre y beneficiar a los de siempre!... ¡Ya está bien de tomarnos por imbéciles!

Eso sí, mucho me temo que para derrocar a estos auténticos tiranos no sean suficientes egipcios y tunecinos; ni siquiera todos los pueblos árabes que ahora se están removiendo. Para enfrentarse al verdadero poder global cada pueblo y cada ciudad del planeta tendrían que convertirse en una Plaza Tahrir llena, como la de El Cairo, de gente pacífica y decididamente empeñada en decir “¡basta ya!”. De gente resuelta a enarbolar, bien alto, la única bandera de su propia dignidad humana.

Rafael González Jiménezp { margin-bottom: 0.21cm; }

La masa

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La cabalgata del amor -“Loveparade”- del pasado sábado 24 de julio en Duisburgo (Alemania), se convirtió en la fiesta del terror como consecuencia de la incontenible avalancha humana que intentaba acceder a un recinto -al parecer insuficiente para acoger a casi el millón y medio de personas congregadas- a través de un estrecho túnel que pronto se vio colapsado, provocando la muerte por aplastamiento de 19 personas (entre ellas dos chicas españolas del programa “Erasmus”) y cerca de 350 heridos.

Globalizar la vergüenza

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¿Qué globalización?

  Solemos decir que vivimos en un mundo globalizado. Pero no es verdad. Lo único realmente global es la economía; la “alta economía”, me refiero. Es decir, la especulación financiera, los flujos del dinero virtual, los negocios de las grandes multinacionales y su capacidad de deslocalizar empresas implantándolas en lugares donde pueden abaratar costos a base de pagar salarios miserables y no tener que someterse a restricciones de carácter sindical o medioambiental…

      Pero claro, siguen sin globalizarse los derechos humanos, las condiciones mínimas para una vida digna de todos los habitantes del planeta, el libre tránsito de los trabajadores que huyen del entorno miserable en que han nacido buscando la propia supervivencia y la de sus familias, las reglas de juego justas a nivel mundial que puedan ofrecer a todos las mismas oportunidades… Y es que hablar de justicia en medio de estas contradicciones no deja de ser un doloroso sarcasmo.  

Noticias que se dan de bofetadas

      En estas fechas, cuando se aproxima el día mundial contra la pobreza (¡como si la pobreza fuera cosa de un día!) los medios de comunicación nos siguen bombardeando con sus (des)informaciones. Una, que está en casi todas las portadas de los noticieros, es la marcha triunfal de “La Roja” en su camino hacia el Olimpo de las gestas deportivas patrias, cosa que sin duda nos reconforta y nos alivia un poco de los efectos de esta crisis tan mala. Otra, disputando protagonismo a la anterior, se refiere a los últimos efectos del “caso Gürtel”, ese que uno ya no sabe si es “trama”, “drama” o “vodevil”, aunque para abreviar podemos llamarle, de forma castiza, inmensa chorizada de esa panda de mafiosos que aún nos asombrarán con nuevas ramificaciones, con más implicaciones (¡”presuntas”, eh, no vayamos a…!) en otros muchos ámbitos de la delincuencia organizada. Una tercera, y de las más esperanzadoras, es que, ¡por fin!, el índice Dow Jones ha reconquistado los 10.000 puntos en Wall Street, dato que los finos analistas de la cosa monetaria consideran como claramente revelador de que los negocios volverán a florecer; la gran banca se forrará de nuevo (¿había dejado de hacerlo durante la recesión?); los altos ejecutivos de las finanzas seguirán apaleando miles de millones en forma de bonus, opciones, jubilaciones de escándalo y otras bagatelas; el comercio mundial volverá a reactivarse en beneficio de los de siempre.., etcétera. Y para muestra un botón: J.P. Morgan, uno de los mayores bancos del mundo y sospechoso, como otros de su nivel, del inicio de la crisis, ha ganado en lo que va de año ¡siete veces más que en 2008!, para mayor gloria y regocijo de sus directivos y accionistas. ¿Qué decían ustedes de regulación de los mercados, de normas para evitar el latrocinio flagrante de estos monstruos de la economía, de intervención de los gobiernos para poner un poco de orden y mesura en las finanzas internacionales? ¡Nada de eso, hombre, que el peligro ya ha pasado! ¡Volvamos a lo de siempre, caramba, que algunos millones de parados más no tienen por qué aguarnos la fiesta! ¡Venga, fútbol a todas horas y en todas las cadenas para solaz y anestesia del personal, que lo peor ha quedado atrás y ya podemos enarbolar de nuevo la bandera de la calavera y las tibias!

      Otra noticia, por último, ha quedado medio escondida entre las anteriores. Según el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) se han superado recientemente los mil millones de hambrientos en el mundo. Cuando se anunciaron los pomposos “Objetivos del Milenio” en el año 2000 esa cifra alcanzaba los ochocientos millones. Y lo más grave es que desde que se están registrando estos datos la proporción mundial de pobres no ha hecho más que crecer, con efectos devastadores sobre todo entre la población infantil. Unos once millones de niños mueren anualmente a causa de la pobreza, la desnutrición y las enfermedades asociadas a estas desgracias. Simplemente de diarrea mueren antes de cumplir los cinco años más niños que de malaria, sarampión o sida juntos, las plagas más frecuentes en el mundo pobre. ¡De una simple diarrea, cuya curación podría costar no más de una fracción de euro!

      Si estas noticias las ponemos juntas, así a mogollón, cuesta trabajo creer que no provoquen una oleada de indignación y de vergüenza universales capaces de hacer saltar todos los diques de contención que lo políticamente correcto, los esparadrapos de las ONGs, las campañas de solidaridad y de “apadrina un negrito”, los comités de bla-bla-blá y las cumbres de no-se-qué se empeñan en seguir colocando para sostener lo insostenible.  

Globalicemos la vergüenza

      … hasta que se nos caiga la cara de ídem., hasta que el planeta se tiña con el rojo púrpura de la vergüenza y la cólera de todos. Pero eso sí, evitemos los sentimentalismos, los “¡pobrecitos!”, las limosnas, y los “granitos de arena”. No se trata de ser insensibles o de dejar de compartir lo que tenemos –bienes materiales, dinero, tiempo, esfuerzo personal- sino de tener muy claro que eso es completamente insuficiente; que hay que ejercer una resistencia y una oposición globales y bien firmes ante los poderes que manejan el mundo; que hay que salir a la calle por miles, por millones, a decirles a los que gobiernan, a los que manejan el tinglado, que no vamos a consentir este estado de cosas ni un minuto más.

      Y habrá que hacerlo pronto, ¡ya! Porque cuando los pobres, los parados, los excluidos de toda condición, se hagan conscientes de cuántos son (y de cómo siguen creciendo), nos faltará espacio para correr y agujeros donde escondernos… ¿Qué no?

Educación, más allá de oportunismos

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Periódicamente la educación adquiere un gran protagonismo en los medios, ya sea por el último Informe Pisa, por la postrera gamberrada o batalla campal de los botelloneros de turno, por la violación y el asesinato espeluznante que con mayor frecuencia de la deseada salpica de rojo las páginas de diarios y noticieros o por cualquier otra de esas calamidades que vamos considerando casi inevitables en nuestras sociedades postmodernas del siglo XXI.

Dioses, ídolos y otras patrañas

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A lo largo de su historia el ser humano ha necesitado determinadas “muletas” que le han ido ayudando a soportar la carga de una vida muchas veces azarosa y difícil. Las respuestas a las famosas preguntas existenciales –“¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?”…- o a los misterios insondables del universo, se han materializado en toda esa pléyade de seres y acontecimientos sobrenaturales que, con mayor o menor fortuna y de forma más o menos coherente, han procurado llenar las lagunas de una racionalidad y un pensamiento incapaces de abarcar, hasta la presente, conceptos y realidades tan fuera y tan por encima de su ámbito.

Resaca electoral

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Resaca electoralAcabaron por fin las soporíferas elecciones europeas. Bueno, soporíferas en cierto modo; también podríamos calificarlas de enervantes, groseras y escamoteadoras de propuestas serias y debates inteligentes que de verdad tuvieran que ver con Europa, como se ha señalado por casi todos los analistas en los últimos días. Terminado el escrutinio y conocidos los resultados volvemos a lo de siempre: ¡todos han ganado! Unos porque han obtenido más votos que los demás; otros porque la pérdida no ha sido tan aparatosa como esperaban; otros porque mantienen los mismos representantes o porque consiguen colocar a alguno de los suyos en el Parlamento de Estrasburgo..; en fin, una gozada.

Contra natura

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-No es mi intención tratar de hacer leña del árbol caído (bueno, si no caído, al menos un poco ladeado). Ya hay suficiente revuelo, opiniones en los medios y comentarios de todo tipo sobre los últimos y dolorosos sucesos de abusos y maltratos a niños y jóvenes sacados a la luz pública en Irlanda por ese informe que cifra en unos 35.000 los casos demostrados de tales abusos ocurridos a lo largo de las últimas décadas en instituciones educativas gestionadas por congregaciones católicas, en especial por la denominada Christians Brothers, en ese país. No hace tanto hemos sabido de casos similares en Estados Unidos y en otros lugares que, en su conjunto, van a suponer cuantiosas indemnizaciones monetarias que saldrán de las arcas de la Iglesia, y en ocasiones también -por qué no decirlo- de las arcas públicas de los estados. El asunto es tanto más doloroso por cuanto se sabe que, en muchos de estos casos, la jerarquía eclesial estaba más o menos al tanto de tales hechos y no tuvo una actuación decidida y responsable para evitarlos y dednunciarlos; muy al contrario, en ocasiones actuó con tácticas encubridoras, dificultando incluso la actuación de denunciantes, testigos y jueces que pretendían investigarlos y castigarlos.

...mucha, mucha policía

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Mucha PolicíaParece que el famoso estribillo de Sabina, con una intención cada vez más seria y no con la ironía usada por el cantante, viene siendo cada vez más repetido por colectivos de toda índole. Desde los médicos o los profesores agredidos por cualquier usuario que considera no suficientemente atendido su derecho a la sanidad o a la enseñanza  -se apoye o no esta consideración en razones más o menos reales y objetivas-, hasta los padres que temen por la integridad física de sus hijos en colegios e institutos, bien a causa de esa moderna plaga del buylling, bien por el acoso de pederastas o de “camellos” que pululan por los alrededores de los centros escolares; pasando por las posibles víctimas de la violencia de género o la demencia terrorista; los forofos de cualquier equipo de fútbol que temen las agresiones de los seguidores del equipo contrario; los árbitros, tantas veces en riesgo de linchamiento ante decisiones polémicas en el terreno de juego; los usuarios del metro, o simplemente los paseantes por vías poco transitadas, a ciertas horas o en determinadas zonas más “peligrosas” de las ciudades; los inmigrantes sin papeles o los mendigos que duermen en las garitas de los cajeros automáticos o en los bancos de cualquier parque; las personas, sobre todo los ancianos en peores condiciones físicas, que acaban de retirar del banco cierta cantidad de dinero…, y un larguísimo etcétera de toda esa violencia próxima y cotidiana en la que no incluyo la barbarie de las “guerras preventivas”, los genocidios a gran escala, las hambrunas provocadas por la especulación alimentaria… y tantos otras tragedias, algo menos cercanas, geográficamente hablando, aunque mucho más dramáticas.

Venta de la Inés: ¡Vuelta a empezar!

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¡Nuestro gozo en un pozo! Después de tantas denuncias, juicios, declaraciones, artículos en prensa, comentarios radiofónicos y reportajes televisivos en distintas cadenas; después de las numerosas visitas de políticos, Defensora del Pueblo de Castilla-La Mancha, personajes de la cultura, las artes o el periodismo; después del apoyo de tantas asociaciones ecologistas, senderistas, culturales y ciudadanas de los más diversos ámbitos; después de la creación de la Asociación de Amigos de Venta de la Inés, a través de la cual se ha estado, y se está, trabajando desde hace muchos años por la defensa y el reconocimiento de este enclave cervantino; después de que la familia Ferreiro haya venido acogiendo de forma cariñosa y desinteresada a tantos visitantes, ofreciéndoles un lugar de descanso junto al fuego, siendo invierno, o al abrigo del frescor proporcionado por los anchos muros de su casa en verano, informándoles de los posibles recorridos por aquellos parajes e incluso, no pocas veces, dando de comer y beber a muchos de ellos bajo la impresionante morera que sombrea el patio de la Venta; después de tantos actos culturales con motivo del “Día del Libro” o cualquier otra efeméride, celebrados en la vecina “Fuente del Alcornoque”, la propia Venta de la Inés o las Casas de Cultura de Puertollano o Almodóvar del Campo…