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Constitución Española: el espíritu educativo

- 6 diciembre, 2003 – 01:00Sin comentarios

José Valverde (Consejero de Educación)

José Valverde   La historia de las personas libres nunca fue escrita por la suerte, sino por la elección que éstas hicieron en un tiempo y unas circunstancias determinados.

   Hace ahora veinticinco años los españoles decidimos protagonizar nuestra propia historia por nuestra propia voluntad, sin imposiciones. Así nació nuestra Constitución, producto del acuerdo de mucha gente y de algunas renuncias de aquellas personas que, en el año 1978, tuvieron la osadía de soñar con una vida mejor y que tomaron las decisiones correctas que cambiaron sus vidas y nos ofrecieron a todos la oportunidad de vivir en libertad. (Continúa...)

   La Constitución nos abrió la puerta a un nuevo horizonte de responsabilidad para tomar nuestras propias decisiones como pueblo y esas decisiones han ido influyendo positivamente en la vida que fluye a nuestro alrededor. En estos veinticinco años hemos podido escribir nuestra propia historia y lo hemos hecho con la fuerza de la razón.

   La Constitución aseguró y garantizó los derechos fundamentales de los ciudadanos y sentó las bases que nos han permitido introducir normas para organizar un sistema social y económico que ha mejorado las condiciones de vida que eran demandadas por la mayoría de la población. Sus frutos, que pueden apreciarse en todos los campos, han resultado extraordinarios en lo que a Educación se refiere.

   En el Artículo 27 se afirma el derecho de todos los ciudadanos a la educación y la obligación del Estado de satisfacerlo. También establece de manera tajante que "la enseñanza básica es obligatoria y gratuita". No hay posibilidad de exclusión o discriminación por causa racial, económica, ideológica o de cualquier otra índole. Establece, así mismo, como objetivo de la educación "el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales".

   La Constitución ha posibilitado que la educación se convierta en un bien público fundamental que debe ser ofrecido a toda la ciudadanía de manera integral, capaz de satisfacer las necesidades y los intereses de todos, en todos los ámbitos del desarrollo personal y colectivo, y ha puesto en primer término el valor de la igualdad como principio cívico, la asunción de la diversidad y la diferencia como hechos incontestable, la equidad como principio para conjugar igualdad y diferencia en la provisión de oportunidades y recursos, la justicia, la convivencia y la cohesión social. Nunca ha habido en España y en Castilla-La Mancha un desarrollo educativo como el que hemos alcanzado en estos veinticinco años de Constitución.

   Nuestro deseo, desde la Consejería de Educación, es que se siga profundizando en el conocimiento de nuestra Ley de Leyes, pues no me cabe duda ninguna de la verdad que encierra aquel hermoso dicho que afirma “ama quien conoce”. El conocimiento de la Constitución nos debe conducir a algo más que a la celebración de su XXV aniversario, nos debe llevar a la expresión de nuestro respeto y nuestro amor por la Democracia, por la libertad y por la igualdad, y a reconocer los fundamentos y la arquitectura en los que se funda nuestro presente y nuestro porvenir, afianzando los valores que ordenan nuestra convivencia y que, entre otros, cabe señalar el de la tolerancia, pues tolerar no significa estar de acuerdo con el otro, ni ser indiferente frente a la injusticia, sino demostrar respeto por la humanidad esencial de toda persona.

   En los centros educativos hemos trabajado mucho estos días para que la Constitución tenga el protagonismo que merece. No nos quedamos ahí, pues estamos convencidos de que cada día, todos tenemos la oportunidad de enseñar los valores que atesora en el aula o en la calle, en la familia o en cualquiera de las organizaciones de la sociedad, a los niños, a los jóvenes o las personas mayores, a respetar al prójimo, sus creencias y sus prácticas, aunque no sea más que tratando de dar el ejemplo nosotros mismos. Este es el espíritu que nos anima, el espíritu de la Constitución española.

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