Violencia hacia el sexo débil

Lola Merino Chacón (Presidenta Nacional de AMFAR)

  

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra sexo como la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas y a continuación, explica que el sexo débil es propio del colectivo de mujeres. Posiblemente estas acepciones estén relacionadas con quienes tradicionalmente ejercen el poder, ya que es habitual escuchar que son las mujeres las que mejor soportan los pesares de la vida sin dejarse sucumbir ante los golpes del destino, mientras que son ellos los que llevan peor las adversidades. El lenguaje es la principal herramienta que tenemos para comunicarnos en la sociedad, siendo las diferentes formas de expresión las que denotan nuestros esquemas de pensamiento.

  Unos esquemas que son aprendidos y que urge cambiar, ya que son una forma más de atentar contra la mujer. Porque no hay argumento lingüístico, moral, ni social que justifique el maltrato que cada día sufren millones de personas en todo el mundo por la única razón de ser mujer. Dejando a parte las diferencias físicas, nadie nace más fuerte por ser hombre o mujer, sino que es la educación la que asigna a cada persona su rol, inculcando desde pequeños los valores que van a definir la condición de cada ser humano a lo largo de su vida.

   A lo largo de la historia han sido muchas las mujeres que se han rebelado ante esta condición de sexo débil, y en demasiadas ocasiones han sido rechazadas tanto por los hombres, como por las mujeres de su contexto social. Es cierto que vamos cambiando mentalidades, pero la lentitud del proceso y el poder que otorgamos al hombre desde la cuna siguen traduciéndose en actitudes violentas hacia la mujer.

   La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1.993 la Declaración de la Violencia contra las Mujeres, definiéndola como una agresión -basada en el género- que da lugar a un perjuicio de sufrimiento físico, sexual o psicológico a las víctimas, incluidas las amenazas, la coerción o las privaciones arbitrarias de libertad, tanto si se producen en la vida pública o como en la privada. En 1.981 se instauró el 25 de noviembre como el Día contra la Violencia hacia la Mujer y desde entonces, aprovechamos esta fecha para reflexionar y aportar soluciones a una lacra social que afecta a todo el planeta.

   En lo que va de año, 87 mujeres han sido asesinadas en España a manos de sus parejas o ex-compañeros sentimentales. Cuando en una relación sentimental el respeto no es la base, sino que existe una diferencia de poder entre la pareja, se corre el riesgo, no sólo de la ruptura, sino de la dominación de una de las partes y la pérdida de libertad de la otra. La falta de igualdad y respeto generan maltrato en la esposa, novia o ex-pareja, sin olvidar que la posición inferior de la mujer en el ámbito social le propinan también violaciones, acosos o vejaciones. Según las cifras de la ONU, se abre una horquilla entre el 25% y el 75% de las mujeres del mundo –dependiendo del país- que han sido violadas en algún momento de su vida; cerca de 120 millones de mujeres han padecido mutilaciones genitales, y son las mujeres y los niños quienes encabezan el número de las víctimas de guerra que se producen en todo el planeta.

   Extirpar de la sociedad la violencia hacia la mujer es tarea de todos, hombres y mujeres, siendo preciso re-distribuir de nuevo las tareas, los roles, el poder y las responsabilidades para que no se basen exclusivamente en el género, y permitiendo a la mujer que tome sus propias decisiones en el ámbito privado y público, participando en los procesos de toma de decisiones de la sociedad en la que vive. Sólo así podremos alcanzar la igualdad real, desde el respeto a la libertad de cada individuo para dirigir su propia vida.

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