Público cumple un año

Portada del diario PúblicoCarlos Otto-Reuss .- El pasado viernes hizo exactamente un año desde que Público apareciese por primera vez en los quioscos españoles. El periódico se presentó como una apuesta novedosa llevada a cabo por Mediapro (con Jaime Roures al frente), que presentaba un nuevo diario nacional dirigido por Nacho Escolar, uno de los blogueros más conocidos de toda España, que a sus 31 años se embarcaba en la dirección de un nuevo periódico de izquierdas.

A lo largo de este año ha habido críticas de todo tipo para Público. De modo resumido, aquí podemos exponer brevemente los puntos positivos y negativos del diario:

Lo negativo: En no pocas ocasiones, Público ha sido acusado de ser, sin disimularlo, un diario claramente de izquierdas. Esto no tendría por qué ser un problema demasiado grande, ya que a día de hoy, demagogias aparte, es esencial que un periódico tengo una línea editorial, y Público nunca ha ocultado la suya. Sin embargo, de este diario se ha dicho incluso que es un periódico al servicio del gobierno de Zapatero, y para argumentar esta tesis se ha acudido no sólo a la ideología del periódico sino a los supuestos favores que Zapatero habría hecho a Mediapro en la guerra del fútbol y a la hora de sacar un periódico que no gusta ni un pelo en el grupo Prisa.

{mosgoogle}Sin embargo, y pese a todo, servidor considera que este nuevo diario tiene mucho más de positivo que de negativo.

Lo positivo: Público ha supuesto un inmejorable soplo de aire fresco para el periodismo español, y no sólo por su imagen moderna. En primer lugar, Público se ha desprendido del clásico editorial, esa figura periodística que tenía sentido cuando no había libertad de expresión pero que a día de hoy es tan carca como absurda. En Público no hay acusaciones truculentas ni críticos encubiertos: el que quiera conocer el punto de vista de Nacho Escolar no tiene más que ir a su blog.

Durante este año, Público ha destacado por varias decisiones novedosas: no hablar de la tauromaquia (excepto para denunciarla), no publicar anuncios sobre prostitución, denunciar los privilegios de la Iglesia Católica o dedicar su portada a un videojuego. Para unos, estas decisiones no son más que progresismo barato y ganas de llamar la atención; para otros, es un compromiso.

Por otro lado, Escolar advertía hace un año de que la web del diario no se iba a convertir en un contenedor de noticias de última hora. Este anuncio resultaba sorprendente habida cuenta del excelente curriculum cibernético de Escolar; sin embargo, él insistió en que nadie pensase que Público se limitase a dar la última hora de la última hora de la última hora. Hace unos días decía Escolar: «En este año de Público hemos intentado –no sé si con éxito, eso lo juzgáis vosotros– hablar de bosques y no sólo de árboles. Contar la realidad de cada día, reflejar la actualidad, sin tampoco dejarnos arrastrar por el último teletipo. Fijar nuestra atención en lo realmente importante en lugar de hablar sólo de lo urgente». Y, efectivamente, así ha sido. En el periodismo español sobran declaraciones y faltan análisis: en cuanto sucede una noticia, todos los medios mostramos las declaraciones de medio país al respecto; en este país, las reacciones a una noticia se han convertido en más importantes que la noticia en sí o, sobre todo, la situación en la que puede desembocar una noticia. Ese intento absurdo -y contraproducente- de ofrecer todos los datos habidos y por haber -incluso cuando son totalmente innecesarios- ha provocado que en este país nos hayamos convertido en voraces consumidores de noticias, en tragadores de acontecimientos ante los que no nos vamos a parar a reflexionar.

Lo que ha hecho Público ha sido cambiar el enfoque, la forma de transmitir información. Frente a la fiebre de la última hora, Público no ha dejado de lado las declaraciones y reacciones de los políticos ante determinadas situaciones, pero se ha centrado, sobre todo, en los análisis. Y no confundamos análisis con opinión: a lo largo de este año, Público ha ofrecido un sinfín de artículos tan periodísticos como analíticos a la hora de abordar distintos temas. Obviamente, un análisis siempre irá acompañado de una línea editorial y de una interpretación por parte del periodista, pero esto no está reñido con la objetividad. Se puede ser analítico y crítico sin por ello dejar de ser objetivo.

Y por otro lado, y huyendo de nuevo de la fiebre de la última hora, Público ha dado cabida en sus páginas a temas que no son urgentes, ni de última hora, pero que son importantes, según la línea editorial del periódico. Es por ello que durante todo este año se ha hablado de la eutanasia, del aborto y del maltrato a los animales, expresado tanto con la tauromaquia como con las horribles y catetas fiestas populares de algunas localidades. En este sentido sí que se puede establecer un paralelismo entre Público y el Gobierno de Zapatero, y es que a los dos les han acusado de ocuparse de temas «que no importan» en lugar de hablar de temas «mucho más urgentes».

El problema está en la mente de los que piensan que sólo lo que ha sucedido hace apenas unas horas puede ser noticia.

P.D.: Por cierto, que hoy Público nos da, de nuevo, su receta: noticia, noticia y análisis. Curiosas noticias, por cierto.

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