La Navidad que deseo

Carmen Quintanilla Barba.- Dijo Norman Vincent Peale, un predicador cristiano, que “la Navidad agita una varita mágica sobre el mundo, y por eso, todo es más suave y más hermoso”.

Y es que en estos días en los que los cristianos celebramos la Natividad del Niño Dios, el nacimiento en un humilde establo de aquel niño indefenso pero grande por la misión que tenía encomendada,  es verdad que todo es más hermoso, más mágico.

{mosgoogle}Como por arte de magia, esa varita que decía Norman Vincent Peale toca los árboles, las plazas, los hogares y las calles, que a su paso se engalanan y se llenan de luces y la música de los villancicos nos alegra los oídos y todo ello nos envuelve de tal manera que nos despierta todos los sentidos y decimos: ya huele a Navidad.

Y mientras tanto, sin saber ni como ni por qué esa varita mágica, o mejor dicho el Nacimiento del Hijo de Dios, que es la verdadera esencia de esta festividad y lo que realmente celebramos en la Navidad quienes nos sentimos y consideramos cristianos, nos toca el corazón y nos transforma, nos llena de ternura, de amor, de buenos deseos.

Porque Jesús nace un año más no sólo en aquel portal de Belén, sino también en nuestros corazones y nos ilumina con su grandeza y nos llena de una alegría inmensa que en estas fechas tan señaladas compartimos en familia porque la Navidad es una fiesta de marcado carácter familiar.

 Y por eso, a pesar de que para muchos de nosotros, que debemos considerarnos afortunados sin duda, son unos días de felicidad, no podemos olvidar a todas esas familias que han sido golpeadas por la enfermedad, por el dolor de haber perdido recientemente a alguno de sus seres queridos, a las familias rotas por la lacra de los malos tratos…

Tampoco podemos olvidarnos, en estos días en los que compartimos mesa y regalos con los nuestros que hay 700.000 familias que tienen a todos sus miembros en el paro y que un 20% de los hogares españoles viven por debajo del umbral de la pobreza.

Sí, la Navidad vuelve todo más suave y hermoso pero no por ello  podemos olvidar que, precisamente, en Navidad también hay gente que sufre y para la que la Navidad no es tan suave, ni tan hermosa.

Por eso, en estos días, en los que la magia del Nacimiento de Jesús lo envuelve todo y en los que los más pequeños escriben con ilusión su Carta a los Reyes Magos, me gustaría pedir varios deseos que ojalá y se pudieran cumplir si existiera esa varita mágica:

– Deseo que la tristeza desaparezca del rostro y de la vida de las gentes.
– Deseo que las tragedias no azoten a los seres humanos.
– Deseo que todo el mundo disfrute del derecho a trabajar y a poder cubrir sus necesidades básicas.
– Deseo que seamos más solidarios y receptivos a los problemas de los demás tendiéndoles nuestra mano.
– Deseo que ni una mujer más sea víctima de la violencia de género.
– Deseo que ninguna guerra, que ningún tipo de conflicto armado ni ningún atentado terrorista siembren más muerte.
– Deseo que el hambre no acabe a diario con miles de personas en el mundo.
– Deseo un mundo sin sufrimiento, donde la paz, la armonía y la felicidad sean la moneda común de cambio entre los seres humanos.
– Deseo, en definitiva, que la esperanza anide en todos los corazones y que, entre todos, seamos capaces de construir un mundo mucho mejor.

Se que es una utopía, pero esta es la Navidad que deseo y estoy convencida de que es la Navidad que querríamos todos.

Mis mejores deseos en esta Navidad y que el Año 2009 nos traiga todo aquello que anhelamos.

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