Que inventen ellos

Esto lo decía Miguel de Unamuno hace ahora exactamente un siglo y reflejaba la desidia, en lo científico y en lo tecnológico, de la sociedad española de principios del siglo XX. ¡Bien cara se pagó después esa desidia, yendo durante mucho tiempo un paso por detrás de nuestros vecinos europeos!. Bueno, pues la misma desidia  ha conquistado los despachos de quienes deciden la Política Agrícola Común y que han llegado a la conclusión de que dejar de producir puede ser beneficioso para los ciudadanos  europeos… ¡Que produzcan ellos!… los de fuera… dicen. Y es probable que también en esta ocasión tengamos que pagar un alto precio en empleo, en seguridad alimentaria, en tejido rural y en la estabilidad en la cesta de la compra.
Mientras que fuera del ámbito comunitario, quienes son o aspiran a ser grandes potencias en el concierto internacional defienden sus posiciones comerciales con una extraordinaria beligerancia, aquí, en la Unión Europea, con cada Reforma de la Política Agrícola Común se han ido erosionando poco a poco sus principios. Ya no parecen ser principios válidos ni el desarrollo racional de la agricultura, ni la estabilidad de los abastecimientos alimentarios, ni garantizar un nivel de vida equitativo a los agricultores, ni ofrecer precios razonables a los consumidores… La comida cuenta ahora como una mercancía más con la que jugar al monopoly… La agricultura europea es prescindible: “ya traeremos de fuera lo que necesitemos, a lo mejor incluso más barato”, aunque sea a costa de mantener la explotación laboral, social, económica o medioambiental del tercer mundo y de reducir peligrosamente el umbral de garantías de lo que comemos.
    
Y a esto, reforma tras reforma y gobierno tras gobierno, en España, no sólo han dicho amén, sino que, además, nos lo han vendido como un éxito… siempre, sin excepciones. Desde la incorporación de nuestro país a la entonces Comunidad Económica Europea, han sido muchos los miles de millones, primero de ECUS y luego de Euros, que han venido a nuestro sector agrario. Y una parte de ellos nada despreciable ha sido directamente para incentivar la retirada de miles de ganaderos de vacuno de leche, o de miles de hectáreas de remolacha o, como ahora, de viñas. Y cuando no se incentiva directamente el abandono, se desacoplan las ayudas para alejarlas de la producción y abrirle la gatera al que tiene que irse porque no se le ha dejado otra salida.

Esta política puede ser incluso bien recibida como una solución individual, como un finiquito, por muchos agricultores y ganaderos incapaces de aguantar el ritmo darviniano que marcan las leyes especulativas del mercado y la hipocresía de una PAC cada vez más exigente con sus propios productores y menos con los foráneos. Sin embargo, colectivamente, como sector, como país, es un grave error.

No hace tantos años que en Castilla-La Mancha, nuestros políticos, cada uno desde su lado de la linde ideológica, intercambiaban acusaciones de plegarse a los intereses del exterior y tragar con la reducción de superficie de viña en Castilla-La Mancha… “arranca-cepas”, se llamaban unos a otros. Hoy, sin embargo, los políticos alardean en ruedas de prensa públicas sobre los cientos de millones que nos vamos a gastar en amontonar cepas, como cuando se amontonan en los majanos las piedras que estorban.

Nos sobra vino, y leche, y aceite, y corderos, y tomates, y porcino, y patatas, y melones, y cereal… nos sobra agricultura… o al menos así lo hacen ver quienes están diseñando esta PAC y quienes desde aquí, desde España, la aplauden porque les proporciona un cheque que rentabilizar políticamente… Un cheque que fundamentalmente pagan alemanes, franceses e italianos y que, sin embargo, se acogen con mucho menos entusiasmo que nosotros a estos abandonos, quizás porque en vez de apuntarse al “¡que produzcan ellos!”, se han apuntado al “¡que arranquen ellos!”.

Hoy, que huérfanos de construcción y en plena crisis  no encontramos sectores capaces de parar la sangría del desempleo, deberíamos pedir explicaciones a quiénes pensaron que era una magnifica idea cerrar los astilleros, y las minas y las plantas metalúrgicas… Ojalá se rectifique a tiempo con el campo para que dentro de unos años no tengamos que echar la vista atrás y darnos cuenta de que mientras otros se han empleado a fondo en dar solidez a su sistema productivo, nosotros nos hemos dedicado a seguir alocadamente una PAC que nos ha retirado de la competencia con cuatro duros.

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