La gestión de Fischer deja menos agricultores y en peores condiciones

La comisaria de Agricultura Mariann Fischer  ha anunciado públicamente que no renovará su cargo en la próxima configuración de la Comisión Europea que se decidirá en breve. A modo de balance, la comisaria ha publicado un folleto sobre la evolución de la PAC durante su mandato (2004-2009) en el que hace un repaso a las decisiones que se han ido adoptando y las causas que las han motivado.
Lejos de la autocrítica de su gestión, Fischer expone que su objetivo ha sido profundizar en los elementos que previamente se habían definido para la PAC en la Reforma del 2003 (antes de llegar ella a la Comisaría) y que se resumen en: desacoplamiento de las ayudas agrarias de la producción, vinculación de las ayudas al cumplimiento de la condicionalidad y transferencia de fondos de la política agrícola a la política de desarrollo rural.

 Las Reformas sectoriales promovidas durante su mandato (OCMs de Azúcar, Frutas y Hortalizas y Vino) y, sobre todo, el llamado Chequeo Médico han sido diseñadas -asegura- para hacer una PAC que adaptara la agricultura europea a los mercados y la hiciera más competitiva y, por ende, que contemplara las necesidades del medio rural y no sólo  las del sector agrario, además de  reflejar la creciente inquietud medioambiental (cambio climático).  

En base a todas estas reformas, de las que se hace una breve descripción en el folleto, en opinión de la comisaria se  ha conseguido una regulación pública  que ha eliminado las «montañas de excedentes» y que no maneja el mercado, sino que  actúa en momentos de crisis.

Razón no le falta. Las «montañas de excedentes» se han eliminado hasta el punto de hacer desaparecer  las reservas estratégicas (véase el caso de los cereales en las últimas campañas) que deberían haber servido para estabilizar los mercados, contrarrestar los movimientos especulativos en materias primas alimentarias y evitar la volatilidad de los precios y las fluctuaciones exageradas.

Respecto a  la  intervención como  mecanismo en momentos de crisis, hay que recordar a la comisaria danesa que, desde la aprobación del chequeo, asistimos  a numerosos episodios de crisis sectoriales (cereales, vino, leche, carne, aceite) en los que ha quedado patente la incapacidad de una intervención, debilitada para hacer frente a las crisis.

En su informe, Fischer se refiere también a una PAC más rigurosa en el gasto, más transparente y a unas ayudas estatales ajustadas a las normas comunitarias comunes para evitar desigualdades, pero no dice que en  la renacionalización de la PAC  tienen más que perder los agricultores de los países con menores recursos presupuestarios.

Por otro lado, lo que la comisaria habitualmente denomina «una PAC más simple», generalmente puede traducirse por «menos PAC» (menos peso en el presupuesto, menos regulación de mercado, menos agricultores…). No deja de ser curioso  que se considere como un logro de simplificación la eliminación de elementos que se incorporaron con anterioridad a la PAC, precisamente a propuesta de la Comisión. Hay casos verdaderamente significativos de lo que Fischer  llama simplificación, como el que tras el chequeo médico no se paguen ayudas por debajo de los 100 euros, aunque  los expedientes deban seguir tramitándose igualmente.¿Eso es simplificación?

Basta preguntar a cualquiera de los agricultores que necesitan del apoyo de verdaderos expertos (OPAs, gestorías, cooperativas, entidades de asesoramiento) para cumplimentar sus declaraciones anuales o a los funcionarios encargados de su gestión para ver en qué queda la pretendida «simplificación» de la PAC.

Mención aparte merece su opinión sobre la contribución de la  PAC  a un comercio internacional más liberalizado, gracias a la participación constructiva en la Ronda de Doha de la OMC y a la consolidación y extensión de acuerdos bilaterales. La liberalización, asegura,  «brindará nuevas oportunidades a los países pobres y a nuestros socios comerciales” sin perjuicio para el sector agrícola de la UE.

 De momento, no parecen estar tan claros los beneficios que la liberalización ofrece a los países más pobres, si se tiene en cuenta que la propia FAO ha alertado de los perniciosos efectos que el «neocolonialismo» (compra masivas de tierras por parte de inversores extranjeros para beneficiarse de la mayor liberalización del comercio) están teniendo sobre las economías agrarias de países del tercer mundo.

En cuanto a lo de que no se producen perjuicios para el sector agrícola de la UE, no parece ser cierto en numerosos sectores en los que las producciones comunitarias tienen complicado competir con producciones de otros países cuyos costes de producción son mucho más bajos, en la mayoría  de las ocasiones por legislaciones fiscales, sociales y medioambientales inexistentes o mucho más laxas que las europeas.

Defiende asimismo una PAC más «verde», es decir más vinculada con la conservación del entorno. De esto no cabe duda , pues  es seguramente uno de los elementos que hay que reconocer como positivos de la PAC, pese al incremento sustancial del nivel de exigencias medioambientales en el ejercicio de la actividad agraria.
 El mayor inconveniente del  protagonismo que se da a la actividad agraria en materia medioambiental, incluso como instrumento de lucha contra el cambio climático, es que  no es suficientemente reconocido, ni remunerado.

En sus constantes loas a la ( su) PAC, la comisaria incide en  que ésta fragua una relación más cercana entre los agricultores y los consumidores porque permite que «los  primeros gocen de una libertad mucho mayor para responder con precisión y competitividad a la demanda de los segundos».

Abusando un poco de la demagogía, podría decirse que hoy por hoy, la única libertad de la que gozan muchos agricultores dada la situación de la agricultura, es la de elegir entre abandonar el sector o arruinarse. En cualquier caso, parece que la cercanía de las relaciones entre los productores y los consumidores no llega a los precios de los productos alimentarios, en los que las diferencias entre origen y consumo crecen y se multiplican hasta límites abusivos.

 Para acabar, la comisaria de Agricultura destaca  la capacidad de adaptación  que ha acreditado a los agricultores y ganaderos de la UE, y aboga por una PAC futura que mantenga su carácter de política común, aunque lo suficientemente flexible para acometer los distintos problemas regionales (unidad dentro de la diversidad). Fischer  culmina su folleto con la siguiente frase: «Construir, no destruir: esa debe ser la futura divisa de la PAC».

Se le ha olvidado comentar que, durante su gestión, el empleo en la agricultura se ha reducido en un 8 % (alrededor de medio millón de empleos) y que  la renta de los agricultores de 10 países de la UE-15  en 2008 ha sido inferior a la media registrada en el año  2.000.

En definitiva, se pueden  discutir muchos aspectos del balance de la gestión de la comisaria, pero si ahora hay menos agricultores que cuando  tomó posesión de su cargo y, además, los que quedamos estamos peor que cuando llego, para COAG-IR  la valoración no puede ser más negativa.

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