El futuro del sector olivarero

Debido a que el imparable incremento de los costes de producción no está siendo absorbido por el aumento de los precios de la aceituna y del aceite de oliva, buena parte de los olivareros de Castilla-La Mancha están atravesando una situación que resulta, como poco, angustiosa.

Esta apreciación ha sido recientemente corroborada con un minucioso trabajo realizado por los más grandes expertos nacionales, en el que concluyen que, en las condiciones de la campaña pasada, mientras que el precio medio de un kilo de aceite de oliva fue de 1,77  euros, producirlo en una plantación tradicional, de las de 80 a 100 árboles por hectárea con 2 o 3 pies por olivo, como son la mayor parte de los olivares de nuestra región, tiene un coste de 2,20 euros por kilo.

Si esta amarga realidad esta temporada se acompaña con las enormes pérdidas que, por la mala gestión del Gobierno regional, tuvieron los olivareros al no percibir las ayudas al control integrado del olivar, con el notable encarecimiento de los costes de la energía y con la incertidumbre que produce el documento ?la PAC en el horizonte 2020?, resulta irremediable que, en estos momentos, nuestros olivareros, además de angustiados, estén altamente preocupados por su futuro.

Desde el Partido Popular tenemos claro que nuestro olivar y nuestro aceite tienen futuro. En los últimos 25 años la exportación de aceite de oliva en España se ha multiplicado por ocho y todo parece indicar que son muchas las posibilidades de que en el futuro aumente, ya que el aceite de oliva tan sólo supone el dos por ciento de las grasas que se consumen en el mundo. Es por lo que, cuando gobernemos, para hacer frente de manera realmente sostenible a los problemas del olivar y del aceite de oliva, trabajaremos para que en Castilla-La Mancha se aborde con grandeza de miras la cuestión de I+D+i, y se desarrolle un gran proyecto de reconversión del olivar tradicional. Un proyecto que permita aumentar las producciones y disminuir los costes de cultivo. Al mismo tiempo promoveremos la participación de los productores de aceite en asociaciones con el tamaño suficiente como para no estar de convidados de piedra en el mercado. Con ellos intensificaremos las campañas para, entre otras cosas,  sensibilizar a los consumidores sobre la calidad en la alimentación del aceite de oliva, para controlar los fraudes y para evitar las ventas a pérdidas.

También sabemos que para que la olivicultura de nuestra región no se vaya a pique, las ayudas de la nueva PAC son fundamentales. Por ello exigiremos al Gobierno socialista que durante los próximos meses haga una defensa a ultranza del presupuesto de las ayudas europeas, ya que, sin ellas y sin las cuantías adecuadas más del 75% de nuestro olivar será trágicamente inviable. Así mismo, instaremos al Gobierno de Barreda a que batalle para que no se olviden en Bruselas de las singularidades de nuestra agricultura, en general, y de nuestra olivicultura, en particular.

Aunque, viendo las pésimas negociaciones que hizo sobre la OCM del vino, su falta de vocación agronómica y la preocupación que tiene con las encuestas que maneja para las elecciones del próximo mes de mayo, me temo una terrible dejación de funciones y que, más que a defender al sector agropecuario se limitará a sus ya típicos garbeos en coche oficial y, con su maquiavelismo barato, a meternos hasta en la sopa sus éxitos virtuales.

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