Juntos podemos conseguir otra Europa

Se han convocado para este domingo y para el martes movilizaciones contra la firma por los gobiernos de la UE del “Plan de gobernanza económica y el Pacto por el euro”. Poco o nada sabemos de este “pacto” con recetas neoliberales cien por cien y cuyas consecuencias sobre las economías europeas, y en particular de los países más endeudados y expuestos como el nuestro son un enorme retroceso social, son y serán muy dolorosas para la mayoría de la ciudadanía, y agravarán el curso de la crisis al reducir el gasto empujando a las economías como la española a un pozo sin fondo, al estancamiento, la recesión, la depresión duradera, el chantaje del “rescate” o el impago de la deuda y la crisis permanente.
El “Pacto por el Euro” supondrá un grave atentado a la soberanía democrática de la ciudadanía en el estado español, a sus comunidades autónomas y ayuntamientos. Es aberrante, como señalan desde algunas plataformas sociopolíticas, dar nuevos pasos en la renuncia a los instrumentos económicos que permiten elaborar una política económica que atienda a las necesidades de la mayoría social en España en beneficio de los intereses de los principales poderes económicos de la banca europea y de las grandes empresas ubicadas en Alemania, Francia y Reino Unido.

El “Pacto por el Euro” ha alineado en su defensa a la derecha y la socialdemocracia y los verdes plegados al neoliberalismo. En su contra se han posicionado formalmente la Confederación Europea de Sindicatos, el Partido de la Izquierda europea, otros sindicatos de izquierdas, y la izquierda social y  alternativa.

Y nos podemos preguntar: ¿a quienes ha pedido permiso Zapatero en este acto de renuncia de soberanía democrática? Que se sepa el Parlamento no ha sido consultado. Ante la trascendencia de la cuestión, cuando se plantean medidas que implican cambios legislativos y que pueden afectar a los principios constitucionales debería ser el conjunto de la ciudadanía española quien tiene el derecho a ser consultada de modo vinculante.

Nos encontramos ante una nueva llamada a la movilización contra un modelo específico de Europa y que en los últimos años ha tenido más oportunidades y citas. Recordemos algunas: Marchas europeas contra el paro y la precariedad en los años noventa; el referéndum de la Constitución Europea en el año 2005, las elecciones europeas del año 2009 o la presidencia española de la UE el año pasado. Sin olvidar otras movilizaciones, que hay reconocer que no tuvieron tampoco mucho éxito de participación, contra aquellos instrumentos que contribuyen a la consolidación de un modelo neoliberal injusto como la directiva de las 65 horas, la directiva Bolkenstein o la directiva “de la vergüenza” sobre la política inmigratoria. O la jornada de acción contra  las políticas antisociales de la UE convocada por los Sindicatos el pasado mes de diciembre.

Escribía Ramón Fernández Durán, de Ecologistas en Acción y referente indiscutible de los movimientos sociales, en el año 2006 “Seguir articulando el rechazo social a esta “Europa” que se nos quiere imponer a toda costa, será una tarea muy importante para los movimientos sociales continentales en los próximos años. Es preciso también reforzar nuestra oposición a las políticas neoliberales de la Unión, y a los intentos de privatización de los servicios públicos ciudadanos, cada día más generalizados, al tiempo que intentamos también ir caminando hacia otras Europas y mundos posibles”.

Otra Europa que es posible. Una Europa que nada tenga que ver con el actual modelo de la UE que es un serio obstáculo para la profundización de la democracia, los derechos fundamentales, la justicia social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental. Otra Europa más social e inclusiva para todos los ciudadanos y diametralmente opuesta a una UE que adolece de falta de democracia, de legitimidad y de transparencia, y está gobernada por un conjunto de tratados que imponen las políticas neoliberales a sus Estados Miembros (EM) y al mundo entero.

Si a este contexto europeo-internacional le sumamos el agravamiento de la crisis económica en España es lógico que entre la ciudadanía haya crecido la percepción del grave deterioro democrático, de su formalismo vacío, y en consecuencia tome conciencia de la necesidad y urgencia de construir una Democracia real capaz de canalizar y atender las aspiraciones a la justicia, la libertad, la igualdad, a la profundización de la democracia, la eliminación de la corrupción enquistada en las prácticas políticas del presente régimen o la liberación de las imposiciones y herencias de la dictadura en particular de la monarquía.

Ante esa perspectiva, y con el panorama casi hegemónico de la derecha política y de las políticas de derechas, se hace necesario profundizar y articular el debate sobre las alternativas, vías e iniciativas, para construir una nueva sociedad y unas instituciones realmente democráticas, que aseguren la plena participación de la ciudadanía en la discusión y toma de decisiones que le afectan en todos los ámbitos de nuestra vida. Y para ello también es necesario una izquierda social y política reorganizada y fuerte, plural y abierta, y como decía Oskar Lafontaine, de “Die Linke” (“La Izquierda” alemana), “rechazando compromisos nauseabundos”. Juntos podemos conseguirlo.

 

 

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