Jornada de inflexión

No queda ni una sardina en el mercado de abastos de los votos. A cuarenta y ocho horas de las elecciones generales todo el pescado está vendido, incluso las raspas que con afán acopian los partidos minoristas -IU y UPyD- a cuyos candidatos el señor Hont relega a la distancia sideral de segundones en aras de la estabilidad política. Y uno se pregunta si no habría una Ley D,Hont que se pudiera aplicar sobre el lomo de los Mercados , Agencias de Calificación, Grupos Financieros y las Compañías que juegan al palé con las pensiones de respetuosos jubilados. O en la riñonera del mismo Soros enamorao de la luna que igual la especula. O los Morgan. Que le pones una a A final y sale nombra de bruja artúrica.

Regla matemática: Una Ley D, Hont para que los parlamentos sean de hormigón impenetrable para el menudillo y una Ley D,Hont para meter en vereda a los  mercaderes con más rostro que las cabezas de Pascua. Pero ya digo: todo está vendido por el módico precio de un puesto de trabajo, por el alivio de no dar un paso hacia adelante porque hacia adelante no está el futuro sino el abismo, por la decepción de tanto derroche tras el velo traslúcido de una socialdemocracia bien entendida: la verdadera socialdemocracia empieza por uno mismo, ellos mismos, quiero decir.

El voto declarado puede ser más falso que la triple AAA y el voto oculto más sorpresivo que Freddy Krugger cantando un villancico. Qué habremos hecho para merecer esto. En Italia, el jefe del Estado ha encargado a un grupo sabios (como decía Platón) que enderece la bota torcida en la que han metido el pinrel personajes indefinibles como Berlusconi o Bossi. Entre un gobierno tecnócrata y un gobierno democrático, uno prefiere lo segundo, pero entre un gobierno tecnócrata y Berlusconi a uno le entra la deuda, perdón, quise decir la duda. Tuti pescati vendutto, que no sé si se dirá asi en italiano porque me lo acabo de inventar en un arrebato de bilingüismo pentecostal.

El domingo por la noche veremos por dónde ha tirado el pueblo sabio y si es verdad lo que proclaman por adelantado las encuestas. Eso sí, antes de que se destape la voz del pueblo, ratifico una vez más mi decidido convencimiento de que no es la socialdemocracia lo que hay que revisar sino el ejército de falsos socialdemócratas como hay repartidos por estas mismas cinco provincias que lo mismo te hablan de que (ellos) son el bienestar de todos, y a poco que se quedan a oscuras tiran de tarjeta del contribuyente en pos del langostino público.

He de decirlo ya: soy socialdemócrata. Y si para que los colegios, los hospitales, las medicinas, las carreteras,  los centros de mayores, las bibliotecas, la Universidad… sobrevivan al fantasma neoliberal que recorre el  mundo, tengo que apontocar 300 napos (más) al mes, ahí van. Que lo del gratis total, o ya lo pagamos con la nómina o que paguen los ricos son escusas de picaro escaqueador. Y luego, eso sí, leña a la evasión fiscal, a la economía glub-glub y, por supuesto, a los Soros, Morgan y demás chupasangres. Que ustedes lo voten bien, que todavía podemos.

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