¿Prometo deber? O ¿debo prometer?

José RiveroSi en el Paleolítico de la Transición Democrática española, el Presidente Suárez acuñó una afirmación sostenida y sorprendente, tal como “Puedo prometer y prometo”, para hacer ver la importancia de las promesas que se vierten al futuro, para… ser cumplidas.

En el presente de la Pos transición o de la Segunda Transición, el Presidente Rajoy ha tirado por la borda los preceptos de cumplir las promesas y los mandamientos sagrados que uno hace al cuerpo electoral al que se debe. Todo ello al reconocer, sin inmutarse, al decir sin mover un músculo de la cara oculta por la barba recortada, que “No he cumplido con mis promesas, pero al menos he cumplido con mi deber”.

Sin que el tal Deber impetuoso y tan socorrido, fuera objeto de oferta electoral;  aunque bien cierto es, que en el plazo de un año, el Deber impetuoso, ha volteado a los Compromisos adquiridos y a las Promesas ofertadas. Nada nuevo bajo el sol. Porque ya con anterioridad otros Presidentes de Gobierno incumplieron sus Compromisos adquiridos ante el electorado.

Felipe González, ante el referéndum de salida de la OTAN en 1986, fue víctima de la weberiana “ética de la responsabilidad”, que le ganó la mano a la “ética de las convicciones”. Igual que  Rodríguez Zapatero, en mayo de 2010, olvidó sus compromisos con la economía de los débiles y cedió sus preferencias a los mercados rampantes.

Por ello el incumplimiento de los compromisos, en un país llamado España, es moneda corriente y a nadie sorprende que el “Deber presidencial” se cuele por debajo de la puerta. Sin saber qué cosa es el “Deber Presidencial”. Tal vez, ese asunto peliagudo sea más parte del “Haber Presidencial”, que de Compromisos que languidecen por mucho que nos pregunten.

Como ocurriera con el otro oxímoron, del himno de la Primera  Transición cantada, el “Habla pueblo habla” (‘Jarcha’, 1976). Hablar ¿para qué? ¿Hablar? para que no sólo se olviden de tu respuesta y digan que  el “Deber Presidencial” que se cuela por debajo de la puerta, es más importante que la voz de los electores y que los gritos de los ciudadanos.

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2 COMENTARIOS

    • Lo que se hace, no siempre es lo que se debe hacer. Siempre hay una horquilla de debate y de discusión.Respuestas únicas, siempre son dudosas; toda vez que la verdad siempre está repartida.
      Sabemos, por otra parte, que hay un dicho sobre la sabiduría de rectificar; pero aquel cargo público que lo desempeña, desde el compromiso de una oferta electoral determinada, y se ve ¿obligado? a cambiar, debe de poner su cargo a disposición de los que le eligieron por ese programa y esas ofertas, que ahora se caen. Todo eso es diferente de lo que estamos acostumbrados y de lo que estamos viendo.

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