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El detective íntimo: Capítulo 4

- 1 marzo, 2013 – 21:50Sin comentarios
-El detective íntimoPues ya me dirá-. Paracuellos se sentó con postura indolente frente al señor Badía, al otro lado de una mesa de cristal quebrada por una de las esquinas como un aeropuerto fallido. El despacho era tan descomunal que podía producir agorafobia a los obsesos fáciles, pero esa demostración de poderío, literalmente, le importaba un bledo al locuaz detective. Tan acostumbrado estaba a vivir a su aire. Le bastaba con meterse la mano en el bolsillo cada vez que lo necesitase y sacar veinte pavos. Eso era realmente ser rico: meter la mano en el bolsillo y encontrar un billete. Lo demás, una preocupación añadida y una deformación de las ideas: todo el mundo se deja rastros de piel por el dinero. El más puritano de ideales, el más radical de los radicales:le pones delante de las narices un cheque de 100.000 y todo el andamiaje personal de las grandes causas se va al garete. Un billete de veinte o de cincuenta en el bolsillo presto a salir al mundo capitalista. Lo demás, filfa. El señor Badía se levantó de su escultural sillón de cuero, se dirigió a la puerta y la cerró, después de asesorarse que no había nadie. Un gesto absurdo en un hombre acostumbrado a ordenar y a no ser molestado. El detective cogió unas cuantas bolas de acero que había en un cenicero y se entretuvo moviéndolas entre sus manos. -Bien, Paracuellos, creo que tengo un trabajo para ti. He hablado con tu jefe y me ha dicho que eres el mejor. Y por lo que tengo entendido un entusiasta del fúbtol. Y madridista como debe ser todo manchego que se precie... -Me gustaría que fuéramos al grano. No tengo toda la mañana-dijo Paracuellos jugando con las bolas de acero. -No seas insolente, jovencito. Estás hablando conmigo, con Carlos Badía. Sabes que puedo descolgar por teléfono y hacer que se levante hasta el presidente del Gobierno... -Sí, eso se dice por toda la ciudad. Menos a mi. No tiene mi teléfono. ¿Lo tiene? -Ya me había advertido tu jefe de tu insolencia pero no creí que fuera tanta. Si no fuera porque lo necesito te arruinaría la vida, chulito de mierda... -¿Me ha llamado para insultarme o para trabajar, porque si es para lo primero yo también puedo “disparar”- replicó Paracuellos tecleándose la boca con los dedos. -Bueno, vayamos al asunto. No sé si sabrás que me encantan los perros.. -No, no tenía la menor idea. Vaya, debo anotar eso como un baldón en mi curriculum... -Deja de comportarte como un poli de cine negro, no te pega.. -¿Y bien? -Lo que colgaron el sábado por la tarde en el vestíbulo era un perro. -Bueno, entonces la primera deducción es que es inocente...¿Qué mas? -Y dentro del perro había una llave... ¿La conservas? -Por supuesto, botín de guerra. -Esa llave... es de una vivienda. -No es extraño, desde luego, una llave como una casa, corresponde a la cerradura de una casa. Por lo que veo está usted muy avanzando en el puzzle. En eso me gana: un perro muerto colgado de la pared del vestíbulo de Inmobilarias San Ildefonso con una llave en el interior de una herida del animal. Uff, complicado. -No lo creo... Verás...- El empresario inclinó el tronco hacia el detective mirando intuitivamente a un lado y otro del descomunal despacho... -Suéltelo ya. Estamos solos, ¿no? El empresario carraspeó: -Tengo una amante... -Muy poco original, Badía, francamente me decepciona. -Se trata de la mujer de un hombre muy importante. La esposa de un pez gordo de Madrid del que fui socio. Debe haberse enterado y me manda este recado. Sabe lo de mi debilidad por los perros y la llave es la de la vivienda donde... bueno, ya me entiendes, un chalet en Sierra Morena. -Muy apropiado. ¿Cómo lo sabe? El empresario sacó una llave del bolsillo y la cotejó con la llevaba Paracuellos. - Coinciden, sí... - Mi encargo es que lo vigiles hasta cuando vaya al retrete si es posible y me pases material de primera y compruebes si se ve con Secundino García, es el que maneja los dineros de la Fundación Legia, una tapadera del Partido Demócrata Liberal . Quiero tenerlo cogido de las pelotas. -Fiuuu, misión de altos vuelos, amigo. En cuanto a lo del perro, demasiado macabro para un señor de alto postín. No me cuadra. -Quizá haya contratado a alguien para darme un aviso y ese alguien me lo ha dado a su manera. Hay mucho delincuente internacional ultimamente por aquí... -Sí, ya no estais solos, teneis demasiada competencia. -dijo tuteándolo intencionadamente- ¿Y tengo que irme a la capital del Reino? Eso te costará un ojo. -Estoy dispuesto a pagar lo que sea. -Bien, en ese caso, será un placer. Ya me estaba aburriendo de olisquear cuernos... que pagan poco. -Aquí tienes un cheque para los primeros gastos. Quiero estar en contacto contigo permanentemente, tanto si tienes algo que contarme como sino. Luego me lo das todo negro sobre blanco... Hemos terminado. En la puerta del despacho, Paracuellos le preguntó: -¿Aún sigue viendo a la mujer de su exsocio?. -No, bueno, hemos decidido dejarlo. Mi mujer está muy enferma y me necesita. -Vaya, un marido ideal -No bromees con eso, majadero. Espero ajustar las cuentas contigo cuando llegue el momento. Don Carlos Badía, Constructor, Urbanista e Inmobiliario como ponía en la placa dorada de la puerta la cerró de un portazo. El detective sonrió sin asomo de sorpresa, le tiró el dedo índice en un saludo y se alejó de allí. En las escaleras se cruzó con Lorena, y aquello fue lo mejor de la mañana. La muchacha sintió su corazón palpitar con fuerza debajo del niqui rosa que ceñía con voluptuosidad sus pechos. Paracuellos se dio cuenta. Se detuvo ante ella en el rellano de la escalera y le dijo simplemente: -Hola, Lorena, bonito nombre. Ahora que lo sé no veo otro que te venga mejor. -Gracias-dijo tímidamente- Fuiste muy claro al hablarle al señor Badía. -Todos somos iguales ante la Ley, ¿no? ¿Tienes planes para esta noche?-le preguntó sin más preámbulos. -¿Yo? No... bueno, sí, esta noche he quedado con una compañera y... -¿Una compañera? ¿Una chica como tú con una compañera? ¿Y qué hace el idiota de tu novio? Porque seguro que tienes... -Está en Madrid. -Bien en ese caso te espero a las ocho en el Bar Ataria. Es fácil. Yo voy a estar, si vas bien y si no también. Esto es un país libre. -Pero esta noche juega el Real Madrid contra el Bayer... ¿No te gusta el fútbol? ¿Prefieres el fútbol a una cita con una chica? -Ambas cosas me encantan. Le dio un beso en la mejilla y bajó los escalones de dos en dos. Lorena se quedó mirándolo con unos folios en la mano, aterrorizada y anhelante, sintiéndose feliz y culpable porque sabía que inevitablemente acudiría a la cita. El atractivo sexual de Román no era humano, era animal. Y ella en esos momentos también comenzó a sentirse como un animal. Así que despertó de la voluptuosa distracción momentánea y aligeró el paso hacia su puesto en las oficinas de Inmobiliaria San Ildefonso, un despacho contiguo al del señor Badía, como fiel secretaria que era. Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 5
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