Día Internacional del Trabajo, más necesario que nunca

Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Ciudad Real.- No ha pasado mucho tiempo desde que me vi inmerso en un debate a micrófono abierto, en el que se cuestionaba la necesidad o no de celebrar, de forma institucional, algunos de esos días que marca el calendario de conmemoraciones: Día Internacional de la Mujer, Día de la Atención a Personas Dependientes, Día del Orgullo Gay… Y en estas que mañana, día 1 de Mayo, se conmemora el Día del Trabajo.
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Discutir sobre la necesidad o no de esta celebración, podría depender del punto de partida que eligiésemos:

-Si partimos de la premisa jurídica de que el derecho al trabajo está regulado y protegido por la norma fundamental en nuestro país, La Constitución Española, y que como todos los derechos fundamentales, no han de ser objeto de manipulaciones ni mermas, no habría de ser necesario plantear dicha efemérides, como no son necesarios el día de la Libertad, o el día del Respeto a los demás… O en todo caso, habría de ser un día feliz de pura celebración.

-Pero si ponemos los “pies en el suelo” y analizamos la triste realidad social, entendemos rápidamente la imperiosa necesidad de plantear este día, no como ese día feliz de conmemoración de algo conseguido sino, más bien, como un día de reivindicación y de lucha en defensa de algo que estamos perdiendo, y que actualmente se situa como el principal drama que lastra la vida de numerosos ciudadanos-as en nuestro país, y en el mundo entero: un trabajo digno.

El paro se ha erigido en la primera preocupación social, y está dinamitando el tan ansiado “Estado del Bienestar” que parecíamos disfrutar, sin que la mirada a corto-medio plazo nos dejase entrever la terrible amenaza que se acercaba.

Un sistema económico basado en el capitalismo en estado puro, que ha potenciado la especulación inmobiliaria como panacea del sector productivo nacional, y que, nunca mejor dicho, se ha sustentado en los cimientos del ladrillo para ofrecer resultados laborales tan ficticios como efímeros, ha sido, sin lugar a dudas, la causa de la alarmante cifra de desempleados que soporta nuestro país.

Miles de empresarios confiados en esa “gallina de los huevos de oro” orientaron sus negocios hacia esa lucrativa dirección, y dimensionaron sus empresas con mayor o menor criterio, con la ilusión de aquellos que en su día perseguían “El Dorado”.

La banca nacional abrió generosamente sus puertas a quienes necesitaban de ayuda económica, a sabiendas de que en ese préstamo envenenado, saldría muy beneficiada no tardando.

Los negocios destinados a la compra-venta de viviendas, manaban en todas las ciudades como los champiñones en temporada.

Las personas que antes se dedicaban a otros fines, se transformaron, de la noche a la mañana, en promotores, constructores, o especuladores de suelo y vivienda; y con el dinero ganado, empezaron a comprar segundas viviendas, segundos y terceros vehículos, artículos de lujo.

Las grúas, hormigoneras, y el resto de maquinaria pesada de construcción, pasaron a formar parte del paisaje habitual de nuestras ciudades y pueblos.

Y todo parecía envolver en” pan de oro” la vida de cada uno de nosotros, en un estado de bonanza, (y no me refiero a la entrañable serie del Oeste) que todos alabábamos.

Pero esto se ha terminado: el castillo de naipes se lo ha llevado el viento y los carroñeros financieros han sacado sus garras para devorar los restos moribundos de aquellas ilusiones, sin temor de traspasar los límites fundamentales.

Y ahora, la realidad es que el gobierno de la derecha defensora y promotora de aquellos polvos, no tiene solución alguna para estos lodos que ahogan a nuestra sociedad.

Más de 6 millones de parados se desesperan ante el incumplimiento de las promesas electorales que el partido del gobierno les hizo no hace más de año y medio, y que ahora reconoce abiertamente no tener manera de solucionar.

Y ahora, la cruda realidad: un país diagnosticado de cáncer laboral que genera un problema real de abundante población sin ningún recurso económico, con pobreza extrema, con personas que mendigan en los cubos de basura para subsistir, con familias lanzadas a la calle al no poder pagar la hipoteca del piso en el que viven, con una población joven que emigra a otros países en busca de soluciones que aquí no hay ni habrá, con niños y adolescentes que se enfrentan a un a educación sin futuro laboral, con una población que teme por su salud dado que cada día es mayor la duda de ser correctamente atendidos…

Recortes, recortes y más recortes impuestos como solución con la apariencia de medidas ejemplarizantes que no es otra cosa que “obligadas bajadas de calzón” ante las exigencias del mercado europeo.

Todo provocado por la anulación de un derecho fundamental que todos tendríamos que disfrutar: EL DERECHO A UN TRABAJO DIGNO.

¿Hay que reivindicar el Día del trabajo? ¿Les queda alguna duda?

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