Mayorías selectivas

Rafael RoblesEs lógico pensar que para que un artículo tenga éxito y se expanda masivamente por las redes sociales es preciso hablar de sexo, difamar a alguien o humillarse públicamente confesando cualquier aberrante pecado; también ayuda contar con muchos amigos virtuales que lean a uno por compromiso (hoy te retuiteo yo y mañana lo harás tú y si no te hago “anfolou”). Los artículos serios, técnicos y sistemáticos no suelen despertar un amplio interés más allá del de un escaso público también serio, técnico y sistemático. Los demás piden -¿pedimos?- brevilocuencia o -si nos interesa el artículo pero en ese momento carecemos de disposición de ánimo para concentrarnos en tan exigente lectura- lo postergamos, ignorando que postergar en la era de internet significa olvidar para siempre.

Además los algoritmos de Google, Facebook, Twitter y Amazon establecen las nuevas relaciones de poder de la humanidad al decidir los nombres de las nuevas elites. Los líderes de opinión, fruto del algoritmo y correlativos con los más retuiteados y megustados, surgen y desaparecen caprichosamente, sin atender a su discurso sino al libre arbitrio de un jefe de programadores informáticos que diseña, para el dios de la neuroteología, una ordalía de unos y ceros.

Algo similar sucede con los artículos de revistas especializadas cuyo nivel de impacto se mide por el número de veces citado en vez de por una incuantificable aproximación a la verdad. Dichas citas científicas no dejan de ser retuiteos elitistas de gentes que se deben favores entre sí. Por tanto quien no es citado no existe, como el árbol de Berkeley, olvidando que a Proust, el más grande escritor, no se le cita para reconocer su grandeza porque cuando uno termina de leerlo simplemente se ve impelido a reverenciar al libro e irse inmediatamente al Pére Lachaise a mostrar pleitesía ante su tumba; retuitearle sería una ordinariez que ensuciaría su prosa.

Lo mismo acontece con el cine ya que las películas taquilleras no son las mejores. Que se lo pregunten, si no, a los cinco únicos espectadores que anteayer contemplaban en la sala la extraordinaria película de Isabel Coixet titulada Ayer no termina nunca; será un fracaso económico, de público y, probablemente, de crítica -ya nos dirá Campillo- pero es una obra magistral que pocos citarán o retuitearán. Se feisbuquea la superficialidad y lo pintoresco, no lo sublime.

Todo esto explica que uno crea haber escrito un buen artículo cuando inopinadamente se siente rechazado por la indiferencia que despierta: esperaba numerosos reenvíos y comentarios pero se topa con el silencio más pasmoso; lo sorprendente es que lo arbitrario de la red también tiene su efecto contrario: ese mismo escribe otro día algo que cree mediocre pero el éxito de lecturas, comentarios y megustas son tantos que le causan estupefacción y cierto desasosiego. La cola de dragón del algoritmo y de los megustas, al igual que la de los grandes capitales internacionales, zarandea el planeta fabricando líderes y hundiéndoles a su antojo, sin un criterio claro más allá de la vanidad del aporreador de unos y ceros.

Sirva todo lo dicho, por pasmosa que parezca la relación, para explicar que aunque el próximo jueves nueve de mayo no habrá muchos profesores que hagan huelga ello no significa que los rompehuelgas tengan razón o mejores cualidades morales. Los omnicontentos son la mayoría, al igual que los que retuitean textos malos o ven películas feas. Menos mal que ni la belleza ni la moral han de ser sometidas a referéndum o a cualquier otro tipo de consulta popular.

http://www.rafaelrobles.com

@RafaelRob

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13 COMENTARIOS

  1. Esto es lo que hay: Mayorias selectivas. Mayorías selectivas o mayorías indicaticas; por ello, la verdad y el valor son solamente problemas estadísticos. Problemas estadísticos, como los señalados por Borges al hablar de la democracia.

  2. Sí, pero cuidado con caer en la trampa de hacer lo contrario de lo que se dice, porque el hecho de que le guste una obra a alguien que se autolegitima con una superioridad intelectual por encima de los demás no convierte a esa obra en sublime. Si a mí la película de Isabel Coixet me parece un peñazo, para mí es un peñazo, aunque lo diga el más cualificado crítico. ¿Soy por ello un borrego o un adocenado? ¿Quién otorga el carnet de árbitro y juez de lo sublime?

    • A ver, sin ningún ánimo ofensivo Cuidado. Hay un refrán que dice (y, por favor, no te lo aplico, pero me sirve de pie para esto) que no está hecha la miel para la boca del asno.

      Una vez escrita la burrada, y reconociéndote todo el derecho a que Isabel Coixet te parezca un coñazo. Debes admitir que en muchas ocasiones, las más, a la gente le parece un coñazo lo que le obliga a pensar, a razonar, a generar dudas internas, a corroborar cosas anteriormente leídas (verbo que ya casi no se usa, leer…).

      Hay películas que requieren una formación previa, un conocimiento previo, unas vivencias previas y, para la mayoría de la ciudadanía, son un coñazo porque ya cubren sus necesidades a través del Sálvame Deluxe, las de Van Damme, las de Chuck y, me parece fantástico pero, también me parece fantástico que haya gente que, sin éxito, siga creyendo que es su obligación que la puerta de la cultura esté abierta a todos y que podamos mirar a Coixet, Lynch, Whedon, Van Sant etc etc con un un cierto interés e, incluso, que nos preparemos para ello (difícil, pero posible esto último).

      Efectivamente, es más cómodo escuchar Higway to Hell de ACDC que algo de Tannhäuser pero ¿Por qué no intentarlo? Las dos son obras de arte.

      Lo mismo empezamos a descubrir que el mundo tiene algo más y que nos aferramos al mito de la caverna…más de lo que nos damos cuenta.

      Saludos.

  3. A Carlos Boyero, crítico de cine, esa película le parece insufrible. A los críticos de Fotogramas les parece adorable y a mi me ha gustado, no tanto como La vida secreta de las palabras de la misma directora, pero está muy bien.

  4. Las cifras refrendan lo que dices.
    Es increible que un artículo tan bueno solo haya sido «likeado» por tres personas.
    En cuanto a la película… aún no la he visto.
    Un saludo.

  5. Lo importante es el número de lectores, amigo José Manuel. Realmente es un artículo muy interesante en torno a esa nueva sociología que se está cociendo en el horno de las redes sociales. Incluso nosotros mismos, los que de alguna manera nos ganamos la vida escribiendo nos tenemos que enfrentar ahora al tormento de ver cuántos pulgares nos han salvado la vida, incluso nos comparamos como en una competencia agotadora e inútil. Para mi. No es mi caso. Lo que importa es la gente que lee los artículos, que me consta son unas cuantas porque son unas cuantas las que nos visitan a diario. Gente que simplemeente entra en MICR, moscardea y nos lee sin meterse a juez. Y luego, calro, abomina de nosotros o le hacemos feliz por la coincidencia de criterio. O le da igual.

  6. Gracias colegas por vuestros amables e interesantes comentarios. Los escritores leen para mejorar su escritura y los lectores escriben para mejorar su lectura, es decir, nos leemos entre nosotros, conformamos un microcosmos al que acceden muy pocos lectores-que-solo-leen aunque las estadísticas indiquen que son muchos más: nos visitan robots, lectores que abandonan tras leer dos líneas, spiders, políticos que se autobuscan en Google…

    Un saludo cordial

  7. He editado dos veces la autobiografía de un protestante español inédito del siglo XIX, personaje que me gusta y que aprecio realmente; siento curiosidad por la teología y la moral y toda una serie de disciplinas raras, pero no logro que me guste Ordet de Dreyer, que para otros es un monumento. Qué se le va a hacer. Considero obras maestras películas parecidas de Bergman y la mayoría de las películas de Antonioni, que para otros son un pestiño insufrible; ¿qué le voy a hacer también?. Uno querría compartir el placer que siente al ver cine con todos los demás, pero las opiniones son como el culo: todo el mundo tiene uno, y a nadie le huele mal el propio, sino el ajeno. Tan vario como es el hombre, bien puede resultar que la película que una vez te pareció un bodrio veinte años después te parezca el evangelio. Así somos todos.

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