La trivialidad de las arenas inamovibles

Manuel Valero.- Decía Jorge Cafrune en un versión de El payador perseguidoCon su permiso voy a “dentrar” aunque no soy “convidao”, pero en mi pago un asao no es de “naide” y es de todos. Yo voy a cantar a mi modo, después que haya “churraqueao”. Pues bien, sirva este introito lírico-pampeano para que, con la venia, uno exponga a su modo la impresión que le embarga desde que empezó la cuita: la polémica sobre los Jardines del Prado es de una sobredimensión cansina.
Manuel Valero
Nunca antes un albero había experimentado un amor antitaurino que se desgarra de desprecio cuando se trata del redondel de la tortura o el arte, según se mire y se diga, incluido Federico.

Se trata de poner adoquines a los charcos y de recuperar un lugar que en los últimos años ha sido tomado por el deterioro -como la casa del relato de Julio Cortázar– y como cita diaria de ciudadanos tomados a su vez por la deriva de sus propias vidas. El primer aspecto, el de arena versus baldosas, a uno, cantando a su modo, le parece superficial y banal y sobre el segundo aspecto que habla de la reunión de marginados, es de una delicadeza tal que resulta muy difícil escribir con sinceridad, porque la sinceridad es un gigantesco boomerang que te puede devolver el golpe con firma de buenismo de postín. Y de boutique.

Todos los ciudadanos con problemas, marginados, o automarginados, adictos, drogadictos, alcohólicos, pobres, deben ser atendidos por la sociedad a la que pertenecen, y a la que dan la espalda y les da la espalda; con políticas adecuadas, con recursos, con medios humanos. También desde el compromiso personal atendiendo a la bonhomia remota del hombre o desde el compromiso religioso de cada cual, si lo tiene. Cualquier asidero para poner al sol el rescate de un alma perdida es válido. A todo aquel que sufre hay que tenderle la mano: desde la política a bajo, corto o largo interés electoral, (da igual), desde la asociación de barrio, desde la ong más acorde con nuestro criterio, desde el mandato de la conciencia moral. Punto.

El destierro del Prado de quienes habían hecho del lugar, banco y mesa donde compartir el tetrabrick de vino, ha sido el efecto colateral más sensible de las obras que se van a llevar a cabo. Eso y no la tontuna de baldosas o arena, máxime cuando la estructura del sitio se mantendrá intacta con la tierra en los jardines y los árboles fieles a sus raíces centenarias. Tiremos de sinceridad aun a riesgo del boomerang: el aspecto de la arena y el pulular de ciudadanos sin norte no animaba a transitar por el albero. Yo lo he hecho en más de una, dos, tres, decenas de ocasiones y me he sentido mal ante la visión de congéneres atrapados, pero también bajo la atmósfera de cochambre que iba tomando un espacio histórico y emblemático de Ciudad Real. Afortunadamente alivia pensar que hay organizaciones en la ciudad que atienden a los antiguos inquilinos del Prado, como Cáritas o Siloé.

Lo demás es sólo arena, no se trata de un edificio o una arquitectura del arte y la historia. Hay otros inmuebles en la ciudad que después de la contestación inicial siguen arrumbados en el olvido como el Palacio de La Cruz Roja (recordado de vez en cuando por MICR y el Círculo de Bellas Artes) o el Colegio de la Ferroviaria que ya empieza a tener síntomas de deterioro, a poco que se fije uno con atención, cuando se trata de un edificio espectacular. Responder, participar, criticar, proponer alternativas a un proyecto es saludable y democrático, como lo es que, quien tiene la responsabilidad de gobernar, lo haga en función de sus apoyos. La generosidad cuando el poder se ejerce desde el absolutismo democrático suele ser escasa así la detente Agamenon o su porquero. Pero en lo tocante a los jardines del Prado, me da la impresión que mejorarán integralmente, si como se ha explicado desde el Ayuntamiento, el lugar seguirá siendo reconocible en plano, con sus jardines y arbolado, bancos, iluminación y lo más importante la accesibilidad. Otra cosa es la prioridad de la obra, o la estética… tan relativo como la relatividad misma.

CODA.- Tan sólo Luis Mario y su bonhomía militante, activa, diaria y coherente se ha acordado de los desheredados de la tierra del Prado en una respuesta en la polémica abierta sobre el proyecto. La inmensa mayoría de las opiniones en contrario, no han salido de la espiral infructuosa de las baldosas versus las arenas inamovibles.

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3 COMENTARIOS

  1. Ciertamente, maestro, que la polémica sobre el pretendido embaldosado del Prado, que en ocurrente frase de otro maestro de la ironía, mi viejo amigo Ramón, acabará modificando el nombre de la patrona en Virgen del Adoquinado…se extiende en el tiempo. Fue servidor uno de los primeros en denunciar, lo que considero una grave alteración de un espacio histórico.
    Sin embargo,nunca pensé hacer mención de las personas que ocupaban este espacio, porque nunca pensé que podían ser parte del problema. Me ha dolido mucho, la alusión de la propietaria de una librería…dedicada a la venta de artículos religiosos hacia estas personas a las que califica de lacra…¿Cómo se puede decir esto y seguir vendiendo velas y estampas? Citas, maestro, a Cáritas y Siloé…y las citas bien. Aprovecho estas referencias que haces a los sin techo y la ONG de la Iglesia para decir que ahí estamos junto a ellos…en distintas acciones y programas de desintoxicación y rehabilitación personal y social. Una tarea humana difícil pero muy gratificante. Que la Virgen del Prado es ante todo la Madre de los pobres. Y que un cristianismo que no cristalice en el amor y entrega a los más pequeños y desfavorecidos…es pura evasión.

  2. Un saludo, amigo de aventuras columnistas. Las personas excluidas por las razones de la vida dan para un debate que nos llevaría hasta el cuarto milenio.Lo dejo ahí y que cada cual se aplique a su conciencia. Y una cosa, estimado Fermín, aprendiz de todo y de todos. El título de maestro me viene grande.Quizá algun día…

  3. Totalmente de acuerdo con el fondo y la forma del artículo.
    Entiendo que sea una cuestión «importante» para algunas personas. Pero da la impresión de que es como «El proceso» de Kafka. Al final ya nadie sabe muy bien de qué se está hablando.
    Le queda a uno la misma impresión con esta cuestión como la que experimenta uno cuando oye a un nacionalista hablar. Se está hundiendo España y lo único que interesa es si colocamos la bandera en tal edificio.
    Repito, será una cuestión «importante»; pero no importante.
    Un saludo.

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