¿A quiénes quieren engañar? ¿Puede tener éxito la nueva Ley de Emprendedores en un entorno marcado por la economía de la subvención, los impuestos confiscatorios y el intervencionismo estatal?

Lucio A. MuñozEl ajuste en España está en marcha, si bien es preciso señalar que la reducción del déficit ha sido posible debido al expolio al que el Gobierno ha sometido a las familias de clase media, a las pymes y a los autónomos. (Recordemos, igualmente, que la casta política sigue con sus inmorales, injustos e inmerecidos privilegios intactos).
No obstante, España sigue aplastada por una deuda insostenible e impagable, sin que exista una voluntad política de recortar el gasto público reduciendo radicalmente la estructura del Estado.

Aunque las exportaciones (sobre todo, en los primeros meses de 2013) han experimentado un relevante crecimiento gracias al enorme esfuerzo de los empresarios españoles, no es factible centrar el proyecto de recuperación económica de nuestro país únicamente en ellas.

Por tanto, España tiene la imperiosa necesidad de crecer y crear empleo, vía fundación de nuevas empresas, con ello se regeneraría nuestro breado (a causa del maltrato del que ha sido objeto por parte del Gobierno actual y del anterior) tejido empresarial.

¿Es posible potenciar el emprendimiento por mediación de la nueva Ley de Emprendedores pero sin mejorar sustancialmente el entorno (político, económico, financiero, fiscal, administrativo, laboral, etc.) en el que deben moverse los emprendedores?

¿No sería más eficaz (mediante imprescindibles y verdaderas reformas de calado que el Gobierno no desea llevar a cabo) allanar primero el dificultoso camino por el que deben transitar las pymes y  los autónomos (facilitar el acceso a la financiación, bajar los impuestos, reducir la Administración, aumentar la libertad económica, profundizar en la reforma laboral, impulsar la unidad de mercado y la seguridad jurídica, etc.)?

En principio y sin conocer aún la letra pequeña del anteproyecto de ley de apoyo a los emprendedores, algunos aspectos del mismo pueden ser valorados positivamente (limitación de la responsabilidad patrimonial de los emprendedores ante acreedores privados, menores cotizaciones para autónomos pluriempleados, determinadas deducciones y facilidades para crear una empresa, etc.). Aún así, el legislador no puede pretender que una nueva normativa sobre emprendeduría sea suficiente para subsanar las carencias del modelo de economía subvencionada implantado actualmente en España.

El Gobierno actual, igual que hizo el anterior, ha optado por la economía de la subvención, los impuestos confiscatorios y el intervencionismo estatal, arrinconando a la economía productiva y, por tanto, a las empresas. Si este círculo vicioso no se corta, esta nueva ley de emprendedores no tendrá el efecto deseado.

La altísima tasa de desempleo existente en España (al margen del efecto del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y de la crisis económico-financiera) es la consecuencia de la conjunción de tres variables: impuestos abusivos,  subvenciones improductivas y mamandurria del Estado. ¿Propone la Ley de Emprendedores alguna solución a tal efecto?

La única fórmula para que la nueva Ley de Emprendedores tenga un resultado mínimamente satisfactorio es acompañar a la misma de una bajada generalizada de impuestos que reactive tanto el consumo interno como la capacidad de inversión de las empresas (y la renta de las familias).

No solamente hay margen para reducir los impuestos (recortando, de forma paralela, los gastos del Estado en la misma proporción) sino que es crucial bajarlos, puesto que esta es la salida hacia el empleo y el crecimiento económico.

El Gobierno no ha aprovechado para bajar los impuestos ni la bajada de la prima de riesgo ni el aplazamiento respecto al cumplimiento de los objetivos de déficit otorgado por Bruselas a España.

De igual modo, el Gobierno debería ser consciente de que un modelo de crecimiento basado en el emprendimiento y en la creación de pymes y autónomos es incompatible con un marco impositivo asfixiante.

Además, mejorar el clima fiscal y el entorno de los negocios también ayudaría, sin duda, a atraer inversión extranjera, uno de los motores que nuestra economía necesita encender urgentemente.

Evidentemente, se aprecia una contradicción entre aquello que desea comunicar el Gobierno (apoyar el emprendimiento a través de la nueva ley) y la política económica que está ejecutando (intervencionismo estatal, impuestos abusivos e inapreciable reducción del gasto público). En consecuencia, el mensaje llega completamente distorsionado a los emprendedores. ¿Quiénes han elaborado la nueva Ley de Emprendedores; asesores, políticos y empleados públicos (que ni han creado empresas ni han trabajado en ellas) o emprendedores reales?

La clave es el entorno. ¿Camina la nueva Ley de Emprendedores en dirección contraria al entorno? ¿Cumplirá la Administración la nueva Ley de Emprendedores, teniendo en cuenta los antecedentes, por ejemplo, el incumplimiento permanente de la Ley de Morosidad pública?

Lucio A. Muñoz.
Socio director de Eurogroup Human Resources.

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5 COMENTARIOS

  1. Pues no sé si Paul Krugman estaría muy de acuerdo contigo. Además, él es Premio Nobel de Economía…

    Quieres bajar impuestos para reactivar la economía cuando 6 millones de personas están paradas y muchísimas de ellas ni siquiera cobran desempleo o ayudas?

    Muy bien, bajas los impuestos ¿Y dónde está el dinero para consumir? ¿A ti te queda algo aún? ¿Puedes cambiar de coche, de lavadora, de tele, de casa?

    Te recuerdo que, desde 2007 estamos viviendo de las reservas de las familias que están absolutamente esquilmadas. Por lo tanto, o el Estado empieza a meter dinero vía subvención a los emprendedores y a meter presión fiscal a los grandes que están exportando y defraudando vía SICAVS, o esto no arranca ni de coña.

    Están muy bien los postulados liberales, pero parten de un gran engaño: para que funcionen hay que gasear a los pobres, a los incapaces, a los flojos, a los que fracasan etc etc. Ahora, lo que te queda, no es ni más ni menos que un mundo de hienas sarnosas que se matarán por un trocito de carne putrefacta. Nada más.

    Lo siento amigo, tienes todo el derecho del mundo a expresarte y lo respeto pero, tirarnos a la cara el liberalismo feroz en este momento, no me parece muy inteligente.

    Te respeto, pero creo que te equivocas de plano. Y el ejemplo lo tienes en las grandes economías que están creciendo. Cada vez hay más diferencia entre ricos y pobres y la clase media se está yendo al garete. El ejemplo más claro, Alemania. Allí cada vez hay más trabajo miserable (minijobs) y las condiciones de vida son peores. Y Alemania era el ejemplo a seguir.

    Me sigo quedando con el modelo Holandés, Finlandés, Sueco, Canadiense, Australiano. Pero ni EEUU, ni Alemania, ni Inglaterra me convencen.

    Quiero pagar impuestos, quiero que se subvencione la educación, la sanidad, los servicios sociales. Quiero una administración pública eficiente y que las remuneraciones vayan en consonancia con la valía del trabajador, no que sean las sobras de los beneficios del empresario.

    Quizá un término medio entre el socialismo y el liberalismo sería lo bueno. Es más, lo razonable. Y, si le añadimos una persecución sin piedad contra los defraudadores que financian a los partidos, miel sobre hojuelas.

  2. Lucio, tienes más razón que un santo. En el momento actual, hay que apoyar a las pyme , que son las únicas que crean empleo en este país, reduciendo impuestos o como sea. Sobran funcionarios vagos, políticos y sindicalistas y falta gente emprendedora de bien. A los grandes empresarios corruptos y a los funcionarios que sobren, a la calle. No hay otra salida.

    • Chimenea cuadrá,; tú lo has dicho… falta gente emprededora «DE BIEN», … a la calle todos los que has dicho, pero, también los autónomos y pymes que defraudan. Son miles.

  3. Una sociedad para el futuro.
    Parece evidente que una persona de cuarenta años ni podría ni querría vestir la misma ropa que llevaba puesta cuando tenía solamente catorce; su cuerpo y también su mente no lo aceptaría. Aun en el caso de que físicamente tuviera las mismas medidas, circunstancia harto difícil, seguro es que evitaría vestirse con ella porque la vería anticuada.
    Pues bien, creo que a la sociedad de nuestro tiempo puede estar sucediéndole lo mismo. En los últimos treinta años esta sociedad, hablo de la del primer mundo, ha pegado “un estirón” como nunca lo había dado. El desarrollo técnico, industrial y de servicios ha conseguido un nivel de bienestar para la gran mayoría de ciudadanos y las referencias políticas, filosóficas y económicas que existían se han quedado obsoletas y raquíticas. La sociedad se ha vuelto mucho más compleja, variada y más justa aunque todavía quede mucho camino por andar en esto, pero el esfuerzo y la valía personal han tomado el relevo a lo heredado y gratuito.
    Las filosofías políticas actuales no han evolucionado al mismo ritmo que la sociedad y en nuestro país que es el que más nos interesa, el desajuste aparece con más intensidad. Eso de izquierdas y derechas, huele ya a baúl con naftalina; por mucho que se añadan al ropaje retales para que intenten dar la talla. Ni el estilo, ni la tela soportan más el paso del tiempo. Hacen falta aires nuevos, ideas aglutinadoras nuevas. Ese permanente y continuo cruce de acusaciones denunciando situaciones a las que son ajenas el grueso de la población no hace sino demostrar la falta de oxígeno, la falta de ideas nuevas para la realidad social actual.
    ¿Para cuándo las ideas? ¿Dónde están los “pensadores” que iluminan a esta sociedad tan mayor de edad en algunas cosas y tan púber en otras? Porque a la vista está que a esta aldea global le falta un estilo común propio, una ilusión hacia dónde ir, una meta hacia la que mirar, unos políticos con perspectiva de futuro y no de poder, con ideas que respondan a filosofías sobre la realidad social más evidente; global porque la inmensa mayoría de ciudadanos tienen los mismos intereses cada mañana y son los que hacen funcionar al país. Esta sociedad no aguanta más esa casposa y recurrente película de blanco y negro, de buenos y malos. La sociedad tiene hoy una hermosa policromía y una sugestiva figura ansiosa de que algún pintor la sepa dibujar en el horizonte. Dejemos de hacer el idiota ya…de una puñetera vez.

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