Dios y César

José RiveroNo se me oculta la dificultad de convencer al  lector de  de mis argumentos. Máxime, si como es mi caso no soy muy partidario del espíritu que envuelve el alma de la Feria y el cuerpo de las  Fiestas. Algo parecido exponía Carlos María San Martín, en su artículo del 14 de agosto de 1958 ‘Lo que cuesta montar una feria’; alguien que se reconocía así mismo como poco ‘festero’, y ‘que le incomodaban las apreturas’, y pese a ello pertenecía y participaba en la Comisión Municipal de Festejos del Ayuntamiento capitalino, como concejal en ejercicio.

Alguno hablara incluso de osadía, o de falta de entendimiento de las raíces de la ciudad. Pero no siempre las cosas fueron así, como son ahora; toda tradición tiene unos orígenes fundacionales,  a veces no tan lejanos en el tiempo como se pretende y esgrime, y por ello todo es susceptible de ser cambiado. Veamos alguna pincelada de algún momento histórico, como ocurriera en 1850 y según Domingo Clemente; todo pivotaba de otra forma y en otro lugar; y así, “Durante los días feriales la plaza de la Constitución y las calles de la Feria y Mercado nuevo son los puntos de más reunión y especialmente el 15 por tener lugar la procesión de la Virgen del Prado, y el 16 y 17 en los cuales suele haber corridas de toros”. De igual forma, que trasladado el festejo ferial en 1916 al Parque Gasset, otros aires mudos surcaron las calles citadas.feriacr

También la Feria  de los cincuenta, forjó su particular personalidad con la anhelada ‘Batalla de Flores y desfile de Carrozas’, celebrada en el contexto del ‘Día de la Provincia’, promovido desde la Diputación Provincial y desde la Jefatura Provincial del Movimiento. Batalla incruenta, filmada que fuera por cámaras  del NO-DO inmemorial, en el verano de 1959 con su número de serie de rigor 869-B, y explotación comercial consiguiente; estrenándose con pompa y concurrencia, en el Teatro  Cervantes, tras el periplo por los cines nacionales, el nueve de octubre de ese mismo año.  Batalla calurosa que contaba con su colofón aireado y muy publicitado, de la Cena de Gala en la Talaverana, donde la madrileña Casa Palao organiza ese año, un vistoso ‘desfile de modelos’ y se entregan los premios ‘Quijote’ al Primer Festival de Teatro Amateur, donde ya apuntaba el conocido grupo local TPC. Como un anticipo del Teatro que vendría después cobijado bajo el manto teatrero de los ‘Festivales de España’, que rodaron de la plaza de Toros primero, al Cine Romasol después. Hoy nada de eso existe y nadie se extraña ni recela de los cambios y modificaciones. Ni de la extinción de las cosas y personas.

Fundamentalmente mi propuesta se asienta en dos evidencias funcionales, que oponer al gusto formal por la tradición; gusto formal  y coartada argumental que sólo cuenta  con una razón de peso, como es el soporte mismo de esa tradición. Frente al lugar común y el viejo rincón reconocido como, las cosas ‘de toda la vida’, sólo me queda oponer  dos argumentos: uno general y abstracto y otro climático y concreto, en pro de lo que predico en el titulo: el cambio de fechas de la Feria y  Fiestas agosteñas de Ciudad Real, para dar a Dios lo que le corresponde, y al Cesar su parte de tributo y pago.

virgendeEl primer argumento tiene que ver con la visión constitucional del Estado Laico, donde una cosa es el Poder Civil y otra bien diferente, el Poder Religioso. Si demandamos de continuo el ejercicio de esa separación de Poderes ¿Por qué no habríamos de hacerlo con sus respectivas celebraciones anuales? De tal suerte y manera que las celebraciones religiosas mantuvieran su calendario, coincidente con la celebración de la Asunción del día 15 de agosto. Aprovechando la semana siguiente hasta la Octava, con actos propios de la citada celebración: procesiones, besamanos, conciertos de Música Sacra y de Música Procesional, la oportuna Novena, Funciones religiosas y exposiciones vinculadas a ese universo de lo Sacro y de lo Religioso. Baste ver en pro de lo defendido por la Alcaldesa misma de la ciudad, que acaba de reconocer en un anticipo del balance ferial:   “Se está caracterizando [la Feria y Fiestas de 2013] por la alta participación, con miles de ciudadanos en la Plaza Mayor, en el Recinto Ferial, en los festejos taurinos, en los conciertos…”.  Y ¿en la Catedral Basílica? , ¿Y en los actos religiosos? ¿Debe acompañar el patrocinio de la Virgen del Prado, las celebraciones feriales y civiles? Además, ¿Cuántas ciudades no participan de esa coincidencia entre la celebración del patrocinio religioso y la celebración laica y civil de las fiestas? Además las recientes desavenencias entre la Hermandad de Pandorgos y la Hermandad de la Virgen del Prado, avalan lo idóneo de la repetida separación.

El segundo de los argumentos en pro del cambio, tiene que ver con la dificultad organizativa de muchos eventos feriales, con temperaturas más propias del Sáhara y del desierto del Sahel, que invita poco o nada, a la participación y a la presencia  de los ciudadanos a horas de intemperancia solar extrema. No sé si la crisis ferial de los años sesenta, que a punto estuvo de sepultar las celebraciones, estarían basadas en el inconveniente del calor letal, o en los nuevos modos sociales que se abrían paso y buscaban nuevos formatos de ocio. Porque pese a la voluntad y al deseo de participación de los ciudadanos activos en agosto; según cuenta la primera Edil en sus manifestaciones: “una de las ferias más participativas de los últimos años, reflejo del trabajo que se está haciendo desde el Ayuntamiento, trabajo que está siendo reconocido por los ciudadrealeños y por quienes nos visitan durante estos días” (¡…!); las objeciones climáticas son de tal envergadura y tamaño, que no escapan a observadores atentos y suspicaces.

Un adelanto o un retraso, de algunas semanas del calendario festivo civil y ciudadano, buscando respiros térmicos, permitiría no sólo un desahogo climático, sino una reflexión añadida sobre qué Feria y qué programación demanda la ciudad y los ciudadanos del siglo XXI. ¿Más de lo mismo? O ¿algo diferente? Frente a ello, frente a la dificultad de comenzar algo diferente, parece ser preferible la continuidad de lo que hay. Y  así se sigue prefiriendo la continuidad de ‘lo tradicional’, aunque ya sea de tradiciones agonizantes. O de tradiciones de sólo una decena de años.

Periferia sentimental
José Rivero

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10 COMENTARIOS

  1. Independientemente de que gusten o no las apreturas, reconozco que a mí de entrada tampoco me gustan, pero una vez dentro de la piscina…no hay quien me saque…lo que contienen las Ferias, en cuanto a las atracciones y los pollos asados se refiere…es una liturgia familiar profana y festiva que la hace a-temporal.

  2. Pues a mí me parece un artículo interesante en las formas, en lo que tiene de documental, aunque algún párrafo me suena haberlo leído muy recientemente (“Durante los días feriales la plaza de la Constitución y las calles de la Feria y Mercado nuevo son los puntos de más reunión…») y sin embargo en los fondos me parece una soberana estupidez.
    Lo próximo tal vez sea un artículo sobre la conveniencia de cambiar las fechas de celebración de las fiestas navideñas, con el pretexto de que entre el 24 de diciembre y el 6 de enero hace un biruji que a uno no le apetece más que estar metido bajo el brasero y no moverse de su casa en todo el santo día.

  3. Y como no me iba a quedar con las ganas de averiguar dónde había leído el mencionado párrafo: “Durante los días feriales la plaza de la Constitución y las calles de la Feria y Mercado nuevo son los puntos de más reunión…” Me he puesto a rebuscar y he hallado donde lo había leído, y es ni más ni menos que en esta misma web, en un interesante artículo firmado por Estanislao Z. Navas, publicado el 13 de este mismo mes.

    http://www.miciudadreal.es/2013/08/13/ferias-y-fiestas/

    • La fuente, Rasputin, no es Estanislao Z. Navas, ni Diego Peris (que lo utilizó también en un reciente artículo de ‘Lanza’). La fuente, todo hay que decirlo, es la ‘Guía del viajero en Ciudad Real y Almagro’ de Domingo Clemente. Que sospecho, es el lugar común utilizado por muy diversos autores que quieran hablar del pasado de la Feria.
      Por lo que hay saber leer, y saber citar. Cosa que hago de forma avisada. No hay pretensión de adjudicarme nada; ni siquiera lo que cito como referencia ajena. Por eso, repito lo de saber leer.
      Por lo demás la tesis del calor para avalar el cambio ferial, es sólo la mitad del razonamiento propuesto. Olvida usted la, a mi juicio, principal razón del cambio. Y que da título al texto.

      • D. José y tanto que sé leer, por eso la lectura de su artículo me ha traído a la memoria el otro que he mencionado.
        Le respondo con la misma frase que ud. me ha dirigido: «hay que saber leer», si lo hubiese hecho usted correctamente habría caído en la cuenta de que yo en ningún momento he dicho que la fuente del párrafo en cuestión fuese del Sr. Z. Navas, hasta ahí llego.

  4. Touché, Rivero. El artículo está bien clarito. A ver si de una vez por todas separamos lo religioso de lo laico, joder, que no avanzamos! Para muestra el botón del incidente del Pandorgo. El año que viene, que se coman con su pan la procesión de su Virgen, y el resto a la feria, y si se hace a finales de agosto o principios de septiembre, mejor. Más fresquitos, como la inmensa mayoría de pueblos de Ciudad Real.

    Y para Rasputín, respetando su opinión, solamente decirle que piense lo que quiera, pero que valore a quién lee cuando califica un texto de soberana estupidez. Tienes todo el derecho pero, a veces, las críticas son más demoledoras para quien las hace…que para quien las recibe.

    Muy bueno el Nihil Obstat de Valero. Punto para él. Aunque no sé lo que pensará el señor Algora. Jejeje.

    • Todos en este mundo estamos sujetos a crítica. Lo que a unos les puede parecer un «articulón» a otros nos puede parecer (por los razonamientos que ya he expresado) una estupidez.
      Como una soberana estupidez me parece, en este caso, la pretendida separación de lo laico y lo religioso.
      Las ferias y fiestas del 15 al 22 de agosto en Ciudad Real se hacen en honor a la virgen del Prado, es una fiesta religiosa que a lo largo del tiempo se ha adornado de multitud de eventos y actos «paganos», como en cualquier lugar de España, pero no deja de ser una fiesta religiosa.
      Hacer una separación en el tiempo de celebración de la parte religiosa y de la parte laica sería una chuminada campera, porque esta segunda no tendría sentido sin la primera. Lo mismo que me parece una idiotez la celebración de «bautizos laicos». Moderneces absurdas de modernos absurdos.
      Por cierto, soy agnóstico, por si hubiese alguna duda.

      • Ya adverti de dificultades ciertas en confesos y practicantes de credo. Pero nunca sospeche la rebelión de los laicos, urgidos por el formón de la tradición . Y es que habas cuecen en lugares insospechados.

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