Luz verde a la liquidación de otro fiasco regional: La industria de biodiesel de Almadén

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 y de lo Mercantil de Ciudad Real ha dictado auto por el que se ha aprobado el plan de liquidación de Biocarburantes Almadén, otro de los proyectos mesiánicos participados por las administraciones públicas que en su momento se presentaron como la tabla de salvación para la economía de las zonas más deprimidas.
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La aprobación judicial del plan de liquidación permite a partir de ahora  la personación de los interesados en el proceso concursal y pone a Biocarburantes Almadén a punto de recibir su última palada de tierra.

Fue presentada como una de las plantas de generación de biodiesel a partir de aceite vegetal más modernas de Europa. El gobierno regional socialista llegó incluso a considerar este proyecto como la piedra angular para la recuperación de la comarca de Almadén, y como sustituto de la minería del mercurio. Hoy, Biocarburantes Almadén es un despojo de la crisis, pasto del concurso de acreedores solicitado en octubre de 2007. Ahora se encuentra en proceso de liquidación, aunque su desmoronamiento ha pasado inadvertido durante años para los medios de comunicación.

Biocarburantes Almadén es otro paradigma de la inversión de cuantiosas sumas de dinero público en proyectos privados que se esfuman tras escasos años de funcionamiento. Perteneciente, entre otras sociedades, al grupo Activos, la empresa llegó a estar participada por la estatal SEPI y SODICAMAN, dependiente de la Junta de Comunidades.

El proyecto nació con la habitual pomposidad, enmarcado dentro del Plan de Futuro de Minas de Almadén y Arrayanes S.A. (MAYASA). A pesar de los malos síntomas que presentaba el sector del biodiesel, los Gobiernos regionales y nacionales aseguraban por aquél entonces, el año 2004, que la nueva industria ayudaría a mantener la riqueza en la zona ante el cese de la minería del mercurio. Para ello, la SEPI, a través de su filial de Desarrollo Empresarial (SEPIDES), no dudó en entrar como propietaria del 49 por ciento del capital social, con una inversión de 1,73 millones de euros y un préstamo participativo de 2,47 millones. Al mismo tiempo, la participación de SODICAMAN permitió otro tipo de subvenciones y ventajas fiscales para establecerse en el polígono industrial almadenense. La inversión total estaba prevista en 9 millones de euros, con una previsión inicial de más de veinte puestos de trabajo.

“Mejor parar que vender a pérdidas”

No obstante, a los escasos tres años de la puesta en marcha de la industria almadenense, se agudizó la crisis del sector de los carburantes verdes, en parte por el alza de los precios de la materia prima y la brutal competencia de Estados Unidos. De hecho, hubo un momento en que sólo tres de las 19 plantas españolas dedicadas al biodiesel estaban operativas. En declaraciones realizadas al diario Cinco Días en diciembre de 2007, Lorenzo Caballer, director industrial de Biocarburantes Almadén, reconocía ya que su planta, con una capacidad de 32.000 toneladas, estaba parada por cuestiones “coyunturales”. “Es mejor tenerla parada que vender a pérdida”, afirmaba el directivo, que de esta manera certificaba el gran fiasco del proyecto.

Ya bajo la sombra del concurso de acreedores, Caballer afirmaba que su empresa investigaría en busca de otro tipo de aceites para materia prima. No fue posible: la coyuntura del mercado, la crisis, el fin de las ayudas públicas, y la desidia legislativa en la regulación de las mezcla del biodiesel con el gasoil dieron al traste con el proyecto. Hoy, las instalaciones de Biocarburantes Almadén presentan un estado desolado. Tanto, como las ilusiones de futuro de muchos habitantes de esta comarca, una de las más deprimidas de España.

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