La vaca que ríe

Fermín Gassol Peco.- No pretendo hacer publicidad de nada y menos de algo que tiene origen francés; mi única intención es ponerles sobre aviso por si acaso; si alguna vez en uno de esos placenteros paseos por el campo que la naturaleza nos invita a dar ahora en primavera, una vaca se les queda mirando y les sonríe, bien digo les sonríe, no piensen que se trata de un espejismo que aquí todavía no hay desiertos, antes al contrario, puede ser verdad.
fermingassol
Trabajos realizados durante seis años por un consorcio de trescientos investigadores en una veintena de Universidades y distintas Instituciones de veinticinco países entre los que se encuentra España han descubierto que el ochenta por ciento de los genes que poseen las vacas y nosotros los humanos son comunes. Todo comenzó con las investigaciones de ADN en los bóvidos para mejorar los rendimientos de leche y carne y mira tú por dónde han descubierto con este interesante propósito otro de mucho mayor calado, que ambas especies tenemos “por dentro” cierto aire de familia.

Para un profano la cosa es sorprendente porque supone un alto grado de afinidad para quienes presentamos aspectos tan distintos pero deben ser cosas del genotipo que suele discurrir por distintos derroteros que el fenotipo o parecido físico. Dicen los sabios de esto que la aproximación genética se ha acentuado con la domesticación del ganado y su relación con el hombre, lo que no sabemos aún es el precio que vamos a pagar nosotros con este paulatino acercamiento hacia los bóvidos porque nada es gratis, es más, ahora podemos comprender mejor las continuas referencias a estos animales cuando queremos definir las actitudes de personas a las que calificamos de cabestros, hombres que están “ hechos un toro” o personas que no dicen ni mú, por no mentar a las vacas por resultar estas comparaciones femeninas especialmente molestas y ser tachado de machista postmoderno..

Dicen también que esta carga genética común ha sido muy útil para descifrar enfermedades como el “mal de las vacas locas” y convertir a las reses en nuevos y enormes “ratones” de laboratorio ya que estos pequeños animales, vetustos objetos de experimentación no comparten con nosotros tanto contenido genético. El mayor problema para investigar con este material es la incomodidad en el manejo de estos “conejillos de indias” pero el mapa genético que ofrecen parece compensarlo con creces.

Sin embargo esta información, no sé que les parecerá a ustedes, que a un servidor no le resulta nada cómoda, que quieren que les diga. Hasta ahora nos tomábamos los chuletones con todo el gusto del mundo, pero desde este momento, cuando nos comamos uno no podremos librarnos de pensar que le estamos “metiendo el diente” a unos “parientes”…aunque sean algo lejanos, sobre todo para aquellos a los que les gustan muy poco hechos.

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4 COMENTARIOS

  1. Créeme, Fermín, si somos capaces de hacernos entre nosotros lo que nos hacemos desde hace tantos miles de años, un solomillito, un entrecot, un tartar, un chuletón o cualquier otro trocito de anatomía vacuna no nos va a resultar problemático de comer.

    Asín semos. Y, ahora, a introducirnos en el maravilloso mundo de la torrija.

      • Pues si, esto es un detalle de cómo es la idiosincrasia culiparda y, por ende, la española. Los de IU y el PSOE haciendo de costaleros en la Semana Santa de la ciudad y los ateos pasivos como yo, deseando comer torrijas y potaje de Viernes Santo.

        Bendito País! Otro abrazo para tí y felicidades por lo de Puertollano! que no te había dicho nada.

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