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El mundo de los vivos

- 16 junio, 2014 – 23:49Sin comentarios
A41La feliz noticia, aunque todavía no-buena noticia, de la salida del coma del heptacampeón del mundo de F-1, Michael Schumacher, ha llenado todas las primeras páginas informativas del lunes, tanto en diarios deportivos como generalistas. De alguna forma, “Schumi” ha vuelto al mundo de los vivos y ojalá sea para quedarse. Protección de la intimidad Desde el día del accidente, el 29 de Diciembre pasado, todo el mundo ha querido saber “un poco más” en esa morbosa carrera informativa jaleada por la prensa amarilla y rosa en saber antes que nadie el esperado fatal desenlace. La complexión, todavía atlética, del piloto y una altísima y carísima tecnología médica del Hospital Universitario de Grenoble, hicieron que, afortunadamente, al campeón alemán se le pudiera salvar la vida induciéndole un coma que ha durado hasta el día de hoy, siempre según su portavoz, Sabine Kehm. Precisamente ha sido esta mujer la que durante estos meses ha capitalizado la información que venía de los médicos y con un escasísimo cuentagotas ha sabido frenar las ansias de información del público. En los primeros días, hasta se produjo la detención de un periodista disfrazado de cura que accedió a la habitación del “kaiser” y, hace bien poco, sesudos doctores relacionados con la F-1 y la neurocirugía daban su opinión a cientos de kilómetros de distancia, para saciar esa, casi enfermiza, sed que concitaba el estado del enfermo de Grenoble. Ahora viene un proceso de “muy lenta recuperación” en otro hospital elitista, el Universitario de Lausana donde el piloto llevará a cabo su rehabilitación “fuera del ojo público”, en palabras de la señora Kehm. De Francia a Suiza que para Schumacher es su hogar y con unas precauciones de seguridad y opacidad que para sí las hubiera querido el “enfermo” de El Pardo en 1975. a--schumacher-(2) El sabor de la adrenalina Dicen los adictos a ella que es la droga más intensa y que un “subidón” no tiene precio y la verdad es que debe ser cierto a tenor de los riesgos casi demenciales que corren aventureros, deportistas de todo tipo, que, sin tener que demostrar nada (Schumacher era un caso claro) tiran por la calle de en medio de retarse a sí mismo una y otra vez. Por eso llegó el accidente. Como lesiones en mountain-bike de tipos como Webber y Sainz, terribles impactos como el piloto de F-1 Robert Kubica haciendo rallies menores, debe ser cosa del ADN de esta gente: has superado accidentes y riesgos espeluznantes en tu vida profesional dedicada al mundo del motor y luego, en un paso de cebra, resbalas, te das en mal sitio y pasas al otro lado. Otra vez la prensa canallesca Hace  poco más de un mes conmemorábamos el 20º aniversario de la muerte de Ayrton Senna en el GP de San Marino y, durante todo el mes de mayo hubo “cantinela” informativa sobre tan triste suceso; en la segunda mitad del mes, fallecía Jack Brabham con más de ochenta años y, asímismo, se glosaba la importante personalidad de alguien que, en sus últimos años de competición, allá por 1970, se le conocía como “Old Jack”. Dos tricampeones que abandonaron el mundo de los vivos de formas radicalmente distintas y ambos, como Schumacher, gustaron de practicar otros deportes arriesgados, sólo que no se les recuerdan accidentes y que los que tuvieran no fueron con las consecuencias del relatado, pero la prensa tiende a magnificar la profesión de estos hombres y su “lucha con la muerte”. a--ysennaLas cosas como son Desde 1950 se han coronado Campeón de Mundo de Conductores de F-1 un total de treinta dos profesionales de los cuales siguen en activo cinco y vivos otros quince (incluyendo afortunadamente a “Schumi”). De los doce que han fallecido desde 1950, sólo uno, Ayrton Senna, murió en la disputa de la carrera de un Gran Premio. Jochen Rindt no era campeón todavía cuando se mató en Monza ’70; Jim Clark murió en la disputa de una carrera de F-2 y Alberto Ascari perdió la vida durante unas pruebas privadas de Ferrari, en Monza, justo en el sitio que hoy lleva su nombre. Sólo la octava parte de los coronados campeones han muerto en las carreras mientras que otros tres lo hicieron en accidentes de su vida normal, yendo o viniendo de aquí a allá: Farina en accidente de tráfico según iba a una carrera; Hawthorn, en una sórdida y húmeda carretera británica, recién retirado de las carreras y Graham Hill, a bordo de un helicóptero en viaje de negocios. Y el resto, con mayor o menor drama, de “muerte natural”, lo que no evita recordar que el infarto de James Hunt fuera por su “mala vida” o que el también infarto de Denny Hulme fuera porque le rendían homenaje en una carrera neozelandesa. Fangio, Phil Hill y el citado Brabham lo hicieron venerablemente en el tálamo. Conclusión El mundo de los vivos tiene tantas puertas que se puede salir fácilmente por cualquiera de ellas, la carretera y sus usuarios son testigos diarios de esta afirmación: catorce personas este pasado fin de semana se dejaron la vida en el asfalto, desde hoy mismo son parte de la negra estadística que por mor del azar aparecen junto a los “headlines” sobre la recuperación de Schumacher, pero de los anónimos nadie se ocupa, sólo campañas en cada salida o entrada de operaciones de tráfico. Por cierto, llevamos tres meses superando las tristes cifras de 2013, a pesar de multas, campañas, soplados y otras parafernalias. Y luego dirán que son eficaces. Juanma Núñez A41- Todo Motor  
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