Di Stéfano en blanco y negro

José RiveroHay una rareza en la rememoración de la vida del recién desaparecido, Alfredo Di Stéfano. Y hay también una suerte de emoción laica y contenida melancolía, como la relatada por el corazón blanco de Javier Marías, quien por edad y coincidencia de años, nos permite intercambiar recuerdos y emociones pasadas en la pedriza de los últimos cincuenta.

Y no señalo como rareza,  la extraña unanimidad advertida en los comentarios (algunos teatralizados e impostados), sobre el reconocimiento de su carácter ganador y sobre su gran capacidad de sacrificio en la cancha y en el juego; tampoco la rareza de observar cierta bonhomía que escondía un pronto arisco y aún desconfiado. Un sacrificio en el juego y en la cancha que, para los más sagaces, prolongaban los orígenes míticos del potrero polvoriento de su Barracas natal, como ha señalado Diego Torres, quizás espulgando el libro de memorias, escrito al alimón por Alfredo Relaño y Enrique Ortego: “Gracias, vieja”. Un título raro en alusión a la bola que rueda o al balón del que prefiguraba ya una enorme mutación. “El balón está hecho de cuero, el cuero viene de la vaca, la vaca come pasto, así que hay que echar el balón al pasto”. Aunque en los principios, más que pasto verdoso fuera polvo pardo removido y levantado.

r_1947-river  De allí, de esos años iniciales tal vez, el recuerdo polvoriento de sus orígenes porteños y futbolísticos. “Antes de ser un barrio de aluvión, un entramado de calles de adoquines que avanzaba sobre la llanura en las orillas de la ciudad, Barracas fue, como advierte su nombre, el polígono donde la primitiva industria del sur de Buenos Aires depositaba materiales”. Y en donde, como es de suponer, la disputa del balón producía choque, conflicto y entrega. Más aún, en esa barahúnda de pibes persiguiendo la bola “¡No la tocabas!”, como recordó el mismo Di Stéfano, que si rememoraba ese turbión del polvo y griterío. “Las polvaredas que levantaban decenas de niños agolpados en el potrero para disputarse una sola bola de trapo conferían al programa un aire de batalla. Ahí no bastaba con la técnica. El contexto obligaba al ingenio, al engaño y a la pelea”.

La rareza de las rememoraciones, es que están construidas todas ellas, con fotografías en blanco y negro. Apenas hay color de esos años formativos y fundacionales de cierto concepto del ‘fútbol moderno’ o del que llama José Sámano como ‘Fútbol panorámico’ que nace con Di Stéfano; para dar  cuenta de la rara movilidad de quien juega de delantero (el hoy llamado, tontamente, ‘Falso nueve’) pero se moviliza y pivota por todos los rincones del campo, en un anticipo de lo que la explosión holandesa de los setenta llamaría ‘Futbol total’ de la mano de la  experiencia del inolvidable Cruyff de la ‘Naranja mecánica’. Aunque esta sí, esta experiencia futbolística moderna ya fuera relatada en color, a tono con los tiempos portátiles del kodakchrome.r_1958

Por ello, todas las rememoraciones que interesan y emocionan, están ubicadas en ese universo que aún se retrataba en blanco y negro; frente a la banalidad de un color más próximo en el tiempo, pero ya puramente onomástico y en ejercicio de funciones representativas en el club de su vida o de su segunda vida. Hay una foto muy singular de ese tiempo previo e inicial, de 1947. Los jugadores de River Plate, celebrando la victoria del Torneo de Apertura, en el cabaré Marabú, donde posan tocando y cantando, como un extraño conjunto músico-vocal, donde Di Stéfano se apoya en un contrabajo, al fondo del grupo. Una forma, esta de River de anticipar el fútbol como juego educado y festivo, en olvido del aún reciente fútbol como batalla infantil en el potrero del polvo de la memoria.r_1960

Un tiempo anterior a su estancia en Colombia y a su gloria trazada luego en el Real Madrid, desde 1953, y a su imparable trayecto en lo que veíamos los miércoles televisivos y europeos, desde el balcón de una incipiente Copa de Europa y de un soniquete del himno de Eurovisión. Que aún conservamos en blanco y negro, y que no sabíamos que esa melodía era música del barroco francés Carpentiére.

Periferia sentimental
José Rivero

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2 COMENTARIOS

  1. Gracias don José por este homenaje a uno de los más grandes, ya que la FIFA ni se ha molestado en guardar un minuto de silencio. ¡Qué falta de respeto y que vergüenza! ¡Blatter dimisión!

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