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Partidos políticos + democracia = ERROR FATAL (II)

- 18 julio, 2014 – 00:0211 Comentarios
ciuadadano-en-blancoEn el texto anterior, recuperaba una parte de lo que Simone Weil expresó sobre lo que son los partidos políticos. Pero, unos años antes, Robert Mitchels (“Los partidos políticos”, 1915) ya había analizado y explicado por qué los partidos políticos son como son. El argumento principal se resume en lo que denominó “Ley de hierro de la oligarquía”: “La organización es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía”. Robert MichelsEsto es, “a medida que se desarrolla una organización, no sólo se hacen más difíciles y más complicadas las tareas de la administración, sino que además aumentan y se especializan las obligaciones hasta un grado tal que ya no es posible abarcarlas de una sola mirada.” Ello genera jerarquías: como consecuencia de la organización, todos los partidos o gremios profesionales llegan a dividirse en una minoría de directivos y una mayoría de dirigidos.” “Cuanto más extenso y más ramificado es el aparato oficial de la organización, tanto mayor es el número de sus miembros, tanto más rico su tesoro y tanto más amplia la circulación de su prensa, tanto menos eficiente el control ejercido por la masa y tanto más reemplazado por el poder creciente de las comisiones.” Y además, ese desarrollo acaba por hacer necesario que algunas personas (especialistas, “expertos”) adquieran la plena dedicación al partido. Estos profesionales de la política, tanto los líderes como los burócratas del partido, acaban por hacer suyos los puestos o cargos que desempeñan, anteponiendo su interés personal al del partido, y el del partido (cuya existencia necesitan para seguir disfrutando de su posición) al de la ideología que defiende y, por supuesto, a la democracia interna, que es lo primero que se sacrifica. El advenimiento del liderazgo profesional señala el principio del fin para la democracia” porque “es obvio que el control democrático sufre de este modo una disminución progresiva, y se ve reducido finalmente a un mínimo infinitesimal”. Además de la necesidad de organización, Mitchels indica, entre otros, un segundo motivo para esta incompatibilidad con la democracia: la “incapacidad de la masa”. “No hay exageración al afirmar que entre los ciudadanos que gozan de derechos políticos, el número de los que tienen un interés vital por las cuestiones públicas es insignificante. En la mayor parte de los seres humanos, el sentido de una relación íntima entre lo bueno para el individuo y lo bueno para la colectividad está muy poco desarrollado. En la vida de los partidos democráticos modernos podemos observar signos de similar indiferencia. Solo una minoría participa de las decisiones partidarias, y a veces esa minoría es de una pequeñez rayana en lo ridículo. Las resoluciones más importantes adoptadas por el más democrático de todos los partidos emanan siempre de un puñado de sus miembros.” Mitchels lo veía tan negro que acabó por escoger como mejor gobierno posible el de... Benito Mussolini. Sin embargo, ¿esta “Ley de hierro” es realmente insalvable? ¿Se cumplirá siempre, hagamos lo que hagamos? ¿O hay formas de evitarla y de conseguir un partido político con democracia interna? Gonzalo Plaza Ciudadano en blanco
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11 Comentarios »

  • Blisterr dice:

    Parece que el principio de Pareto es imposible de evitar en cualquier ámbito de la vida, incluida la política. Y así, más o menos, lo enuncia Mitchels en los textos que has elegido. Yo no veo raro que haya un 20 % que se dedique a dirigir y un 80 % que sea dirigido. Es más, los ciudadanos son un 20% y los súbditos un 80%, caso demostrado en España, donde nos dan por …. cada día y la gente sigue feliz con la horchata recorriéndole las venas.

    Por supuesto, lo jodido es conseguir que ese 20 % sea un grupo conformado por personas con cualidades y características excepcionales, formación, honestidad, sentido de lo público etc etc.

    Así, nos encontramos que el poder va siempre unido a los que amasan, a los que tienen patrimonio que defender frente a la sociedad, a los egoístas, a los que no tienen escrúpulos, a los que tienen grabado en el cerebro «quítate tú que me pongo yo», a los egoístas, a los «linces», a los hipócritas…

    Da igual que la forma de estado sea una república, monarquía o dictadura de izquierdas o derechas. Los perfiles son los mismos. Individuos con ansia de poder, con ganas de mandar por mandar, de hacer dinero rápido y conformados en una «casta» que se siente por encima del bien y del mal. No falla, estés en el país que estés.

    Si coges la prensa que ha retratado las diferentes dictaduras a lo largo del globo terráqueo, las noticias son iguales. Si haces un recorrido por las oligarquías que manejan las democracias occidentales, las noticias son las mismas. Bárcenas hay en España, en Francia, en EEUU… El perfil está muy definido y unos se copian a otros.

    Aquí, podemos hablar de «los de toda la vida de Ciudad Real», grupo endogámico, católico, de banderita en el coche y en la muñeca, cazador y pesetero donde los haya. Manejan los negocios de la ciudad sin que haya dios que entre si no eres «de ellos». En fin….qué voy a decir que no sepáis. Y es cierto que manejan los hilos de la ciudad a su antojo, aunque a la hora de dar la cara, siempre prefieren que la ponga otro…bueno…otra. Ea ¿Qué hay de lo mío?

    • puerto_muerto dice:

      Del dicho: «A quién a buen árbol se arrima buena sombra le cobija».
      La única forma de tener credibilidad sería que si un responsable dentro de la política se está beneficiando saliera por patitas a la calle, pero hoy día con tantos lameculos como hay en este país es imposible, amén de la España que tenemos o de Izquierdas o de Derechas y siempre con referencias a lo mismo de antaño en sus discursos ya aburridos y sin credibilidad.

      • Gonzalo dice:

        punto_muerto, Mitchels te diría que no es cosa exclusivamente de España, sino de la necesidad de organización de los partido políticos. En el momento en el que se organizan, surgen las jerarquías, las comisiones… desaparece la democracia. La «ley de hierro».
        La cuestión es… ¿esto es evitable? ¿Cómo?

        • puerto_muerto dice:

          Pero de momento nací, crecí y vivo en España, otros paises que lo gestionen como quieran. Sólo falta que España recurra a lo que hacen los paises más corruptos para decir que nosotros tenemos mas o menos corrupción que este u otro. Con estos políticos ineptos que tenemos siempre comparando España con otro país.

          • Gonzalo dice:

            punto_muerto, no es cuestión de comparar o dejar de comparar, sino de entender.

            No basta con saber que los políticos de aquí son ineptos y/o corruptos. Hay que saber por qué eso es así. Sabiendo cuál es la causa, podremos plantear soluciones.

            Mitchels analizó los partidos y llegó a la conclusión de que en ningún partido político, en ningún lugar, puede haber democracia interna. En España es peor, claro, y eso también hay que tenerlo en cuenta.
            Pero eso no significa que debamos ignorar la conclusión de Mitchels. Hay una causa común de la corrupción de todos los Sistemas políticos, en todas partes, y tiene que ver con el funcionamiento de los partidos.

            Si suprimimos esa causa común, tal vez mejorarían las cosas. Como dijo Simone Weil: “La supresión de los partidos sería un bien casi puro. Es eminentemente legítima en principio, y en la práctica solo parece susceptible de efectos buenos.

            Que eso no quita que también afrontemos nuestros problemas particulares, esto es, unos políticos españoles más ineptos o corruptos que los de otros lugares. De acuerdo contigo, eso también. Lo cortés no quita lo valiente.

          • puerto_muerto dice:

            De acuerdo contigo Gonzalo

    • Gonzalo dice:

      Coincido totalmente contigo, Blisterr.

      Pero en realidad sí que hay una solución este problema en concreto. Me la dejo para el siguiente (y último) texto de esta pequeña serie sobre los partidos políticos.

  • Blisterr dice:

    Por cierto, resulta desolador que, con los textos tan interesantes que pones y la llamada al debate que haces, yo sea el único que escribo habitualmente en tus artículos (quiero decir que es una pena, porque dan para mucho).

    Creo que es una pena que algunos foreros con capacidad de juntar más de dos renglones no participen, deberían lanzarse al debate. Parece que si no escribes desde la más «sosa» moderación la gente se abstiene de debatir en ciertos artículos.

    Lo mismo es que después de leerte prefieren optar también por opinar «en blanco»…una pena. Ahí lo dejo.

    • Gonzalo dice:

      Es un reflejo de la situación actual política que vivimos. Y de la calidad de la educación que los españoles hemos recibido.

      Mitchels habría dicho que es algo inevitable («la incompetencia de la masa»).

      Por cierto, que el análisis que hace Mitchels en su libro, «Los partido políticos» es imprescindible para entender cómo funcionan los partidos, cómo funcionan los sistemas políticos representativos, y por qué está pasando lo que está pasando.
      Que se puede adquirir ese mismo conocimiento por otras vías, por ejemplo, por experiencia haciéndote afiliado activo de un partido, pero para el que quiera iniciarse en política, o para un ciudadano normal sin experiencia partidista que busque respuestas… aquí las hay. Lo recomiendo encarecidamente.

      Es algo anacrónico en algunas cosas que lógicamente han cambiado desde 1915, pero en general casi todo lo que dice sigue siendo válido en nuestros días.

  • Ángel Romera dice:

    No deben comentarse cosas con las que se está de acuerdo; sería repetirlas, y eso de repetirlas es ya pura propaganda… o pedagogía, según se mire. En realidad, no hay otra política que la humildad. Mirad cuán humildes son los dirigentes, qué ejemplo de humildad están están dando constantemente. La verdad es que la resolución de problemas complejos exige cantidades industriales de humildad, algo que no se genera con industria, precisamente, sino con educación. La educación es la base, el fundamento de todo. Y no tenemos fundamentos. Un país se empieza a fundar desde el fundamento. Por eso no tenemos país. La reforma de España debe hacerse desde la base. ¿Cuál es esa base? La humildad. La virtud más difícil de aprender. De hecho, los políticos no saben ni siquiera qué es y si existe o podría existir algo así.

    • Gonzalo dice:

      Muy de acuerdo, Angel.

      Lo que ocurre es que en este caso, teniendo en cuenta que prácticamente toda la política de nuestro país está articulada sobre los partidos políticos… y que todos presumen de democráticos… tendría que haber una inmensa mayoría de personas en desacuerdo con Mitchels y con este artículo por extensión.
      A mí especialmente me habría gustado conocer el punto de vista de personas ligadas a los partidos políticos (afiliados, cargos) con capacidad y formación para juntar más de dos renglones, como dice Blisterr. Que los hay en Ciudad Real.

      Pero bueno, este no es un país que destaque por su tendencia a analizar las cosas. Es lo que tiene que falle la educación.
      Somos un país de pasión, de fe. Y quién tiene fe no necesita -ni desea- argumentos, ni debate, ni análisis, ni encontrar las causas de los problemas.
      Sólo necesita un líder (o partido) en el que creer.

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