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El cubo de mierda

- 24 agosto, 2014 – 19:454 Comentarios
Manuel Valero.- El cubo de agua con cubitos se ha convertido en una pantomima. Suele ocurrir con las causas nobles, que empiezan siendo plausibles y al final acaban en la vergüenza ajena que no tiene nada que ver con la propia. Las redes sociales han convertido todo en un mal espectáculo donde lo que prima es el desfile por la pasarela. ManoloValero3Quizá sea para bien, cosa que dudo, pero la velocidad de vértigo que han tomado incluso los asuntos serios hacia la banalización alimentada por el escenario global resulta tan deprimente que en ocasiones uno echa en falta un estado opresor de verdad, de primer grado, un estado en el que el compromiso llevara implícito el riesgo de la propia vida, sólo por ver cuantos bien instalados seguirían fieles a la causa, dando por hecho que serían nombres sin rostro los que seguirían las instrucciones sin pestañear. Como ha ocurrido siempre. Hacemos de cualquier nimiedad un casus beli como las palabras de un tipo del PP sobre su fobia a los ascensores con pasaje femenino, palabras que no tienen más importancia que una pompa de jabón en mitad del Atlántico pero que son una excusa más para ponerse a la cabecera de la manifestación en favor de ellas, mezclándolo todo en un discurso verborréico sin síntesis que destile un mensaje natural intelectualmente disociativo sin imposturas. Vamos por modas. Todo ha llegado a un grado de simulación que provoca arcadas. Decir que una mujer no sabe pasar la aspiradora provoca una hipócrita reacción, ya que todo el mundo sabe que la aspiradora, así sea sea de la droite diabolique o de la gauche divine es cosa de la chacha. Hay un enredo lúdico a propósito de una enfermedad odiosa y la peña se pone a echarse cubos de agua con nominaciones de relumbrón en lugar de informarse en privado y actuar soto vocce. Pero la soto vocce es inadecuada en esta algarabía de conexión permanente que nos une a todos a una misma odiosa, insoportable, incómoda y coñazo placenta de pitiminí. Quién tuviera ahora 50 años pero hace un siglo o más donde las cosas terciaban entre humo y palabras de hombre ( o de mujer) en medio de una espesa niebla de tabaco y a sabiendas que el propio cuello era lo primero que se ponía sobre el tapete verde de la historia. Hoy es mejor, claro, como corresponde a una sociedad libre y acomodada por más que clamen los voceros de la feria. No digo que las buenas causas sean eludibles. Simplemente reivindico el compromiso personal que nos cuesta algún pelo de la gatera y se cumple sin que la izquierda sepa lo que hace la derecha. El gran teatro de las vanidades viral, ya se vierta el cubo Obama o el espectro de la madre Teresa, resulta hoy tan vacuo como el propio cubo. De ser un cubo de mierda denunciando la mierda de mundo que vomitan las redes, la mierda de las informaciones interesadas de la televisión o la mierda de la política que ha sido cita discrecional de una caterva de tahures sobrevenidos, muy pocos estarían dispuestos a ducharse. Que alguien empiece.
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4 Comentarios »

  • Luis Mario dice:

    Buen artículo, Manuel.

    Y mi opinión sobre el tema.

    Cuando empecé a leer y ver sobre la historia del maldito cubo de agua fría pensaba que sería algo pasajero y aunque el fin era bueno, la lucha contra un mal, aun pareciéndome una estupidez me dejé llevar…
    Visto lo visto en los últimos días que lo del cubo de hielo se ha convertido en un reality-show donde famosos, famosas, anónimos y anónimas en donde unos dan dinero, otros no pero todos salen en la prensa tanto del corazón como de la “seria”, ya empieza a cansarme esta historia; mejor dicho me tiene harto.
    ¿Es que no se puede luchar por una causa justa de una manera más “normal”?.
    En fin que lo de hágase el milagro… creo que debería tener unos límites no solo éticos sino del sentido del ridículo.

  • José Manuel Campillo dice:

    Lo suscribo, amigo Manuel.
    Esto es la hoguera de las vanidades.
    Un saludo.

    • Fermin G. dice:

      Una de las características que definen a esta sociedad, tan desarrollada “técnicamente” es su alto grado de pobreza y zafiedad cultural.

      Si a esto le unimos que muchas personas dedican sun tiempo a tirarlo por la borda…y que todo tiene que ser un espectáculo…el resultado no puede ser otro: MIERDA.

  • Ángel Romera dice:

    Algo parecido es lo que ocurre con los récords no deportivos, por el estilo de los del Libro Guiness. A mí me parece que cada vez que se bate un record de estos es como si se batiera un record de estupidez, incluso con intención altruista disimulada; si no se censuran estas banalidades creo que es porque la gente no soportaría ver la cara del mundo tan horrorosa como es al natural todas las mañanas, necesita reírse de algo.

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