Los tiempos están cambiando

Manuel Valero.- No sé ustedes pero yo ando entusiasmado por los tiempos que vienen sobre la grupa de la emoción. El otro día me sentí rejuvenecer al ver las imágenes del circular congreso de Podemos porque sin esfuerzo me retrotraí a las décadas felices del advenimiento socialista. Es verdad que los años limpian el idealismo adolescente y lo fijan en un escepticismo amable que sobrevive con cierta bonhomía de natural heredada.
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Perdonen la inmodestia, pero es mi caso. Fue ver a Pablo Iglesias, junior, asido al atril del liderazgo y fue ver a Felipe González con su salvoconducto de cambio seductor. Es verdad que entonces la socialdemocracia felipista, una vez desinfectada del marxismo setentón, llegaba revitalizada con el apoyo de los alemanes y suecos, para hacer creíble y factible el definitivo desmantelamiento del antiguo régimen, con un partido democrático que cerrara el paso a los comunistas de toda la vida, por más que se vistieran los comunistas con la sotana de “euros”. Y es verdad que Pablo Iglesias, el secretario generalísimo de los ejércitos Podemos, no tiene más apoyo que el de la gente cabreada y hastiada de ver siempre la misma cuerda de ladrones y de un sistema de partidos que han actuado como grandes depósitos de la corrupción y que el descebollamiento diario del latrocinio estructural le está llenando las urnas de promesa de votos, hoy virtuales. Pero los dos aparecieron en momentos históricos muy determinados, porque la Historia, como dice el habilísimo y seductor Iglesias, la Historia suele citar de vez en cuando a los líderes y movimientos y cuando lo hace, lo hace en serio.

iglesiasDe modo que al menos el que esto suscribe se prepara para un nuevo adviento que anuncia un profundo descoloque del mapa político español en muy poquito tiempo. Tan poco que ya se diría que estamos en vísperas. Como pasó entonces, que la gente exudaba entusiasmo por lo venidero, lo destila ahora. A Pablo Iglesias, lo conocen hasta los inmigrantes apostados en las vallas desde la que divisan lo que ellos creen un mundo mejor. Otra cosa es la coincidencia o no con los puntos doctrinales y programáticos de los chicos y chicas de Podemos y su necesaria dieta de adelgazamiento idealista a la que se tendrán que someter si tocan el poder o se convierten en los primeros tocapelotas del poder, ya masivos y electos. Su discurso asambleario de facultad, su puesta en escena, su jerga de eterna contestación, puede que adolezca de una pubertad premeditada, pero la realidad es que las maniobras circulares de la nueva y juvenil tropa evoca de alguna manera a aquellos socialistas de la pana y las coderas que incomodaban a los viejos ortodoxos. El programa de Jordi Evole con Pablo Iglesias rompió audiencias y las encuestas empiezan a avisar de lo que se avecina para asombro del PSOE y de IU.

Así que a estas alturas, uno agradece que las circunstancias lo devuelvan a una nueva transición, aunque haya una diferencia entre la primera y la que vendrá: con ésta no sabemos si los chicos de Podemos nos meterán en una suerte de neosocialismo real para espanto del sistema. Pero contando con la experiencia de los años, uno intuye que la dieta de adelgazamiento será inevitable y así Pablo Iglesias no tardará ni veinticuatro horas en cortarse la coleta si se convierte en inquilino de La Moncloa, que será un detalle ilustrativo del paso de la facul al puente de mando. Confieso que empiezo a tomar noción exacta de cuanto está ocurriendo y por primera vez le pongo cara y voz a la acampada de saltimbanquis del 15-M. Lo que sea ya sonará pero hay un pálpito que se muscula a cada día: las cosas ya no volverán a ser como antes, y otro modo de hacer política, se abre paso a zancadas y dentelladas de la mano de esa formación política que ha conseguido el milagro de hacer pasar por nuevo, lo que la vieja izquierda pregonaba en los tiempos de la decadencia del General. Los tiempos están cambiando, que decía, Dylan, una balada que escuchada hoy, adquiere una escalofriante actualidad.

 

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4 COMENTARIOS

  1. Hay algo en el aire que apunta a cambio. Y no lo digo yo, lo dice la buenaventura de la pitonisa de la esquina de mi casa. Dice además, puesta en jarras, que ya «no se pué aguantar».
    Hoy por cierto, hace 32 años de aquel sonado ‘Por el cambio’ de González y Guerra en el balcón lisonjero del Hotel Palace. Hundida la UCD, le tocaba el turno al PSOE y ‘entró, entró’. Ahora vemos pieles parecidas de cambios.
    Pero también me agarro al cantable de ‘Sólo se vive una vez’.Pura melancolía.

  2. El voto para el PSOE de Felipe fue un voto para el cambio de la dictadura a la democracia tras el agotamiento centrista. Pero fue un voto traicionado pues Felipe tuvo que adaptarse a las necesidades mercantiliatas del momento. Eso no lo dijo en campaña como tampoco dijo que aunque más tarde promoviera el No a la OTAN al final sería un Sí como un misil… El PSOE volvió a decepcionar…

    Ahora viene Pablo con su utopía semiviable. Hay mucha gente que piensa que, como «todos son iguales» este Pablo será más de lo mismo».

    ¿Habrá que pensar como Dylan «los tiempos están cambiando»?

    Buen artículo Manolo; tan solo yo quitaría las alusiones franquistas y militaristas, aún yendo en cursiva…

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