Marcial Marín inaugura “Tauromaquias. Goya y Barjola”, dos artistas unidos por el universo taurino

El consejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Castilla-La Mancha, Marcial Marín, ha inaugurado la exposición “Tauromaquias. Goya y Barjola”, una muestra dual de dos artistas, Francisco de Goya y Juan Barjola, separados por más de un siglo pero unidos por el universo taurino.
goya
La muestra, que estará abierta al público en el Museo de Albacete hasta el próximo 25 de marzo, de dos artistas cada uno perteneciente a una época y contexto artísticos bien distintos, como los de Francisco de Goya y Juan Barjola.

“Dos artistas unidos hoy, no sólo por la experiencia de haber vivido en primera persona los dramas nacionales más desgarradores de los últimos dos siglos, la Guerra de la Independencia en el caso de Goya, y la Guerra Civil española en el caso de Juan Barjola, sino sobre todo porque ambos se han sentido atraídos por la esencia misma del toro, su simbolismo y trascendencia cultural, dando lugar a sendas tauromaquias que, sin ningún lugar a dudas, van a hacer disfrutar a todo tipo de visitantes”, ha enfatizado Marín.

Francisco de Goya

Con el título de “La Tauromaquia”, Francisco de Goya publicó en 1816 una serie de 33 grabados, a los que habría que añadir otras 11 estampas, que no se incluyeron en aquella primera edición a causa de pequeños defectos, aunque son igualmente conocidas. La idea de Goya de dedicar una serie a la tauromaquia se remonta a principios del siglo, y fue elaborándola con lentitud, sin un plan establecido, probablemente interrumpido por la G de la Independencia, que tanta amargura le produjo a juzgar por las vívidas imágenes que nos ha hecho llegar en su famosa serie Los desastres de la guerra.

Con idéntica precisión fotográfica, Goya se propone ahora ilustrar algunos pasajes de la Carta histórica sobre el origen y progreso de las corridas de toros en España, que Nicolás Fernández de Moratín escribió en 1777. Goya sobrepasó su idea inicial y completó las referencias del texto inicial con hechos y recuerdos personales a los que no se alude en la obra de Moratín, como algunos lances famosos.

Su interés por la temática taurina no acaba aquí, sino que años más tarde, durante su autoimpuesto exilio en Burdeos entre 1824 y 1825, realizó una serie de cuatro litografías Los toros de Burdeos. A diferencia de la serie en aguafuerte de La tauromaquia, que se ocupó de reflejar corridas de toros profesionales y lances de toreros muy conocidos, en esta prefirió representar novilladas y festejos populares donde, junto a los lidiadores, se refleja también la brutalización colectiva de la masa, con estilo expresionista que, en cierto sentido, le acerca al estilo pictórico del otro protagonista de esta exposición, Juan Barjola, posiblemente el pintor más representativo del expresionismo español del siglo XX.

Juan Barjola

Juan Barjola era ya un reconocido pintor, alabado por la crítica, a comienzos de los años 70, cuando realiza La Tauromaquia, una serie de 20 grabados inspirada en unos versos de Alberti, siguiendo la estela del maestro de Fuendetodos que sueña su tauromaquia a partir de un texto de Moratín.

En el caso del pintor pacense nos muestra en su Tauromaquia sus dotes pictóricas, no sólo las de dibujante, aunque se percibe con nitidez toda su fuerza. De hecho, su obra trasluce la comodidad del artista con la técnica del grabado, en la que amalgama las texturas del óleo con la precisión de la técnica litográfica.

Su obra, enraizada en la tradición pictórica y gráfica española, logra lienzos y grabados llenos de fuerza y expresión, de profunda belleza estética, dirigidos al alma del espectador desde el espíritu del propio artista. La corrida de toros, uno de los máximos símbolos ibéricos, que comparte sus raíces en la cultura ancestral mediterránea, fue uno de los temas predilectos para su obra gráfica y que también sirvió de inspiración a Picasso, Dalí, Miró, José Hernández, Caballero, Bellver, o Álvaro Delgado, entre otros, quienes, desde diversas ópticas, se enfrentaron en su obra a la simbología taurina. Para Barjola, se trata de una metáfora de la violencia que gobierna la vida.

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