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La perfección de las cosas

- 12 diciembre, 2015 – 10:008 Comentarios
Fermín Gassol Peco.- “El hombre actual ha logrado dominar aquello que le ha sido dado, pero no así la realidad que encierra lo que él mismo es”. Decir ante todo que la acepción de “cosa” a la que me quiero referires la que define la RAE como “objeto sin vida”. fermingassol No pretendo entrar por tanto en el complejísimo intento de tratarla desde una perspectiva filosófica o jurídica, dimanantes de ideas o conceptos mentales,aunque bien es verdad que muchas de ellas hayan sido y sigan siendo consecuencia de darle al coco de manera admirable. Las cosas como entes inventados por el hombre. Las cosas como medios para poder disfrutar de una vida más cómoda, también más humana, aunque eso quedaría reservado a los bienes, conceptos no siempre coincidentes, siendo este último un término muchísimo más acotado que el de cosa, pero este es otro tema. Creo que la civilización de ahora mismo es la civilización de la perfección de las cosas; cuando dentro de unos lustros pase a la historia, no creo lo haga por la brillantez de las ideas políticas, artísticas o filosóficas, disciplina esta última que además para algunos prebostes de la cultura están de sobra en la enseñanza, como si fueran realidades vetustas y superadas, exponentes de otras épocas donde las hicieron brillar grandes genios,sino que lo hará por el altísimo grado de perfección alcanzada en la concepción de artilugios admirables, muchos de ellos auténticas obras de ingeniería y complejísimos cálculos matemáticos, resultando ser perfectos en sí mismos. Una perfección que hace referencia a la obtención inmejorable de lo investigado. Se diría, pues, que el ser humano actual habría dejado de buscar la perfección en el mundo de las ideas, de lo inaprensible, para hacerlo en el de lo tangible, cuestión tan necesaria como urgente para su propio bienestar y dimensión material… y a fuer de ser sinceros que lo está consiguiendo. ¿Pero, puede ser una cosa perfecta? Esta es la discutible pregunta; algo que es inerte, ¿puede llevar el calificativo de perfecto? Yo apuesto a que sí. Me baso al afirmarlo en que una cosa tiene la característica de poseer entidad propia y esa entidad responde últimamente a aquello para lo que fue concebida. Eso sí, se trataría de una perfección limitada, exclusiva y excluyente, estática, lejos de poseer una perfección universal. Pero a este nivel podemos decir que la inteligencia del hombre es capaz de parir la perfección cósica o material. Sin embargo no deja de resultar curioso y objeto de reflexión, que ese mismo hombre capaz de inventar tantísimas cosas que hacen de su vida un mundo lleno de avances,esté aún en mantillas respecto de lograr la perfección de sí mismo; que no termine de encontrar la tecla que lance al viento una ecuación que despeje la gran incógnita de quién es, una norma universal que haga de su vida en relación algo medianamente soportable. Quizá esta pueda ser la hora feliz en que la humanidad, una vez encontrado el camino de la perfección material, el hallazgo de todo aquello que posee y pueda llegar a obtener, intente recuperar la senda abandonada que lo lleve a buscar y encontrar su completa identidad. Esa perfección que ha sido capaz de conseguir en todo lo que de él depende… buscándola dentro de sí mismo, en su conciencia, en su espiritualidad, en su interior. Quizá sea este el momento idóneo de intentarlo cuando ante la búsqueda más importante, radical y definitiva,… sea lo que tiene, lo logrado, un bagaje que le haga más inteligente y agradecido para descubrir quién es en realidad. Porque resulta penoso que toda esa labor lograda, no se vea culminada,alumbrada y explicada plenamente por algo que es anterior a él. Quizá lo que le falta al hombre de hoy, positivo, pragmático, resolutivo, de resultados… es dedicar un tiempo en transitar el camino que lo lleve a darse una “explicación de y a sí mismo”. Para ello creo que debe comenzar por aceptar de manera natural y en su verdadera dimensión la única “cosa” cierta y común que el ser humano no puede sortear, una “cosa” que evidentemente nos acaba sucediendo a todos: la muerte; pero no tratada como un abismo oscuro e incomprensible, sino como el necesario desembarco en una orilla situada enfrente de la que partió. Es en la muerte donde el ser humano despeja la última incógnita de su existencia y encuentra por fin la explicación a su verdadera dimensión. El gran problema que tiene el hombre actual para buscarse y así encontrar su perfección es ignorar la primera ecuación de la existencia: ser hijo, ser “consecuencia” de una realidad anterior. Sin este dato, imprescindible e inexcusable, la explicación a su existencia jamás podrá ser resuelta. Porque el hombre no es ni una cosa, ni un bien, sino una persona, es decir un ser relacional, alguien abierto que tiene por tanto su entidad no solo en sí mismo sino en la relación con todo y con todos. A diferencia de la perfección de las cosas, la del hombre no es excluyente, exclusiva, estática y cerrada, sino que posee una dimensión tan dinámica, abierta y trascendente que supera el aquí y el ahora y por lo tanto se escurre entre los dedos del tiempo. Se trata, pues, de una perfección a la que se solo podrá aproximarse mientras su “existencia esté en camino” y que por tanto encontrará plenamente más allá de su historia. Esa es la perfección a la que debe aspirar para acabar conociéndose, encontrándose a sí mismo.
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8 Comentarios »

  • Angel Manuel dice:

    Interesantisimo tema, que por desgracia no encuentra el eco que merece, entre otras cosas porque, como apuntas al principio el ser humano es señor de todo menos de si mismo.

    Para dominarse hace falta conocerse muy bien.

    Pues bien yo discuto el aparente progreso del que disfrutamos. La modernidad que tantas cosas buenas ha traido ha traido otra que es escalofriante. El hombre ha creado una tecnologia que es capaz de destruirle casi al instante.

    La crisis de nuestra civilizacion comienza con el miedo al desastre nuclear.

    Por supuesto creo que la fase espiritual de nuestra cultura esta por venir,pero mucho me temo sera despues de alguna catastrofe, que nos haga descreidos con nuestro relativo progreso.

    El miedo se ha extendido (a la soledad esencialmente tras el equilibrio de potencias nucleares y a la inseguridad tras el 11S). Y mientras no lo derrotemos no estaremos abiertos a nuestro encuentro con Dios.

    Mientras la muerte no nos conciencie mucho me temo que nunca nos tomaremos en serio la vida. Y no lo hacemos porque esta cultura tiene miedo.

  • Angel Manuel dice:

    Con esta cultura del miedo es improbable que se vea mas alla.

    El miedo es el mayor poder manipulador en la Historia.

    Esta es una cultura tambien de la distraccion, precisamente ese escapismo es la demanda por excelencia del mercado occidental.

    El materialismo cultural se alimenta de ese miedo del que nadie habla porque evidencia nuestros fracasos en plena efervescencia tecnologica.

    Toda esperanza en el progreso es una ilusion. La naturaleza humana sigue estando retrasada, si cabe aun mas.

    Sin tiempo para pensar, el escapismo se ha hecho obsesivo.

  • Angel Manuel dice:

    Siento estas divagaciones, pero el tema es muy evocador.

    Es mas facil opinar que analizar, es por eso que casi todo el mundo opina.

    Yo cuando opino, con radicalidad y vehemencia me suelo equivocar mucho.

    El campo de las ideas es resbaladizo porque la realidad siempre va por delante.

    Lo que es sumamente interesante es debatir sobre aquello que transcurre sin llamar la atencion y es el verdadero impulsor de los cambios o de la realidad.

    Pero para eso hay pocas mentes sensibles y preparadas.

    Recomiendo al maestro Erich Fromm.

  • Fermin G. dice:

    Gracias Angel Manuel, quizá todo sea consecuencia de la falta de interés por el análisis profundo de la cosas.
    Hoy la sociedad se contenta con patinar sobre ellas.

  • Á. R. dice:

    No vayas a creer, Fermín, que no se te lee, como dice Ángel Manuel; yo lo hago con mucho gusto. Lo que pasa es que tocas un tema muy complejo, con muchas facetas, que exige mucha glosa.

    Si hombre ha dejado de intentar la perfección y se ha reificado o cosificado es por el nihilismo narcisista. Ahora cualquier valor es un valor si a uno le vale para ser sí mismo. Ese narcisismo irreprimido es lo que ha marcado a esta sociedad de fotos y fiesta continua. El mito del árbol de la ciencia y el árbol de la vida ya lo reflejaba antiguamente. La serpiente prometió «y seréis como dioses». El hombre podrá «parecerse» a Dios, pero nunca será Dios. El texto que refunde el Génesis, el viaje de ultratumba de Gilgamesh, tiene también ese significado: no es posible conquistar la inmortalidad plena. Gilgamesh, tras perder la hierba de la inmortalidad robada por una serpiente, se suicida: era en dos tercios divino y en uno humano. Los budistas renuncian a la perfección del nirvana para ayudar a la gente porque la ayuda es lo único que da sentido a la perfección. Y eso supone renunciar al narcisismo: ayudando a los demás nos ayudamos a nosotros mismos.

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